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Cinco años de telebasura

Dice Jorge Javier Vázquez que “con Sálvame se han enseñado las tripas de la televisión”. Y tiene más razón que un santo. Es más, no solo han mostrado el buche y los intestinos gruesos y delgados, repletos de gases y heces, sino también el páncreas, el bazo, los higadillos y hasta la vesícula biliar. Las asaduras al completo. “Sálvame” ha abierto en canal la televisión, y nos ha enseñado toda la casquería que es capaz de contener, esos órganos tumefactos y pestilentes que no servirían ni para dar de comer a los buitres. “Sálvame es el mayor show de entretenimiento de este país, el que más horas de televisión hace en España; también en Europa; tal vez en el mundo -eso no me ha dado tiempo a comprobarlo-“, afirma Óscar Cornejo, uno de los creadores del formato. Y es que esta fábrica de mierda debe tomar los mismos yogures que Coronado: funciona como un reloj.

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“Sálvame” cumple cinco años en pantalla. Me ha parecido oportuno dedicarle el post de hoy porque posiblemente estemos celebrando el aniversario del peor programa en la historia de la televisión en España. Cutre, sórdido, violento, chabacano, macarra, ruin, hortera, tremendamente mezquino… Con presentadores verbeneros y colaboradores de saldo: Lydia Lozano, Kiko Hernández, Belén Esteban, Kiko Matamoros… A lo largo de estos cinco años “Sálvame” se ha convertido en la meca de la telebasura nacional. “Si queréis me insemino en directo, porque ya sólo queda que caguemos delante de las cámaras”, dijo Mila Ximénez en una frase que puede resumir el espíritu del programa.

“Sálvame, no se de qué manera, va a ser recordado. Estamos durante cuatro horas y veinte minutos durante cinco años; no hay vacaciones, ni los días de fiesta nacional. Algo tendrá”, asegura Jorge Javier Vázqueza. Yo se lo que tiene. Y la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) también: “Sálvame se caracteriza por los continuos enfrentamientos, a veces incluso físicos, entre los colaboradores del programa y con los invitados, por el empleo continuado de lenguaje soez, insultos graves y descalificaciones; por las referencias continuas y explícitas a diferentes prácticas sexuales, con mostración en pantalla de diferentes objetos empleados al efecto, o por la recreación en la emisión de imágenes violentas y/o procaces”.

Cinco velas sobre un enorme excremento de elefante. Esta podía ser la tarta de cumpleaños de “Sálvame”, el programa de Telecinco que intenta que los telespectadores sean peores personas.

El cuerpo

Hace años, en los setenta, cuando en la televisión hablaban de “el cuerpo” era un motivo de alegría: se referían a Rachel Welch, la actriz y modelo que se convirtió en sex symbol tras aparecer en la película “Hace un millón de años” con un ajustado bikini prehistórico. Piel sobre piel.

Un día, el cuerpo fue Rachel Welch. Ya no. Actualmente, cuando en la tele alguien habla de “el cuerpo” se refieren a Marta del Castillo. “Yo tengo el convencimiento personal de que el cuerpo está en esta finca de aquí detrás”, dice Nacho Abad en directo en “Espejo público” (Antena 3). Y abraza al abuelo de la niña asesinada, el cuerpo, en un momento de intimidad que de tan teatral resulta profundamente obsceno. “Es ese abuelo que todos querríamos tener”, sentencia una Susanna Griso que  tratan de ofrecer “una mirada limpia sobre el caso” más hediondo de los últimos años.

¿Hemos superado realmente los traumas sexuales de la vieja España? Quizá solo los hayamos sustituido por otras taras aún más lamentables. Bien es verdad que actualmente las suecas se pasean por nuestras calles con total libertad, sin ser acosadas por hordas de machos ibéricos rebosantes de testosterona. También es cierto que hoy día tres activistas de Femen pueden exhibir sus pechos en el Congreso de los Diputados escandalizando solo a Gallardón y a un par de meapilas más. Pero todo es mucho más complejo…

Durante décadas hemos construido nuestra sociedad en base a complejos y represiones. El cuerpo de Raquel. Ahora la televisión nos invita a congregarnos alrededor de miedos atávicos. El cuerpo de Marta. Una teoría dice que la cultura se construye mediante la represión de los instintos. Es decir, que la clave está en la relación entre los procesos naturales y los culturales: una sociedad equilibrada, sana, debe ir más allá de sus instintos y superar sus impulsos más básicos.

“¡Pamela! ¡Pamela!”, gritaba un histérico Mario Vaquerizo cuando Jorge Javier Vázquez abrió el sobre del programa “Hay una cosa que te quiero decir” (Telecinco) y apareció la ex vigilante de la playa. En el equilibrio está la virtud, pensarán en Telecinco, la cadena que mezcla sin pudor los cuerpos muertos y los vivos. Por las mañanas, Ana Rosa rastrea la Majaloba en busca de Marta. Por las noches Jorge Javier husmea en los implantes de Pamela Anderson.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Cd: CBGB. (Banda sonora original).

