You are currently browsing the El Descodificador posts tagged: Miguel Ángel Revilla


¿Cómo va España?

Hoy solo tengo buenas palabras para Miguel Ángel Revilla. Sí, el hombre al que tantas veces he criticado, el político al que he considerado populachero y bocazas, el analista absurdo con un gran concepto de sí mismo… hay ocasiones en las que tiene toda la razón. Ayer mismo, domingo, daba con la tecla exacta en una entrevista en El Mundo. Sí, unas de esas entrevistas en las que las preguntas son tan importantes como las respuestas, y el periodista intenta ser más brillante que el entrevistado. Imposible. Revilla estuvo simplemente insuperable.

“Que yo sea tan querido refleja lo mal que está España”, dijo el cántabro de las anchoas. Y no seré yo quien le lleve la contraria. Solo le haría algún pequeño matiz, le aclararía algún detalle de poca importancia, remataría la faena. Es decir, que añadiría algunas reflexiones nuevas al discurso de Revilla:

“Que yo sea una estrella de la televisión muestra lo mal que está la televisión en España”.

“Que yo sea tertualiano, es decir, que mi opinión tenga alguna repercusión social, refleja lo mal que están los espacios políticos en España”.

“Que yo sea famoso por aprovechar cualquier ocasión para vender anchoas refleja lo mal que están la publicidad, el marketing y las anchoas en España ”.

“Que yo sea una referencia como analista, pensador o erudito, como teórico social, refleja la crisis intelectual y moral de España”.

Cuando un país está a la deriva, como le sucede al nuestro, un pollo sin cabeza, es cuando son necesarias las seseras bien amuebladas, la reflexión y el pensamiento. Las ideas. Los líderes de opinión. Que Miguel Ángel Revilla se considere uno de ellos muestra, de manera contundente, la importancia de nuestra debacle cultural.

Captura-de-pantalla-2017-02-20-a-las-9.02.00-e1487577805476

revilla la sexta

6534_Captura_de_pantalla_2016-07-10_a_las_.1.56

hqdefault

Captura de pantalla 2017-04-02 a la(s) 23.58.04

Un motivo para NO ver la televisión

Siete vidas.

Autor: Josep María Beà.

Editorial: Astiberri.

sietevidas

¿Quiere usted saber qué es un clásico? En el mundo del cómic, digo. ¿Sí? Pues corra a su librería favorita y hágase con una copia de “Siete vidas”, la obra maestra del dibujante de historietas, ilustrador y novelista Josep María Beà. Un trabajo publicado por entregas en 1983, glorioso blanco y negro, que ahora recupera Astiberri en una cuidada edición. Excelente papel, interesante introducción, tapa dura, portada a color… Y nueva rotulación. Todo lo que merece esta colección de episodios sobre las siete vidas de un gato, que son otras tántas anécdotas sobre la naturaleza del ser humano… con espíritu zoomorfo.

Porque mucho antes de que John Blacksad arrastrase su gabardina por los callejones ya había gatos con cuerpo de persona, vestidos como hombres y mujeres, que nacían, pensaban, sufrían y morían como tales. ¿Herederos de Felix y de Fritz? De alguna manera.

“Fue aquella una generación desalmada, pícara y rencorosa enseñada en el arte de denunciar para no ser denunciada… Así murió la confianza”.

Gatony es el protagonista de “Siete vidas”. Un minino viejo y atormentado que sueña con detener el tiempo, con recuperar lo perdido, con compartir la memoria. Pero no olvidemos que “es más duro resucitar que morir, sobre todo para aquellos que disponen de siete vidas”. Gatony mira para atrás y ve un mundo gris que no volverá. Ésta es una historia sobre el paso del tiempo y la nostalgia, sobre la vida triste de los pobres y la vida alegre de la minoría, sobre compartir miserias y grandezas, sobre la solidarid entre amigos y la amistad entre trotamundos. Josep María Beà sabía de qué hablaba, y de qué dibujaba. “Siete vidas” es un maldito clásico que, como dijo Borges de la obra de O. Henry, bien podemos considerar “una breve y patética obra maestra”.

