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La insoportable normalidad

Escucho en la radio a Carlos Floriano, vicesecretario de Organización del Partido Popular, decir que le resulta insoportable que se diga que todos los políticos del PP son corruptos. Y tiene razón. Solo son corruptos algunos, el resto se limita a encubrir a los corruptos. O a mirar para otro lado. Los líderes de ese partido han anunciado contundentes acciones legales que, a medida que pasa el tiempo, cambian las estrategias y se enfrían las informaciones, quedan en simple palabrería. ¿Dónde está la demanda del PP a Luis Bárcenas? Pasan los días, siguen las negociaciones, y no llega la famosa demanda. Y es que quizá se pueda arreglar todo por las buenas, como familia que fuimos, sin hacernos heridas.

Hace unos días, en “Los desayunos de TVE”, Floriano se puso muy trascendente, entornó los ojos y explicó que su partido se plantea buscar un acuerdo con el resto de partidos políticos para acordar en qué momento hay que apartar de sus responsabilidades públicas a un político vinculado con un caso de corrupción. No parecía preocuparle la corrupción en sí, y cómo acabar con ella, sino hasta qué momento no se debería llamar chorizo a un político.

“No se trata de combatir la corrupción”, dijo muy digno Floriano, “sino de que un halo, una mancha de sospecha, caiga sobre todos los que nos dedicamos a la política. Manchar a tanta gente, incluso a aquellos a los que les cuesta de su propio pecunio dedicarse a esto, creo que es muy malo para nuestro país”. ¿A los que les cuesta de su propio pecunio? Volvemos a lo de siempre: nos están haciendo un gran favor. Ellos, que con su talento podrían estar ganando fortunas en la empresa privada, se sacrifican para tratar de poner orden entre el populacho a cambio de cuatro perras chicas.

¡Qué sería se nosotros sin filántropos como usted, señorito Floriano!

Así las cosas, quizá el final de todo este escándalo ya asome en lontananza… Pese a la opinión de los grafólogos, Bárcenas se desvincula de sus diarios. Rajoy, satisfecho, le permite quedarse con la pasta. ¡Los dos contentos! Todo ha sido una falsa alarma. En el PP aplaunden la gestión de la crisis: la transparencia ha sido absoluta. Por tanto, aquí paz y después gloría.

Y vuelta a la insoportable normalidad.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Richard Thompson

Cd: Electric.

Estrella del folk-rock británico, y líder de los inolvidables Faiport Convention, Richard Thompson se mantiene al margen de los focos, escondido tras su guitarra y sus recuerdos. Eso sí, aproximadamente cada tres años graba sus nuevas colecciones de canciones. Las dos últimas, “Dream Attic” (2010) y “Sweet Warrior” (2007) demostraban que no había perdido ni la capacidad para escribir canciones brillantes ni el sentido de la melodía.

“Electric” continúa con esa tradición de buenos discos, pero con importantes sorpresas. Primera, el de Londres graba en un estudio de Nashville, la meca del country. Y segundo, lo hace de la mano de Buddy Miller, el productor, y también músico, que ha tocado la guitarra para Steve Earle, escrito canciones para Dixie Chicks o Jim Lauderdale, y dirigido grabaciones de Vigilantes of Love y otros muchos.

El resultado, este “Electric”, es una colección de once canciones que, en ocasiones con guitarras contundentes, a veces con aires campestres, mantiene en primer plano la increíble voz de aquel Thompson que ya deslumbraba con los Fairport o en compañía de su ex Linda. Por cierto: existe una edición Deluxe con siete canciones adicionales.

IBI, beneficencia y caridad

Cuando sea abuelo, que ya no queda tanto, y me haga mis necesidades encima, preferiría que me limpiase el culo una profesional antes que una monja. Una profesional de la geriatría, no piense usted mal. Me sentiría incómodo con una hermanita hurgándome en los bajos, quitándome el pañal y echándome los polvos de talco mientras le colgase del cuello un crucifijo que, frío como un témpano, se balancease y me golpese rítmicamente el escroto. Y es que para los cuidados de personas tan mayores, y de tan delicadas partes del cuerpo, donde esté una enfermera, con sus estudios especializados y su titulación en regla, que se quiten esas fanáticas religiosa que creen en la resurrección y en que un palomo fecundó a María.

