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A cara de perra

La selección española de fútbol se juega esta noche el pase a la final de la Eurocopa. En el partido, que retransmite Telecinco, ¿veremos y escucharemos al mejor equipo posible? No me refiero a los futbolistas, un grupo con garantías, sino a los comentaristas de la cadena de Paolo Vasile, duramente criticados por aficionados de todas las calañas y pelajes. Por un lado está Sara Carbonero, crucificada en las redes sociales por la excesiva sencillez de su discurso. Por otro, el resto de enviados especiales de Mediaset, una compleja mezcla de egos, soberbias e ignorancias.

Carbonero cubre los partidos a pie de campo, desde el mismo césped. Sus comentarios, de una sencillez en ocasiones naif, resultan claramente insuficientes para los aficionados más avezados (que en este país parecen ser el 90%). La periodista responde con obviedades a las preguntas de sus compañeros y no aporta demasiada información. “Torres comienza a calentar”, dice cuando la televisión muestra a Torres iniciando el calentamiento. Ese es el nivel de sus comentarios, generalmente de carácter afirmativo: “Sí, sigue lloviendo”, “Sí, ha sido tarjeta amarilla”, “Sí, Del Bosque se ha puesto de pie”. La acusan de superficialidad, de frivolidad, y lo hacen con el gracejo habitual en Twitter: “-Sara, cuéntanos cómo salen los jugadores al terreno de juego. -Caminando. -Gracias, Sara”.

Pero en ocasiones Carbonero abandona la posición florero y se defiende como gata panza arriba: “En otras épocas las hogueras fueron usadas también para fines varios. Como, por ejemplo, quemar a las brujas, a los herejes, a los que eran distintos o a los que envidiaban”, escribe a cara de perra, como buena comentarista de fútbol, en el diario Marca. “Aunque no existía Twitter, la práctica de acusar desde el anonimato e intentar que quemasen a alguien estaba muy extendida. ¡Menos mal que esa época ya ha pasado!”.

¿Estamos ante una víctima del rampante machismo deportivo? Sinceramente, no parece. Es una informadora que, simplemente, no hace un trabajo exquisito. Dicho de otra manera: alguien pordría pensar que, de no ser por su aspecto, no estaría donde está. Lo cual no es bueno ni malo, sino todo lo contrario. Y más en una cadena como Telecinco, donde el talento cotiza muy por debajo de tetas, abdominales y demás portentos físicos.

Los compañeros de Carbonero están en otra batalla, puesto que no tienen ni tetas, ni abdominales, ni siquiera talento, salvo contadas excepciones. Julio Maldonado, Maldini, es un archivo con piernas. Y José Antonio Martín “Petón” ofrece datos, información, criterio. El resto es una peña de macarras, más o menos iletrados, que tiene que contener sus instintos para que el set de la cadena amiga no parezca la barra de un bar portuario. Manu Carreño (Cadena SER), Paco González (Cadena COPE), Juanma Castaño… Mucho forofo. Lo que supone muy poco comentario sereno y razonado. Incluso muy poco respeto.  Llaman “Andresito” a Iniesta y “Jesusito” a Navas, de puro campechano. Son constantes las interrupciones, las frases superpuestas, las voces que se estorban, los tópicos más vulgares… y los errores garrafales, que rozaron lo patético en las primeras jornadas, cuando demostraron no haber comprendido el sistema clasificatorio.

“Quién nos iba a decir que echaríamos de menos a José Ángel de la Casa”, escribía con toda la razón alguien en Twitter.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Cuentos completos

Autor: William Goyen.

Editorial: Seix Barral.

Guardaba como oro en paño, en la estantería de la cabecera de la cama, dos pequeños libritos con cuentos de Goyen en edición argentina de Páginas de Espuma: “La misma sangre” y “Ángeles y hombres”. Y me preguntaba cuándo podría encontrar nuevas dosis, o incluso alguna rara edición mexicana de sus obras completas. Goyen es uno de los grandes cuentistas del sur de Estados Unidos, lo que es decir tanto como uno de los grandes cuentistas de la historia. La edición que acaba de publicar Seix Barrall es un regalo maravilloso, solo comparable a, por ejemplo, la reedición de los grandes títulos de Faulkner que ha puesto en marcha Alfaguara.