Captura de pantalla 2017-04-03 a la(s) 00.09.52

Populismo eres tú

Lo de Miguel Ángel Revilla es un espectáculo. Bochornoso. Un político veterano y parlanchín, abuelo cebolleta con un gran concepto de sí mismo, se ha convertido en una estrella de la televisión. A todas horas, en todas las cadenas, impartiendo en prime time su doctrina de barra de bar, de mesa de dominó, de residencia de mayores. Se trata del entrevistador-tertuliano-monologuista perfecto. Y digo perfecto porque no resulta grosero, ni tendencioso, ni estridente, ni siquiera manipulador. Solo es populista. Es el populismo en estado puro. Es el sueño de cualquier televisión.

DOCUDMO

Revilla sabe de todo. Sí, como su cuñado. El Brexit, las pensiones, la emigración, la corrupción, el islamismo, el tráfico de armas, Pedro Sánchez, el futuro de Trump, de Nacho pasando del lateral al centro de la defensa… Nada escapa al conocimiento de este sabio norteño. Un hombre que presume de sentido común, de estar con el pueblo, de llevarse bien con todo el mundo, de… Un hombre que presume. Y habla por los codos, repite una y otra vez tópicos simplistas, busca los aplausos del público. Canta con Pablo Motos. Bebe con Bertín. Come con una jirafa. Y de paso vende con descaro sus libros-basura: “Yo sabía lo de las guerras de Irak y de Siria antes de que empezasen, lo pueden comprobar en mi libro…”.

El sábado Revilla fue la estrella de “La Sexta Noche”. Minutos y minutos de opiniones de saldo. Televisión barata y por tanto rentable. En un momento dado, y en lo que solo puede considerarse una diabólica vuelta de tuerca, Revilla entrevista a José Mújica. Escucho la primera pregunta del cántabro al uruguayo, y me veo obligado a apagar la televisión: “¿Te has cargado a alguno?”.

anarosa-revilla560_560x28058-1

revillagriso560Revilla-aconseja-Iglesias-Preparate-rival_MDSVID20140527_0081_17

Revilla-Albert-Rivera-puestos-defraudes_MDSVID20150223_0076_17Captura de pantalla 2016-12-04 a la(s) 11.51.37

58-2298001-944-631

Un motivo para NO ver la televisión

La familia real.

Autor: William T. Vollmann.

Editorial: Pálido Fuego.

Portada_13

Vollmann es uno de los secretos mejor guardados de la literatura universal. Solo un sistema de seguridad prodigioso, que soy incapaz de imaginar, puede impedir que este californiano de 57 años deje de ser un autor de culto y se convierta en una estrella. ¿Estamos ante el mejor escritor norteamericano vivo? Le pregunto esto tras haber leído “Europa Central” (Mondadori, una obra maestra indiscutible sobre el sufrimiento durante la II Guerra Mundial), haber devorado “Historias del Arcoíris” (Pálido Fuego, una colección de relatos de una originalidad simplemente indescriptible), y haber terminado la página 1052, la última, de “La familia real”, el último de sus textos publicados en España.

No quieres que el libro termine, porque no quieres que dejen de aparecer personajes increíbles, que dejen de producirse situaciones sorprendentes, fantásticas historias urbanas, detalles brutales sobre la miseria humana. No puedes dejar de leer, excepto para cambiar de postura o permitir que las muñecas descansen (“La familia real” pesa 1.450 gramos), porque tienes en las manos una suerte de Mil y Una Noches del lumpen de San Francisco, con un sinfín de aventuras más o menos trágicas o patéticas protagonizadas por putas de todas las calañas, drogadictos en descomposición, empresarios decadentes, policías demacrados y abogados rabiosos, hermanos que se odian y mujeres que mueren y dejan escrito el destino. Un mundo de otro planeta, situado justo al doblar la esquina de su calle, habitado por seres en proceso de destrucción que, despojados de un pasado que parecen haberles robado, luchan por llegar al día siguiente.