Le cuento esto porque Bieito Rubido, director de ABC, ha dicho en “Los Desayunos de TVE” (La 1) que la iglesia no debe pagar IBI porque las monjitas limpian a “abuelos que se cagan”. En ese mismo programa, en unas imágenes grabadas, el bueno de Rouco Varela se decanta por el chantaje: si la Iglesia tuviese que pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles, ese desembolso podría afectar a “otras actividades” de ayuda social, como por ejemplo “la desarrollada por Cáritas”. El resto de tertulianos de “Los desayunos…” cree que la Iglesia debe pagar  IBI, pero reconoce la labor que realizan religiosos y religiosas, y alaban sus ayudas a drogadictos, niños pobres, ancianos desamparados…

Donde esté un profesional, insisto, que se quite un aficionado. Los viejos con el culo sucio, los niños pobres y los drogadictos callejeros no deberían depender de la caridad, una virtud teologal difícil de calificar, cuantificar y organizar. Es el Estado quien tiene la obligación de garantizar a los ciudadanos más desprotegidos el derecho a la salud, y proporcionarles la cobertura adecuada al grupo de población al que pertenecen. Su trabajo, el de los políticos, es gestionar de manera cabal el dinero del IBI (de todos), junto a otros impuestos, para que no sean necesarios sistemas de beneficencia privados paralelos a los estatales.

No debería faltar el dinero para profesionales de la asistencia sanitaria en un país como el nuestro, tan rico y expléndido como para pagar las bebidas que el Presidente del Tribunal Supremo toma en piscinas de hotel, permitir que se construyan aeropuertos sin aviones o gastar 82.000 euros en el retrato de un presidente del Congreso.

Caridad y Beneficencia suenan a Auxilio Social. A ideología, humillaciones y despotismo. Solo en Alemania, del medio millón de niños que pasaron por orfanatos religiosos entre 1950 y 1975, al menos 50.000 sufrieron malos tratos. Palizas, abusos sexuales, trabajos forzados…

En una sociedad civilizada y moderna debería bastar con cobrar el IBI a la Iglesia, poner una X en la casilla de Fines Sociales de la Declaración de la Renta y exigir a los políticos una buena gestión.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La librería ambulante

Autor: Christopher Morley.

Editorial: Periférica.

Esta es la historia de un amor desaforado por los libros y la vida, dos cosas que no son lo mismo pero son igual. Cansada de limpiar la casa y planchar sábanas, la oronda y madura señorita Hellen McGill abandona a su hermano, un escritor de éxito, y emprende una vida nómada: en un arrebato compra la biblioteca ambulante de Roger Mifflin, un carromato cargado de libros.

Si alguien llevase al cine “La librería ambulante” el resultado sería una divertida y enternecedora road movie, repleta de correrías tronchantes y diálogos repletos de optimismo y sentido común. Las aventuras de una pareja de idealistas que sueña con recorrer el mundo viendo, escribiendo y leyendo. Amor a los libros, sí, pero también amor a las personas, a los animales, al mundo rural… a la vida tranquila y placentera. “Estas páginas huelen a las hogazas de pan recién sacadas del horno; en ellas se siente el viento de otoño en los abedules”.

Un enorme libro de Christopher Morley, escritor de Pensilvania que, tras formase académicamente en Oxford, recorrió Estados Unidos como reportero. Tan delicioso como un pastel de arándanos recién sacado del horno.

Uno de mis párrafos favoritos: “Creo que leer un buen libro te hace modesto. Cuando uno logra ver con lucidez el interior de la naturaleza humana, cosa que te proporcionan los grandes libros, uno siente la necesidad de hacerse pequeño. Es como mirar la Osa Mayor en una noche clara o ver el amanecer en invierno cuando uno va a recoger los huevos de la mañana. Y cualquier cosa que te haga sentir pequeño es maravillosamente buena”.

Anita

Ana Pastor entrevista a Rafael Correa, presidente de Ecuador, en “Los desayunos de TVE”. Ella le llama a él “presidente”, y él le llama a ella “Anita”. ¿Amiguetes? No, es que los políticos campechanos son así: se pasan a la prensa por los aledaños del perineo. Los nuestros evitan a los periodistas, les ignoran, no admiten sus preguntas, les ocultan sus verdaderas intenciones. Correa habla por los codos, sonríe en exceso, interrumpe y suelta grandes verdades junto a tremendas perogrulladas y toneladas de populismo. Pero lo peor es la soberbia, característica inseparable de un político de éxito, unida a esos posos paternalistas, e incluso machistas, que arrastra el diminutivo. “Anita”.

