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Prométeme una televisión

PRISA se ha ido deshaciendo de sus proyectos televisivos: ha vendido la mayoría de Digital + a Telefónica, y Cuatro a Mediaset. Necesitan dinero para cubrir sus pufos, para pagar  nóminas. Pero si quiere seguir siendo un gran grupo mediático necesita obligatoriamente una televisión, por aquello de no perder influencia, de no ceder poder. La tele te da ese algo que no se paga con dinero. ¿Cómo solucionar el problema? se preguntó un buen día Juan Luis Cebrián, cerebro del imperio PRISA…

Muy fácil, se respondió Cebrián a sí mismo. Descolgó el teléfono y llamó a su amiga la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. “Hola Soraya, maja, soy Juan Luis, que quería saber cómo está el tema de las seis licencias de nuevas cadenas de televisión que sacais a concurso… Nos vendría muy bien una… ¿Trataros mejor en nuestros medios de cara a las elecciones? Eso está hecho, berberecho”.

¿Así funcionan las cosas? Se preguntará el lector sin mundo, ese que no ha salido del pueblo. Pues más o menos… Ya se que se trata de una llamada ficticia, una recreación periodística digna de la mejor portada de ABC, pero al tratarse de un blog abierto en agosto la licencia literaria está permitida. Todo el sector audiovisual da por sentado que PRISA tendrá su nuevo canal de televisión. Todo el sector periodístico da por hecho que los medios de PRISA han levantado el pie del acelerador y han rebajado su agresividad con el Gobierno. Es más, según algunos medios de comunicación “Cebrián presume de que Santamaría le adjudicará una televisión”: “Según fuentes cercanas al consejero delegado del Grupo Prisa, Cebrián comenta a sus círculos más cercanos que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, le ha prometido una televisión”.

¿Corrupción? ¿Mafia? No, no, por favor, eso es lo de Bárcenas y Granados. Esto no tiene nada que ver, esto es solo política y negocios.

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La follonera

Mercedes Milá tiene dos caras, pero no tanto. Como el propietario de una fábrica de bombas racimo, que hace puntualmente donaciones a una ONG de ayuda a huerfanitos afganos mutilados, la mediática estrella de Telecinco lleva una doble vida televisiva. De día presenta y anima “Gran Hermano”, la bazofia que ensucia incansablemente nuestras pantallas. Pero los lunes, cuando cae la noche, se disfraza de comprometida y avezada periodista de investigación y presenta “Diario de…” (Cuatro), un espacio de supuesta investigación. En realidad todo es lo mismo: telebasura. El circo de la casa-prisión y el show de la cámara oculta.

http://www.youtube.com/watch?v=-MHm3xw3BLk

En Diario de… veréis temas que me quitan el sueño”, asegura una melodramática Mercedes Milá, presentada por El País (accionista de Mediaset, propietaria de Cuatro) como super periodista que “dispara contra las consecuencias de la crisis”. La follonera. En la pieza promocional, vendida como información, dejan para el párrafo final la utilización de cámara oculta, “un procedimiento bajo el punto de mira de la justicia en los últimos meses”.

¿Sobre qué se construye el actual periodismo televisivo? Miradas críticas, investigaciones, conflictos que alimentan el drama… No. El periodismo televisivo se construye sobre el periodista. Porque la televisión comercial actual no concibe el periodismo sino como espectáculo. Al día siguiente del promo-reportaje sobre Milá y su “Diario de…” El País dedicaba el mismo espacio, la página de Pantallas, a la emisión en Canal + (canal de pago de Prisa) de “Con las barras bravas”, un reportaje de Jon Sistiaga sobre los violentos aficionados argentinos al fútbol.

No es lo mismo, pero es igual. El periodista, protagonista.

 


 

The Albenizgton Post

Estoy pensando seriamente que, teniendo en cuenta la gravedad de la crisis de la profesión periodística, la solución sería crear mi propio medio digital. Tengo la idea muy avanzada… Se llamará The Albenizgton Post y estará basado en el trabajo de los demás. ¿Tiene buena pinta, verdad? Será una web moderna hasta el pijerío, contará con una plantilla diminuta de periodistas-enlazadores que me darán las gracias cada día por tener curro, ofrecerá una cobertura fresca de la actualidad, ya sea de política, tecnología, sociedad o del mundo del espectáculo, y los gurús dirán que su creador es “tremendamente innovador”. El medio que exigen estos tiempos de mierda, de periodismo neoliberal, depredador y pinturero. Pondré en una esquina de la cabecera, junto a The Albenizgton Post,  el cartel de “No Mass Media”, y luego negociaré con una gran empresa la expansión internacional. Los directivos de los grandes medios, aquellos que en la transición lucharon por la libertad de expresión, dirán que soy un emprendedor admirado y admirable. “The Albenizgton Post permitirá aunar la experiencia y el liderazgo editorial en español con la innovación en internet gracias a una mezcla de contenidos originales, agregación de noticias, participación de los usuarios y una importante plataforma de blogueros y expertos de todas las áreas”.

Blogueros de The Albenizgton Post en el exterior de la redacción.

