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El tesoro del cisne negro

Un motivo para NO ver la televisión.

El tesoro del cisne negro.

Autores: Paco Roca y Guillermo Corral.

Editorial: Astiberri.

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Una ficción basada en hechos reales. Eso dicen que es “El tesoro del cisne negro”. Y es cierto, puesto que cuenta una historia verídica, la del descubrimiento en 2007 en aguas del Atlántico del mayor tesoro submarino encontrado nunca, y el posterior litigio por su propiedad. Pero “El tesoro del cisne negro” es mucho, muchísimo más. Es un homenaje a Tintín y Cousteau, evidentemente. Pero también a los libros de portadas amarillas de Editorial Juventud, y a las aventuras de Salgari, de Verne y de Bernard Cornwell. Por supuesto tiene el regusto maligno de Philip Glosse y su repaso a los grandes piratas. Finalmente, nos ofrece la victoria del bien sobre el mal, del débil sobre el poderoso, algo que recuerda a la gesta de Blas de Lezo que el escritor Pablo Victoria llamó “El día que España derrotó a Inglaterra”. Tengo en las manos un libro que, como todas las grandes historias marinas, huele a sal y suena como una ola de tres metros chocando contra el casco de un velero.

“- Acceder a las peticiones españoles equivaldría a prohibir la arqueología subacuática en todo el mundo y condenar al olvido toda la riqueza que esconden los océanos.

- Lo más grave no es el robo, ni siquiera el daño arqueológico. El hundimiento de la Merced fue un acto vil en el que perdieron la vida 237 hombres, mujeres y niños. Un acto que cambió la historia de España y Europa… Un suceso tan grave en su época como Pearl Harbor en la nuestra”.

En “El tesoro del cisne negro” incluso nos encontramos con una historia de amor. Poco más se les puede pedir a Roca y Corral, dibujante y guionista respectivamente de una de esas historias gráficas que gustan a los críticos, se venden como churros y, definitivamente, marcan una época. La aventura, en pleno siglo XXI, es posible. Y lo es pese a la televisión, las redes sociales o la mediocridad política. Lo es gracias a libros de espíritu clásico, como éste, que nos hacen soñar, nos ayudan a recuperar la inocencia lectora de la juventud y, de paso, nos ponen al día sobre legislación de tesoros navales. Un placer atemporal, desde proa a popa, de la primera a la última página. Imprescindible.

“- Álex, lo he estado pensando y quiero que vayas tú a EE.UU. a supervisar la operación de retorno. Necesito alguien en quien confiar.

Las 2234 monedas de oro están en estuches. Pero las de plata siguen en cubos, bañadas en algún tipo de solución líquida. Ithaca no ha revelado qué líquido usa, imaginamos que será uno que reproduzca las características del agua marina para no desestabilizar el metal.

- ¿Cómo podemos saber que no nos engañan? Habrá que contar todas las monedas. Pero son 567.000”.

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Gente normal

El candidato del Partido Popular a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, afirmó el pasado viernes en un acto de precampaña electoral del 21-D en Cerdanyola del Vallès que su partido propondrá “cerrar TV3 y volverla a abrir con gente normal”.

¿Gente normal? ¿Quiere usted decir que los actuales trabajadores de TV3 no son normales? Al menos no tan normales como, por ejemplo, Carlos Herrera, presentador del último éxito en la programación de TVE, la televisión pública española. O que Salvador Sostres, el escritor que en ese mismo programa definió la ley de violencia de género como “fascista” e “impresentable”.

Y es que lo de gente normal es muy relativo. Lo que para usted es una persona no ya normal, sino ejemplar, para mí puede ser un corrupto. Por eso, pensar que los 2.300 trabajadores de TV3 no son normales es muy osado. Una auténtica fanfarronada, digna de un absoluto necio, cuando quien lo dice forma parte de un partido con gente tan normal como Bárcenas, Ignacio González, Carlos Fabra, Acebes, Lapuerta, Rato, Sonia Ripoll, Jaume Matas, Ana Mato, Granados, López Viejo, Jesús Sepúlveda, Ricardo Costa y tantos y tantos otros.

Gente normal. De bien. No como “esos carcas, todo el día con la fosa de no se quien”. No como quienes no piensan como yo.