“Al cruzar con el coche las vías del metro de superficie, las cuales destellaban una luz luminosa más oblicua que las puntas de los cigarrillos de las fulanas, oyó a alguien chillar por la zona del Glide Memorial pero fue incapaz de ver un alma. Divisó a un hombre y a una mujer junto a una reja. Vio a una mujer, borracha, sacudir su pelo de serpientes muertas y separar los dedos, de los cuales cayeron goterones de lluvia como casquillos de bala expulsados sobre el cemento por una automática Calico de asalto de cien disparos. Activó los limpiaparabrisas para controlar la finísima lluvia que se arrastraba por las fachadas de los edificios como estática tiznada, y descubrió justo frente a sí a un hombre que caminaba despacio, como si le dolieran los pies, arrastrando una inmensa maleta de vinilo”.

Dos hermanos en lucha, una reina de las putas, una esposa que se suicida, un burdel galáctico llamado “Circo Femenino”… Son los planetas de una galaxia por la que circulan a toda velocidad decenas de hombres y mujeres que van dejando su poso, en forma de historias más o menos tristes. Vollmann no es un cascabel. Sus narraciones son grises, y los protagonistas de las mismas están muchas veces acabados. Vollmann sabe qué se trae entre manos, y escribe de maravilla. El resultado es grandioso, poco importa que nos hable de un leopardo de felpa, una fulana sifilítica o un taxista con un cliente que quiere pillar crack. No hay tregua para los protagonistas, tampoco para un lector que en muchos momentos se siente atrapado por una literatura épica, sobrenatural, irrepetible. Vollmann es uno de los grandes, y si no me creen lean capítulos de la intensidad de “Soliloquio de Kitty” (“Llevo tanto tiempo cayendo que es como si nunca viese el sol, quizá sea porque trabajo de noche, pero quizá sean tonterías pues también recuerdo tanta luz como para tener que ocultarme de ella como un bicho”) o del ritmo dylaniano  de “Calle Geary” (“Detectives privados de oídos envidiosos, pederastas autocompasivos que desean explicarse a cada extraño de cada bar, prostitutas sin clientes, abogados que aún no han sido nombrados socios principales, y yo mismo, descrito en la introducción a la edición japonesa de una de mis novelas como un escritor menor –ah, como pica- y tú mismo, lector, cuyas cualidades son escasamente reconocidas en este mundo, y ya puestos todos los que seguimos con vida, pues hasta el momento hemos sido groseramente ignorados por la muerte”).

Vollmann habla en todo momento de personas derrotadas, que sufren, que son utilizadas o agredidas. No es un escritor cómodo, pero no por la extensión de obras como ésta, sino por ser muy exigente con el lector: él lo da todo, pero exige atención máxima, la necesidad de dudar de todo, cierto sentido crítico y un estómago en perfecto estado. La recompensa es enorme: Vollmann es un clásico moderno que en libros como éste utiliza la magia de la escritura para iluminar a seres invisibles, zarandear lugares comunes, sacudir conciencias y recordarnos que la marginación es el lugar más desdichado del mundo. De un mundo despiadado, este que nos ha tocado vivir, que se hace más humano y soportable gracias a la gran literatura. A libros como éste.

El pollón de Revilla

“Primero mi polla, luego mi polla, y al final y para terminar, mi polla”. Escuchado en un burdel de carretera.

“Este país merece la pena” (Telecinco) es un nuevo programa presentado por el ex presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla en el que Miguel Ángel Revilla demuestra que, para hacer televisión en España, solo es necesario estar bien dotado. Para la comunicación, digo. Estar bien dotado, mediáticamente hablando, es algo que te abre puertas, te hace famoso, te da alas, te permite montar el pollo. Qué digo el pollo, el pollón. El pollón de Revilla.

