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Lagarteran@s

“Me disfrazaría de lagarterana”, reconoce en una lamentable entrevista promocional Carlos Cuesta, presentador de “Una mirada a El Mundo”, programa que estrenó anoche la cadena Discovery como homenaje póstumo al sueño audiovisual de Pedro J Ramírez. Alguien podría pensar que, con tan sensual declaración de intenciones, Cuesta se adhiere a determinadas costumbres libertinas que, en cuestión de vestuario, consiente su empresa. De ninguna manera. Lo que en realidad quiere decir el travestido presentador es que está dispuesto a hacer cualquier cosa para triunfar. ¡Ah, el éxito! ¿De cuantas infamias se compone un éxito? Se preguntó Balzac…

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Muertos vivientes

En la televisión, está de moda el género zombie. Ahí tienen el éxito de “The Walking Dead” en La Sexta. Y la vuelta a la vida de Carlos Cuesta, presentador de “La vuelta a El Mundo”, quien, tras 73 días muerto (televisivamente hablando), regresó a la pantalla con “El Mundo a cuestas”, un nuevo ejercicio de propaganda camuflado como información. Y es que Veo 7, la televisión de Unidad Editorial (El Mundo) que cerró el pasado 1 de julio, no estaba muerta: ¡estaba de parranda! Tras despedir al grueso de su plantilla en uno de esos ajustes provocados no por la mala gestión de la empresa, sino por la maldad intrínseca del demoníaco Zapatero, y pasar más de dos meses en el infierno de la teletienda, renació anoche con el nombre de Veo Televisión.

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Un motivo para NO ver la televisión

Una temporada para silbar

Autor: Ivan Doig.

Editorial: Libros del Asteroide.

Ivan Doig es un escritor de Montana que describe como nadie la Norteamérica rural, esa que sobrevive en el olvidado interior de un país con dos caras. Un maestro de la sencillez que, como hacía nuestro Miguel Delibes, construye sus historias desde las entrañas de unos personajes rústicos, honestos, inolvidables. Personas, animales, paisajes y costumbres.

El libro comienza con una frase memorable escrita, a modo de anuncio, en un periódico: “No cocina, pero tampoco muerde”. No se trata de un perro pastor, sino de un ama de llaves que ofrece sus servicios. Oliver Milliron, viudo con tres hijos negado en los fogones, contrata a la viuda Rose Llewellyn. En ese instante arranca la verdadera temporada para silbar, una de las más hermosas historias que se pueden encontrar en estos momentos en nuestras librerías.

No hay un personaje aburrido, no sobra frase alguna, cada descripción es sobria y eficaz, los diálogos son puro ritmo, no hay una sola situación que no resulte  divertida, emocionante, o ambas cosas al tiempo. Estamos ante un homenaje memorable a las escuelas rurales, a la vida simple, a los niños que sueñan, a los granjeros incansables y a los adultos con inquietudes. Habitantes todos de Maria Coulee, Montana, forman un paisaje antiguo, cotidiano, eterno.

Un clásico que huele a Whitman y a Thoreau, a Stegner y a Caldwell, a Norman Maclean y a Sherwood Anderson, a W.H. Hudson y a Twain. Sin duda, el mejor libro que he leído este verano.

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Periodistas perfectamente fusilables

En la presentación de “El Monstruo”, primer título de una nueva editorial llamada Libros del KO, coincido con muchos compañeros de profesión . Uno me cuenta que van a despedir al 20% de la plantilla de Público. Otro, que en El Mundo le ofrecieron mantener su puesto de trabajo, pero restando un 30% a los 700 miserables euros mensuales que cobraba. Y que en este mismo diario acaban de despedir a la mitad de… ¡los becarios! Me comentan las condiciones de semi esclavitud de los trabajadores de algunas webs de grandes medios de comunicación, las charlas apocalípticas de los directores a sus redacciones, las amenazas constantes de regulaciones de empleo… La profesión no atraviesa sus mejores momentos: solo los grandes periodistas tienen garantizas las habichuelas.

¿Quiénes son los grandes periodistas? Los que han conseguido que estemos donde estamos. A los que menos se les nota la crisis. Periodistas perfectamente fusilables, que diría Chaves Nogales. Esos que no pisan la calle desde hace años e imparten doctrina desde púlpitos sagrados, se aferran a sus cargos y sus sueldos, gestionan el periodismo desde la soberbia y consienten las desproporcionadas diferencias de situaciones laborales y profesionales. La profesión se hunde, pero ahí tienen a los accionistas de grandes medios aumentando sus beneficios. Y a Cebrián y Pedro J aferrados a sus visionarios proyectos suicidas. Y a Antonio Pérez Henares dando lecciones de moral en los debates rojillos de La Sexta. Y a Sostres envileciendo El Mundo. Y a Nacho Villa dirigiendo la televisión de Castilla-La Mancha. Y a los incombustibles columnistas de El País y ABC, la creme, publicando una y otra vez los mismos textos. Y tantos y tantos otros fusilables.

El periodismo está pidiendo a gritos una revisión que, créame, jamás podrá tener lugar en los grandes medios. Están acabados. Ayer los periodistas líderes de la radio deportiva, esos que defienden el derecho a no pagar un canon por retransmitir el fútbol, ayudaban con su descomunal jactancia, con una espantosa altanería, a comprender algunos de los problemas que vive la profesión. La arrogante manera de hablar de Manu Carreño (Ser), Paco González (Cope) o José Antonio Abellán (Punto Radio) advierten de la profunda reforma que necesita la profesión. Necesitamos nuevas ideas, nuevos nombres, nuevos medios. Antes habrá que despejar el camino: carguen, apunten… ¡fuego!


El ano en la boca

Una lectora pide un post sobre un personaje concreto: Salvador Sostres, tertuliano de cadenas basura, columnista de diarios amarillos y escritor de libros insignificantes. Ya sé que esto es un blog, no un programa de Los 40 principales, pero un día es un día… Y Sostres, un recto ajustado para defecar en siete colores, se lo merece: acaba de publicar “Su sexo en mi boca”, un texto absolutamente impresentable, otro más, en este caso sobre Dominique Strauss-Khan y su revoltoso miembro.

Protegido y financiado por Pedro J Ramírez, el tal Sostres se está convirtiendo en el enfant terrible de El Mundo: con cada intervención añade un toque de polémica y mal gusto a un diario que cada vez con mayor urgencia necesita a individuos de esta calaña. Tamaño emporio mediático no se puede alimentar únicamente de distorsionar el 11-M… La última deposición de Sostres gira alrededor de algunas de sus perversiones favoritas: el machismo, la misoginia y el sexo chungo. “Las explicaciones que ha dado la camarera de Strauss-Khan – me puso su sexo en mi boca – vienen a confirmar la inocencia del político francés. Ningún hombre con un mínimo instinto de conservación pondría su sexo en una boca hostil a menos que tuviera una pistola o un arma contundente con que amenazar a la chica”, escribe en El Mundo. Y remata con una frase antológica: “La propaganda feminista es tan asfixiante que ningún diario serio ha reaccionado ante las palabras de la camarera. ¿Cómo puede ser que alguien la crea?”.

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