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Un motivo para NO ver la televisión

La encrucijada.

Autores: Paco Roca y Seguridad Social.

Editorial: Astiberri.

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El cruce de caminos en que empezó todo. La encrucijada. El bluesman que vendió su alma al diablo para dominar doce compases, grabar 29 canciones y convertirse en leyenda. La música de nuestro tiempo nace en el Delta, pasa por Memphis, absorbe ritmos de otros mundos y se extiende por el planeta como un huracán. A España llega tarde y mal, con demasiada distorsión y algo de eco. Escuchábamos rock and roll mientras leíamos Totem y El Víbora. Eran dos idiomas de una misma generación, dos formas de interpretar la misma canción con diferentes instrumentos.

El rock y el cómic. Paco Roca y José Manuel Casañ (Seguridad Social). Dos colegas diseñando un plan conjunto, y paralelo, con cuerpo de disco-libro y contenido ambicioso: una historia de la música contada de manera cronológica. Es el proyecto inicial, que cambia a medida que pasan los días, las comidas y los gin tonics. “Hablando con José Manuel me di cuenta de que, al igual que ocurre con la historia del arte, en la música es difícil diferenciar los géneros musicales porque se solapan y se mezclan continuamente. Cualquier música que escuches viene de algún sitio y está evolucionando hacia otro”, escribe Roca en esta ambiciosa obra realizada a dos manos.

¿Es “La encrucijada” una historia de la música contada en un cómic de 150 páginas y un disco de 11 canciones? Sí, pero no. Quizá sea más correcto decir que se trata de una historia de música, muy personal y confesional, aliñada con canciones. La encrucijada es la conversación entre un dibujante y un músico que aman su trabajo, se niegan a estancarse, y miran por el retrovisor para poder seguir moviéndose. El dibujante recoge sus charlas, sus análisis, sus técnicas de trabajo y sus aspiraciones. El músico despliega el catalogo de géneros, escribe canciones y busca desesperadamente evolucionar. “No repetirse. Ahí surge un gran dilema que creo tenemos todos los que vivimos de que alguien compre nuestros discos o nuestros libros”, dice el primero. “Simplemente soy incapaz de repetir el mismo esquema dos veces”, responde el segundo entes de hablar de la rumba y de contar cómo escribió “el son montuno, al estilo de El Guayabero”, que se puede escuchar en “La encrucijada”.

Ritmos mestizos, memorias de un músico, secretos de la industria del disco (y del cómic), humor e ironía, ilustración y canción en un trabajo que une dos lenguajes fascinantes. Y en un formato, el disco libro, por el que a priori no hubiera dado un duro. Imprescindible para los seguidores de Paco Roca. Y no solo para los de Seguridad Social, sino para todos aquellos que vivieron La Movida y sus consecuencias. El placer de sentir la música en cada viñeta, en cada diálogo, en cada canción.

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Llamadme conspiranoico

Durante el debate a nueve que tuvo lugar la noche del pasado miércoles en La 1 (TVE) se produjeron algunos cortes de audio, siete largos segundos, que impidieron seguir con normalidad el discurso de Antonio Hernando, representante del PSOE. Fueron las únicas interrupciones que se produjeron durante el programa. ¿Adivina usted de qué estaba hablando Hernando cuando tuvo lugar el fallo técnico? Pues exactamente de eso, amigo malpensado: de los papeles de Bárcenas, de los sobres con dinero B de Rajoy, de la corrupción instalada en las entrañas del PP…  

Llamadme loco, antisistema o, mejor aún, conspiranoico, pero creo que TVE, la televisión pública, el medio de comunicación de todos los españoles, no está siendo todo lo neutral que debería ser en esta campaña electoral. Y no solo porque tuviese que intervenir la Junta Electoral Central (JEC), que les obligó a emitir el debate a nueve a las 22:15, en horario de máxima audiencia, y no a medianoche como había previsto la cadena. ¿Arrinconando la política, escondiendo las alternativas, silenciado a los nuevos partidos? No, por favor, era por no cambiar de hora el programa de Bertín Osborne.