Goyen es un tejano que vivió en California, Nueva York, México y Europa. Siempre a la sombra de escritores de leyenda, y admirado por Capote o Carol Oates, es sin duda uno de los grandes de la literatura sureña. Sus historias breves, protagonizadas por seres atrapados en su tierra, en su trabajo o en su entorno, ayudan a entender no solo a un país, sino al complejo género humano a través de  sus más sencillos vericuetos. Personajes, como escribí al comentar los libritos de Páginas de Espuma, que lloran a sus bebes muertos, coyotes que matan gallinas y granjeros que los persiguen, mujeres barbudas y hombres que guardan el whisky debajo de la cama, supervivientes que asimilan el horror con indiferencia y renuncian a la redención. Narrador preciso y eficaz, Goyen es simplemente imprescindible. Y esta edición, estos cuentos completos, una absoluta y total maravilla. El placer total.

Producción propia

TVE vuelve a la producción propia ocho años después de su última intentona, un engendro cómico musical llamado “Paco y Veva”. Y lo hace con una comedia de preocupante título: “Stamos okupa2”. No sería justo juzgar el producto sin ver un solo minuto, pero sí tenemos derecho a hacernos una pregunta. ¿Serán los guiones tan ingeniosos como el nombre de la serie? Tendremos que esperara hasta otoño para saberlo, y comprobar si ha merecido la pena. O si podríamos haber aguantado tan tranquilos hasta 2020…

A lo largo de la última década, directivos e ideólogos de diferentes pelajes y con distintos intereses, han hecho todo lo posible por transmitir una consigna: el personal propio de TVE está atocinado, y utilizarlo resulta más caro que subcontratar a una productora para que realice el mismo trabajo. La realidad era que durante estos ocho años sin producción propia la televisión pública española ha estado alimentando, cuando no engordando, a productoras privadas, las auténticas beneficiadas por esta política de externalización. Algunos malpensados creen que con ese dinero público se han financiado, de manera más o menos disimulada, los negocios privados de grupos mediáticos amigos del Gobierno. De hecho, los trabajadores de TVE elaboraron hace un par de años un manifiesto donde denunciaban el deterioro de sus derechos laborales: “Desde hace algún tiempo, la mayor parte de los programas de RTVE están en manos de productoras aunque se le venden al público como programas de producción propia de RTVE cuando en realidad no hay trabajadores de la casa implicados en ellos pese a contar con personal y medios suficientes. Esto, que venía siendo lo normal en series y programas de ficción (“La señora”, “Aguila roja”, “Cuéntame”,…), se ha hecho extensivo ahora a la mayor parte de las retransmisiones deportivas y a las de la Lotería Nacional… Mientras tanto en el parking de unidades móviles de Prado del Rey hay paradas 25 unidades móviles de televisión y su correspondiente personal sin hacer nada pero pagadas con dinero público”.

“En TVE sobran más de dos tercios de la plantilla”, insistían desde unas cadenas privadas que presumían de liderar la audiencia contando con muchos menos trabajadores. Lo que no decían es que para hacer la televisión comercial que se hace en España basta con un consejero delegado sin escrúpulos, un presentador hortera y dos famosetes analfabetos.

En julio de 2006 se firmó en TVE un Plan de Saneamiento que pre jubiló a 4.150 trabajadores con el 92% de su salario. Una solución sencilla, y poco imaginativa, realizada con dinero público. La plantilla “objetivo” de RTVE se estableció entonces en 6.400 empleados (5.900 fijos y 500 contratados).

“TVE tiene muchísimo dinero, sólo hace falta que dejen de tirarlo”, ha dicho Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset España. Interesante comentario,  si no viniese del hombre que piensa que “Belén Esteban es la precursora del 15-M”. Vasile es uno de esos directivos que ha hecho todo lo posible por manchar el nombre de la televisión pública, negando su utilidad e infravalorando su potencial servicio público.

En un país como el nuestro, donde se hace una televisión repugnante, la televisión pública debería ser considerada imprescindible. El reto es gestionar el monstruo. No convertirlo en un altavoz del gobierno de turno, sino en una isla de calidad, equilibrio, entretenimiento digno… y producción propia. Ayer hablábamos de “El hombre y la tierra”, una serie que marcó a varias generaciones de españoles, y que no hubiera sido posible sin televisión pública.