La idea es mía, pero tengo que reconocer que está inspirada en las declaraciones que hizo la periodista Montserrat Domínguez en las IX Jornadas de Blogs y Medio de Comunicación celebradas hoy en Granada. “No entendemos el blog como un trabajo”, dijo la querida compañera tras comentar que se encuentra buscando blogueros que se incorporen a su nuevo proyecto periodístico, financiado por el todopoderoso grupo PRISA. Pero no blogueros “de los que escriben de cómo ha amanecido el día, sino blogueros que cuenten cosas”. Es decir, que Montse busca blogueros de calidad, sí señor, lo mejor de lo mejor, para poder compensarles como se merecen: “dándoles visibilidad”. Es decir, que Montse busca blogueros que trabajen gratis. ¡Brillante idea!

¿Visibilidad? ¿Admitirá nuestro casero, nuestro carnicero o nuestro zapatero que le paguemos el piso, las chuletas o las medias suelas con “visibilidad”? Creo que no. Y por eso, a diferencia de una Montserrat Domínguez que imagino trabajará gratis (por la visibilidad) dirigiendo una ONG con la que no esperará obtener beneficios (solo visibilidad), yo sí pienso cobrar un buen sueldo. Por ejemplo, algo más de lo que gana un locutor de la SER.

Mi mujer dice que soy un idealista, y que The Albenizgton Post es solo un bonito sueño, una utopía. Cree que la Asociación de la Prensa estallará en cólera e iniciará de inmediato una dura campaña en defensa de la profesión y en contra de la explotación de los periodistas. Pero yo sé que se limitará a colgar un tuiter diciendo que “defiende que los trabajos periodísticos sean realizados por periodistas y que cobren dignamente por ellos”. También sé que los compañeros periodistas que trabajan en grandes medios se quejarán de posibles alianzas de sus empresas con el AlbePost, pero lo harán en el bar. No irán más lejos: bastante tienen con mantener sus trabajos.

La cosa promete. Para poner en marcha The Albenizgton Post ya solo necesito un gran grupo mediático, dispuesto a invertir poco y ganar mucho. Alguno cuya legendaria soberbia encuentre en su actual decadencia la situación ideal para afrontar un proyecto con que humillar definitivamente a los periodistas y enterrar el periodismo. Tengo uno en la cabeza…

Muertos vivientes

Cada mañana me siento a desayunar con un café, un trozo de pan tostado y el diario El País. Pongo un poco de azúcar en el café, aceite de oliva y tomate en el pan, y abro el periódico por las páginas finales, las de televisión. Una rutina que tiene que ver con este blog, que escribo desde hace siete años y está dedicado a la pequeña pantalla y sus vericuetos. Me interesa especialmente la información sobre televisión. Compro El País, entre otras cosas, por la información sobre televisión. Pago buena parte de ese euro con treinta céntimos que me cobra el quiosquero por su información sobre televisión. ¿Y qué me encuentro un día tras otro? Publicidad. Ayer concretamente la sección incluía dos piezas: la primera, sobre una película de animación que estrena hoy Canal +, la plataforma de pago de PRISA, propietaria del diario El País. La segunda, sobre un documental que estrenó esa misma noche una cadena de pago, en el dial 21 de Canal +, la plataforma de pago de PRISA, propietaria del diario El País.

A los periodistas de raza estos detalles les parecen insignificantes. A mí, como lector mestizo, pero de pago, me indignan. Mordisqueo el pan, me limpio unas gotas de grasa de la barbilla, apuro el café y me pregunto: ¿para qué coño sigo comprando el periódico? “Por la sección de internacional y los chistes de El Roto y Forges”, me susurra la voz de mi nostálgica conciencia periodística. “En la red lo tienes todo, no seas tan gilipollas como para pagar la publicidad a precio de información”, grita mi raquítica cartera desde el fondo del bolsillo del pantalón. Juan Luis Cebrián, consejero delegado de PRISA, me ayuda a tomar una decisión: “los periódicos han desaparecido y no lo sabemos. Somos como muertos vivientes”.

No seré yo quien lleve la contraria a Cebrián, el ejecutivo de los 8,2 millones de euros. La crisis de la prensa no está causada por un solo motivo, es evidente, pero la baja calidad de los periódicos podría ser uno de los importantes. El País, el mejor de todos, se desangra en el pago de hipotecas: la ludopatía y el onanismo son dos vicios que licuan la tinta y dejan manchas en cada página. “A mí lo que me preocupa, en El País y en la prensa en general, es el proceso de autocensura en las redacciones, que es muy fuerte”, asegura un Cebrián con un descomunal sentido de la autocrítica. “Es decir, redactores que se abstienen de publicar, de decir cosas, de llevar a cabo investigaciones, lo que sea. Y no porque nadie les presione, ni la empresa ni fuerzas exteriores a la empresa, ni los gobiernos… sino porque el redactor cree que no le conviene”.

Acabáramos. La culpa es de los periodistas. Esos caguetas que piensan que tienen que escribir bien de Canal +, del grupo Santillana, de la Cadena Ser, de Mediaset (Telecinco, Cuatro), de la monarquía, de los políticos que les concedieron las televisiones, del empresario mexicano Carlos Slim, de los bancos acreedores con los que han pactado la refinanciación de una deuda financiera de PRISA que ascendía en 2011 hasta los 3.537 millones de euros…

Muertos vivientes, insiste un Cebrián que, quizá en un gesto que forma parte de su campaña en defensa de la monarquía, y para quitarle plomo al incidente de Froilán, se ha disparado con un Magnum 44 en el pie. ¡Pum!