Ayer me acosté con Hernando pidiendo, a trompicones, entre ruidos y silencios, con interrupciones, la inhabilitación de Mariano Rajoy por corrupto: “Durante mucho tiempo Bárcenas y el Partido Popular fueron lo mismo”. El debate a nueve, una jaula de grillos con sonido capado. Y esta mañana me he levantado con Mariano Rajoy diciendo, en la misma cadena pero con un excelente sonido, que “España es hoy un pedazo de país”. María Casado masajeando en “Los desayunos de La 1” a un Rajoy que a estas alturas de campaña tiene que tener la espalda como una pista de curling.

Puede que sea un simple fallo técnico, pero es difícil de creer. La credibilidad de TVE está por los suelos. La presencia de ese personaje llamado Julio Somoano, autor de un trabajo fin de máster titulado “Estrategia de comunicación para el triunfo del Partido Popular en las próximas elecciones generales”, al frente del debate a nueve era toda una declaración de principios por parte del Ente. Si yo fuese director de TVE me daría una vergüenza insoportable, un asco terrible, elegir al hombre que escribió “Estrategia de comunicación para el triunfo del Partido Popular en las próximas elecciones generales” como moderador de un debate político en una televisión pública. Llamadme conspiranoico.

P.D.

Nacho Villa, viejo amigo de este blog desde sus días de tertuliano, director de la Radio y la Televisión Pública de Castilla-La Mancha durante el gobierno de Cospedal, se gastó más de 136.000 euros en cuatro años con las dos visas del Ente público“Representación y gastos de empresa, totalmente justificados y normales en cualquier radio y cualquier televisión pública donde el director general está yendo y viniendo por toda la comunidad”, dice Villa de estos gastos, que incluyen compras en tiendas de Louis Vuitton, comidas en restaurantes con Estrellas Michelin y habitaciones en hoteles de cinco estrellas. Lo normal.

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Un motivo para NO ver la televisión

La casa.

Autor: Paco Roca.

Editorial: Astiberri.

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Paco Roca es un genio de la narración, uno de esos elegidos capaces de convertir una historia minúscula en una gran historia. Lo ha hecho con anterioridad, en maravillas como “Arrugas”, “El invierno del dibujante” o “Los surcos del azar”. Y lo hace de nuevo con “La casa”, una humilde narración sobre el tiempo, la memoria, la familia, las higueras, los silencios, las comidas de los domingos, las pérgolas y la felicidad. Una pequeña gran historia sobre la vida y alrededores.

“¿Tú crees que mi padre tuvo una vida feliz?”, pregunta José, el hijo mediano de Antonio, a su chica. Están en la casa de campo familiar. El lugar favorito de su padre, muerto un año antes. Recogen basura, arreglan mangueras, riegan almendros, tiran ropa vieja, levantan muros caídos y pintan paredes desconchadas. Desde una ventana se ve el mar. Los tres hermanos re reúnen porque quieren vender el chaletito: desde que dejaron de ser niños no lo visitan. ¿Una vida feliz? preguntaba José. “¿Cómo se calcula eso? Imagino que depende de las ambiciones que cada uno tenga, ¿no”, responde ella. “Quizá se trate más de lo que hemos hecho que de lo que nos ha quedado por hacer”.

En “La casa” Roca permite ver el paso del tiempo en horizontal, ordenado en viñetas, desmenuzado en pequeñas cosas, y por supuesto a todo color. Un tiempo que primero nos arrulla, después nos zarandea como ramas viejas y finalmente nos engulle. El tiempo de recordar al padre, los lazos que nos unen, y también la niñez construída alrededor de cosas sencillas, los pequeños placeres de la juventud, y finalmente la pérdida, la nostalgia de la madurez. El valor de los recuerdos.

“A medida que envejezco siento que el único tema de la literatura -y probablemente de todo lo demás- es el paso del Tiempo”, escribe Fernando Marías en un epilogo que ayuda a recobrar el aliento. Un libro mágico sobre la sencillez y el adiós, con evidente carácter autobiográfico, en el que Paco Roca se confirma como un narrador sublime. Afortunadamente las cosas le suceden a quien sabe contarlas.