El problema no es, por tanto, la televisión pública. El problema es, como de costumbre, la gestión de la misma. Demasiados intereses, políticos y económicos, y una evidente falta de talento: lo fácil es eliminar a media plantilla, externalizar los programas, minimizar su influencia, acabar con su importancia. Lo difícil es hacer la BBC.

 

Un motivo para NO ver la televisión

The dB´s

Cd: Falling Of The Sky.

Veinticinco años después regresan los dB´s, la legendaria banda de power pop liderada por el gran Chris Stamey. Formados en Carolina del Norte en 1981, editaron ese mismo año su mejor disco, una maravilla fresca y energética llamada “Stands For Decibels”. Un clásico. Un año después confirmaron su potencial con el no menos brillante “Repercussion”. Y en 1987 se despidieron con “The Sound Of Music”, un trabajo digno editado por el sello I.R.S. Su influencia en bandas como REM o Teenage Fanclub es enorme.

“Falling Of The Sky” es el reencuentro con unos viejos amigos. Stamey es un maestro de la composición pop, y eso no se olvida: un cuarto de siglo más tarde sigue escribiendo canciones como “The Wonder of Love”,  “The Adventures of Albatross and Doggerel” o la balada “Far Away and Long Ago”, capaces de conseguir el equilibrio justo entre voces y guitarras, entre new wave y punk melódico. Una delicia que cuenta con la colaboración de Mitch Easter en la producción.

La Re-Mierda

Una de las características de Telecinco, quizá la más significativa, es su capacidad para rentabilizar, estirar y sacar jugo a sus propios programas. El colmo de esa capacidad de reciclaje podría ser “La Re-Vuelta”, un programa que, según la cadena, ofrece a los concursantes de “Gran Hermano 12+1”  la oportunidad de “volver a la casa para solucionar todos los conflictos pendientes que se dejaron en Guadalix de la Sierra”, resolver “sus enfrentamientos” y, si se presenta la posibilidad, “fraguar una amistad”. Dicen que es un reality express para “limar asperezas”, pero a mí me parece el ejemplo perfecto de  falta de imaginación, de ausencia absoluta de talento: una vuelta de tuerca para seguir exprimiendo un formato infecto.

¡De vuelta a la jaula, pringados! El resultado, no podía ser otra manera, es lamentable: concursantes resabiados y rencorosos ante una nueva oportunidad de ser famosetes, restregar cebolleta y ganar 20.000 euros. Por muy buenas que sean tus intenciones, que no lo son, si como materia prima tienes un excremento es difícil que construyas otra cosa que una mierda. Siguiendo esta sencilla regla escatológica, con los mimbres de “Gran Hermano” ha surgido, de forma natural y espontánea, “La Re-Mierda”, el nuevo esperpento de la cadena de Paolo Vasile, el hombre que dice no trabajar para los críticos de televisión.

Increíblemente, la cosa no ha ido demasiado bien en cuestión de audiencia, única razón de ser de Telecinco: al telespectador, vaya por Dios, no le gusta repetir mierda. En estos momentos duros es cuando los verdaderos profesionales deben dar la cara, cuando las estrellas tienen que justificar los sueldos estratosféricos que cobran. Mercedes Milá, una de las grandes, cogió el toro por los cuernos: realizó un comentario homófobo y humilló a una ex concursante transexual. La audiencia subió de inmediato, y la Re-Mierda, entonces sí, re-apestó.

“Claro, tu puedes verlo desde ambos puntos de vista, porque como has sido hombre antes, sabes cómo piensan y actúan”, soltó Mila a una pobre Amor que solo acertó a decir una frase: “yo nunca me he sentido hombre”. Debe ser duro ganarse la vida como Mercedes Milá. Pero seguro que por esta nueva basura cobra un re-sueldo que compensa todos los malos ratos.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Joe la Reina

EP: Change of Maks.

Primer disco, cinco canciones, de una banda que suena tan fresca, campestre y montaraz como los mismísimos Fleet Foxes. Pero cuidado, porque los cinco mozos que forman este grupo son de Navarra y Guipúzcoa. Música con espíritu acústico y cuidadas voces, folk y raíces norteamericanas, composiciones brillantes y melodías sugerentes. El disco se abre con un instrumental, y sigue con cuatro temas brillantes e intensos. Joe la Reina suenan tradicionales y auténticos. No deberíamos perderles la pista…