“Demasiados negocios privados dedicados a la comunicación social. Debería haber más medios públicos, sin ánimo de lucro”, dice un Correa convencido de que existen “conflictos de intereses. No hay crítica, hay manipulación”.

¿Se arrepiente de cómo ha manejado el tema (del diario El Universo), que ha llegado al indulto?, pregunta Ana Pastor. Y Correa inicia un monólogo por momentos muy interesante, a veces demagógico, siempre sobrado, que termina con una duda: asegura desconocer la ley de prensa que está a punto de aprobar en su país. Estas son algunas de sus reflexiones:

- Más que hospitales y colegios y carreteras, hay que construir la verdad. Es necesario. En América latina se miente demasiado.

- Si algo he aprendido en este oficio es responder a la gente, no a los medios de comunicación.

- Rescatemos la política.

- En un estado de derecho, mi querida Anita, no se persiguen periodistas, se persiguen infracciones, se persiguen delitos.

- En la política, el pecado capital es decir la verdad.

- Derriben el mito de los políticos malvados persiguiendo a pobres periodistas. Desmitifiquen eso, es al revés…

- Ustedes (los medios de comunicación) se creen propietarios de la opinión pública… No, ustedes son propietarios de la opinión publicada.

¿Suena coherente Correa? Sin duda, excepto cuando acusa a Human Rights Watch de estar financiada por el cártel de Sinaloa o cuando llama “Anita” a una periodista que se dirige a él como “presidente”.

P.D.

La muerte en directo (II)

Hace solo seis días nos horrorizábamos con un programa de la televisión China en la que una presentadora entrevistaba a condenados a muerte a punto de ser ejecutados. “La muerte en directo”, se titulaba el post. La muerte en directo es lo que ofreció Telecinco solo unas horas después, cuando María Teresa Campos tuvo que anunciar en la muerte de Paco Valladares, su amigo íntimo.

Mientras Campos estaba hablando, pusieron un rótulo con la frase “ha muerto Paco Valladares”. Televisión en estado puro. Eso debieron pensar quienes comunicaron la noticia a la veterana presentadora mientras realizaba su trabajo. Campos se derrumbó, lloró y tuvo que abandonar el plató. Uno de esos momentos de gran intensidad emocional que tanto gustan a los analistas de audiencias.

A nivel moral la cosa no está tan clara. Podemos recuperar, por última vez, la frase de un productor de televisión con algo de corazón: “La perversión social a través de los medios y la deshumanización frente a un mundo ávido de una nueva pornografía”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Shooter Jennings

Cd: Family Man.

El hijo del gran Waylon Jennings y Jessie Colter grabó en 2005 un disco magistral, “Put The O Back In Country”, y desde entonces su carrera no había dejado de empeorar. Se rompieron todas las promesas, y los siguientes tres discos resultaron decepcionantes. Shooter parecía haber perdido el norte, quizá superado por las excelentes críticas obtenidas o el acelerado ritmo de vida.

Con “Family Man” regresa al sendero correcto, que no es otro que el del country fogoso, sin prejuicios, con un pie en los clásicos vaqueros y otro en el rock sureño/duro. Cuentan que la culpa de este gran disco es de la estabilidad alcanzada por nuestro hombre, convertido en padre de familia tras años de excesos. ¿Domado? No, solo apaciguado. El regreso del hijo pródigo, de la mano de canciones como “The Deer And The Dollar” o “The Long Road Ahead”.

La mala educación

El Papa confiaba en que durante su visita a Madrid el pasado mes de agosto “se cosechasen abundantes frutos para la vida cristiana”. Sólo han pasado unas semanas desde la orgía católica que supuso la Jornada Mundial de la Juventud y los deseos del visionario Benedicto ya se han hecho realidad: en la clase de mi hija, en un colegio de Talavera de la Reina, de los 25 alumnos sólo cuatro van a clase de religión. ¡Este Papa mola, se merece una ola!

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