 

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La sangría

Ya iba siendo hora. De que la Marca España fuese una realidad tangible. La Unión Europea ha reconocido a la sangría como un producto única y exclusivamente ibérico: a partir de ahora solo se podrá llamar de esa manera, sangría, a la bebida refrescante que haya sido producida en España y Portugal. Es decir, que cuando en Roma, en Dallas o en Quito le ofrezcan vino de tetra brik con gaseosa de marca blanca, azúcar y rodajas de limón, y a usted le sepa igual de repugnante que cuando se lo toma en la Plaza Mayor de Madrid, le estarán dando gato por liebre. La denominación “sangría” garantiza que solo se podrá producir ese brebaje infecto, vinazo con gaseosa y cachos de fruta, dentro de las fronteras peninsulares.

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Sí, estamos hablando de la sangría, ese potingue empalagoso con que los turistas de medio pelo consiguen trajinarse las paellas de franquicia que les ofrecen los baretos del centro de las grandes ciudades españolas. Nuestra sangría ya está compitiendo, gracias a los esfuerzos del Gobierno de Mariano Rajoy, en la misma liga que el whisky de Malta, el coñac francés o el ron dominicano.

No es el único caso de un producto ibérico convertido en bandera por nuestros grandiosos políticos. Ahí tienen el jamón. El bueno, el de bellota. El ministro Arias Cañete, tan permisivo con la fecha de caducidad de los yogures, nos ha proporcionado a los ciudadanos españoles aquello que realmente necesitábamos: un modo fiable de identificar el verdadero jamón ibérico. Cuatro denominaciones con sus correspondientes precintos de otros tantos colores: Negro para los bellota 100% ibéricos; rojo para los bellota ibéricos; verde para los de cebo de campo ibéricos; blanco para los de cebo ibéricos.

Por fin una solución para los ciudadanos, habitualmente en graves dificultades a la hora de  distinguir el verdadero jamón, el de bellota 100% ibérico, de aquellos otros vulgares de campo ibéricos, o incluso de aquellos claramente inferiores de cebo ibéricos. Una papeleta la que teníamos, solucionada con unos simples brazaletes creados para alegría y grandeza de la Marca España.

“Los arboles no nos dejan ver el bosque”, dijo ayer mismo Carlos Espinosa de los Monteros, flamante Alto Comisionado para la Marca España. Árboles, bosques, maderas… estacas. ¿Recuerda que hace unos días hablábamos de la muerte violenta, a estacazos, de un anciano en una residencia de Toledo? La España profunda. Pues ayer mismo un hombre mató en Lugo a su esposa y a su suegra. A estacazos.

Sangría, la auténtica Marca España.

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Un motivo para NO ver la televisión

Los surcos del azar.

Autor: Paco Roca.

Editorial: Astiberri.

Los surcos

Estamos ante un cómic, si usted prefiere una novela gráfica, realmente excepcional. Por la interesante historia que cuenta y por lo brillante de la forma en que se narra. Paco Roca, dibujante de reconocido prestigio, uno de los pilares de la historieta en España, elige un episodio histórico fascinante: la importancia de los republicanos españoles exiliados en la lucha contra los nazis.

“Un amigo historiador está buscando desde hace años a un antiguo combatiente. Según le contaron unos veteranos anarquistas miembros de la resistencia parisina. Ese combatiente se llama Miguel Ruiz y vive por esta zona. Por edad tan solo puede ser uno”, dice Paco, el joven que está escribiendo un libro sobre los exiliados españoles que lucharon en la II Guerra Mundial, a un anciano sentado en un sillón. Dibujos color sepia. “Si es usted Miguel Ruiz salió de España tras la guerra en el Stanbrook, junto a Granell y Moreno, ¿no?”. Miguel Ruiz asiente: “No tengo mucho que contar”.

Pero Miguel Ruiz tiene mucho, muchísimo que contar. Y lo cuenta. Y el joven escritor escucha. Y Paco Roca nos lo traslada todo en 320 páginas inolvidables, donde el color del conflicto bélico se cruza con el gris de los momentos actuales. Tanques, miedo, soldados, valor, miseria, muerte… Hazañas bélicas, sin duda, pero sobre todo humanas, de resistencia, de solidaridad, de nostalgia y sacrificio. Una gozada. El placer de la memoria.

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