_revilla_3b23a17d

En el programa que tengo la suerte de ver Revilla habla con Pascual Margall, Revilla se rodea de niños repipis en el Palacio Real, Revilla hace un posado ante el edificio, Revilla se convierte en una caricatura que ilustra el programa, Revilla cuenta anécdotas patéticas sobre su pasado, Revilla dice que comió mal en una boda real, Revilla ofrece soluciones a problemas de política nacional y de política internacional, Revilla recuerda que cuando “estaba arriba” la gente era muy pelota, Revilla presume de austeridad porque tiene un teléfono muy viejo, Revilla llama a la abuela de un niño para demostrar que es un tío normal, Revilla anuncia una entrevista con un cocinero que se mató dos días después de hacer la entrevista, Revilla presenta a una familia que ha acogido a 54 niños, Revilla muestra la diferencia entre el gen solidario de esta familia y el gen egoísta de Urdangarín, Revilla nos recuerda que al que tiene mucho igual le jode más morirse, Revilla se sienta en medio de la pareja que adopta como si fuese él el adoptado y habla de ejemplaridad, Revilla sonríe con gran simpatía al taxista que le traslada y le responde a preguntas sobre corrupción, Revilla dice estar encantado de que la gente le conozca y le pare por la calle, Revilla pone imágenes del fervor popular que despierta Revilla y asegura estar encantado de que la gente le quiera, “Revilla presidente” grita la gente cuando pasa Revilla, Revilla se marea de tanta popularidad y se tiene que sentar, Revilla viaja a Valencia a ver el ninot de Revilla, Revilla se pregunta por el fenómeno Revilla y lo considera motivo digno de “hacer un estudio”, Revilla cree que su presencia en Valencia será “una contraprestación” a la corrupción, Revilla llama chorizos a los chorizos con dos cojones, Revilla pone la entrevista con el cocinero que se mató unos días antes de entrevistarse con Revilla, Revilla habla con otro cocinero y le hace decir que este país merece la pena, Revilla se despide del programa con una selección de fotografías en las que aparece Revilla junto a las personas que han tenido la suerte de estar en el programa de Revilla con el mismísimo Revilla.

Aparece mucha más gente en “Este país merece la pena”, alguna incluso famosa e inteligente e interesante, pero quedan eclipsadas hasta la invisibilidad por la sabiduría, el gracejo, la campechanía, la honradez, el desparpajo, la grandeza humana y, por qué no decirlo, la humildad, del tal Revilla, uno de esos hombres que ya no quedan. Un pollón, enorme, con piernas.

Este_pais_emerece_la_pena_MDSVID20141119_0071_17

P.D.

Podemos es ETA. Lo dice Telemadrid, la cadena pública que pagan los madrileños…

B4WcJJYIMAAlR3x

P.D.2

B4VcMx1IUAA3oWC

Un motivo para NO ver la televisión

La casa azul.

Autor: Tyto Alba.

Editorial: Astiberri.

lacasaazul

Chavela Vargas salió de su Costa Rica natal visiblemente cabreada: “¡Espero que algún día en cada casa de este pueblo haya una puta, una lesbiana y un maricón!”. Lo cuenta, no podía ser de otra manera, desde la barra de un bar. Una barra sembrada de tequilas. Una barra en la que le acompaña un viajero que pregunta por el museo de Frida Kahlo en su vieja casa azul de Coyoacán. Es su día de suerte: la cantante le cuenta la vida de su amiga, de su amada, de su buena Frida. Y del mundo en que vivían entonces, rodeados de artistas y políticos, un mundo mágico con el gran sapo de Diego Rivera al frente.

Un cómic oscuro y colorista, como la vida de Frida, que va de las fiestas más divertidas a los accidentes más espantosos con la facilidad con que se pasa de página. Se lee en un suspiro, deja un magnífico sabor de boca (ese reposado que gustaba a Chavela) y se guarda junto a todo el material de la pintora mexicana, mujer de leyenda, espíritu irreductible, protagonista de infinitas historias bellas.

29542_la-casa-azul-portada

 

Un manicomio

Esto es un manicomio. Y cuando digo esto me refiero al mundo, a la vida, al día a día. En un partido de fútbol que estuvo viendo media humanidad el jugador de moda, ese con el que sueñan todos los grandes clubes del planeta, soltó un mordisco a un rival en mitad del área. Canibalismo en el Mundial de Brasil, con el delantero uruguayo Luis Suárez dejándose los piños en el hombro del defensa italiano Chiellini. Y es que el fútbol nos vuelve locos. A los seguidores apasionados, a los salvajes hooligans, de acuerdo, pero también a los jugadores, capaces de lanzar un ñasco a un rival o de insultar a un periodista en público. El lateral de la selección española y del Barcelona Jordi Alba amenazó a un reportero en Brasil: “La próxima vez te arranco la cabeza”.

El equipo que busque agresividad y mordiente debería fichar a Alba y Suárez. El que busque salir en televisión para poder decir cualquier gilipollez, al ex presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla, un político adicto a los medios y al populismo de barra de bar. Su última memez: interceder mediante una carta remitida a José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, por la mujer del presentador de televisión Frank Cuesta, encarcelada en Tailandia por tráfico de drogas: “Conozco ligeramente a Frank de la Jungla y le tengo por buena persona”, dice Revilla a modo de explicación.

carta

¿Conoce ligeramente a Frank de la Jungla? ¿Le tiene por buena persona? ¿Y por eso pide un trato especial al ministro? Pues este tío ha sido presidente de Cantabria durante ocho años. Un ex presidente que quiere ser el perejil de todas las salsas, y que no necesita abuela: “Mi apoyo a “Frank de la Jungla” ha sido visto en 18 horas en mi Facebook por 4.038.656 personas, compartido por 50.000 y 95.500 “me gusta”. Es un récord absoluto en mi muro y demuestra el cariño que se tiene a Frank. Se lo he trasladado a Tailandia y está emocionado”, escribe en su página de Facebook.

Alrededor de 2.400 españoles están encarcelados en el extranjero, la mayoría de las veces en lamentables condiciones de hacinamiento e insalubridad. Nada que ver con la situación en los penales españoles. De todos esos reclusos apenas 100 logran cada año el traslado a cárceles españolas, aunque para ello tienen que esperar al menos entre año y medio y dos años desde que solicitan esta posibilidad. No todos tienen la suerte de Ángel Carromero, condenado en Cuba a cuatro años de cárcel por homicidio imprudente. El dirigente de Nuevas Generaciones del PP logró en dos meses la repatriación, una medida que suele llevar dos años.

A Revilla le cae bien Frank de la Jungla, le entretienen sus programas con culebras y arañas venenosas, y pese a conocerle solo “ligeramente” monta una campaña para ayudar a su mujer. Y de paso para dinamizar su Facebook. ¿Y el resto de presos? Esos son familia de charcuteros, taxistas, peluqueras y funcionarios. Es decir, no salen nunca en televisión. Es decir, no existen. Y no tienen derecho a que José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, “se interese por lo ocurrido” en su caso.

De verdad, este país es un manicomio.

P.D.

La hermana del rey de España, imputada por blanqueo y malversación. Ya lo adelantó la prensa…

Bq9mWd1IAAAt5y-

Bq9oIUrCEAAJ-c2

 

Un motivo para NO ver la televisión

The Refreshments.

Cd: WOW Factor.

1403194889_uzzbuyll

Estamos ante uno de los secretos mejor guardados de la música norteamericana. Se llaman The Refreshments, son de Tempe, Arizona, y desde 1994 sólo han grabado cuatro discos. Cuatro maravillosos discos. Desde que hace siete años presentaron el grandioso disco “The Bootle & Fresh Horses” no sabía nada de ellos. Por eso es una magnífica noticia que, cuando los creía muertos y enterrados, resuciten con este “WOW Factor” simplemente brillante. Pop rock potente, con acentos fronterizos, algo de roots y un sentido del rock and roll eterno, incombustible, atemporal.

Este veterano cuarteto suena a gloria, con las guitarras omnipresentes, los acordeones desbocados y las voces perfectas, rotundas. Recuerda a The Blasters y Los Lobos, pero también a Cracker y Gin Blossoms, bandas mas melódicas, más pop. Un gran disco construido alrededor de doce grandes canciones. Ha merecido la pena esperar siete años.