Hace años me tomé unas cervezas en el CBGB, seguramente el garito más importante de la historia del rock and roll, con permiso del Agapo. El templo del underground neoyorkino, un icono del East Village, el último tugurio punk. Cutre, sucio, incómodo… maravilloso. El lugar que vio nacer y crecer a Talking Heads, Blondie, los Dead Boys, Iggy Pop, los Ramones y Patty Smith. Un escenario sagrado que pisaron muchos de los grandes, desde Johnny Thunders a Willie Deville pasando por Springsteen, Joan Jett, John Cale, New York Dolls

Pues resulta que acaban de rodar una película que cuenta la historia del bar, y de una época musicalmente mágica. No he visto la peli, pero sí he escuchado la magnífica banda sonora, una recopilación con algunos de los más ilustres artistas de la época dorada del CBGB. Problemas legales con las licencias han obligado a realizar un encaje de bolillos (no están los Ramones pero sí Joey Ramone) que no resta un ápice de interés al disco. Hey, ho, let go!

P.D.

Imprescindible también el libro “CBGB & OMFUG”, acertadamente subtitulado “Thirty Years from the Home of Underground Rock” (Editorial Abraham). Decenas de fotografías en blanco y negro, desde 1976 a 2003, del legendario local, cerrado por la especulación urbanística el 15 de octubre de 2006.

Maltrato

“Tramposilla…”, le dice Jorge Javier Vázquez a una mujer que acaba de contar que sufrió malos tratos por parte de su primer marido. Está invitada en el plató de Telecinco, se supone que para recibir una sorpresa: su última pareja quiere que vuelva con él. Pero resulta que era violento, y la empujaba e insultaba. Jorge Javier Vázquez no se pone del lado de la mujer, duda de su historia, juega con información que parece poseer, y que no cuenta pero sugiere: ella también tiene un carácter fuerte, y gritaba en las discusiones. Incluso a la madre de su segunda pareja, la invitada le dijo una vez “la palabra de cuatro letras”. Es decir, que el tipo pierde los papeles, tira los teléfonos contra la pared, la insulta y empuja… pero ella es una “tramposilla” que llamó puta a su suegra.

Una tramposilla. Sí, el presentador llama  “tramposilla” a una mujer maltratada y sugiere que ella también tiene “mucho carácter”. Semejante esperpento tiene lugar en el programa “Hay una cosa que te quiero decir”, que se emite la noche de los miércoles en Telecinco y se repite los domingos en la cadena Siete. “Emociones, sorpresas, risas y lágrimas te esperan en este nuevo programa de la mano de Jorge Javier Vázquez”, dice la web de la televisión de Paolo Vasile. No dice que el presentador manipula a su antojo a las personas invitadas que, nerviosas, humildes, se muestran en clara inferioridad frente a las cámaras. Ni que resulta soberbio y chuleta. Ni que juega con los sentimientos de gente que ha sufrido, que sufre y que abandona el plató con cara de tener aún mucho sufrimiento por delante.

No están los tiempos como para utilizar la violencia machista para aumentar la audiencia. Jorge Javier Vázquez debería saber que desde enero a mayo de 2013, 22 mujeres han sido asesinadas en España por sus maridos, ex maridos, novios, ex novios, amantes o ex amantes. Y que 32.242 mujeres fueron registradas como víctimas de violencia de género en 2011. Los estudiosos de esta plaga sangrienta aseguran que los hombres violentos son inseguros, desprecian a las mujeres y quieren dominarlas. Es un problema de machismo, de carácter cultural e ideológico. Un problema que viene de lejos, y que es difícil atajar porque las mujeres no denuncian a sus maltratadores, de acuerdo, pero también porque se sigue alimentando la desigualdad y la confusión. González Pons llama “hijos de puta” a los maltratadores para que la gente diga: “así se habla, con dos cojones”. Jorge Javier Vázquez llama “tramposilla” a la maltratada para crear tensión, para subir la audiencia. Un problema cultural e ideológico, ¿recuerda?

La peor política es, como la peor televisión, la populista, aquella basada en la utilización maliciosa de los ciudadanos más indefensos. Esa política de los políticos arrogantes, vacíos, inservibles. Esa televisión con presentadores todopoderosos especializados en hacer juicios paralelos. La televisión que hace Jorge Javier Vázquez, y que resulta mucho más que repugnante. Maltrata al telespectador.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El gourmet solitario

Autores: Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi.

Editorial: Astiberri.

Es éste un cómic extraño, que puede resultar fascinante en su absoluta sencillez, que no simpleza. “El gourmet solitario” cuenta, en 19 capítulos, las andanzas gastronómicas de un comercial japonés absolutamente vulgar que, por cuestiones profesionales, recorre diferentes barrios de Tokio y aledaños. Nuestro solitario antihéroe acaba con la faena de la mañana, tiene hambre, busca un restaurante con buena pinta, pide una serie de platos, detalla los alimentos y la calidad de los mismos, y sale a la calle más o menos satisfecho. Así, hasta en 19 ocasiones.

Imprescindible para los aficionados a sushis, teriyakis, almejas asadas y demás delicatesen japonesas, puesto que descubre infinidad de platos y productos. Algo repetitivo para los alérgico al manga, y nada recomendable para las víctimas de anisakis, ese parásito intestinal que se cobija en el pescado crudo.

Hay una sorpresa, sorpresa que te quiero decir

El estreno anoche en Telecinco del programa “Hay una cosa que te quiero decir” coincidió en su primera parte con el partido de Champions entre Barcelona y Chelsea en La 1 (TVE). Como crítico de televisión con una trayectoria intachable y un prestigio que defender, no tuve ninguna duda: vi el partido. Circunstancia que, por supuesto, no impide que realice una crítica destructiva y feroz del programa en cuestión. Soy crítico de televisión, insisto. Y Telecinco es una cadena de garantía, que jamás decepciona a los consumidores de bazofia y a los críticos sin escrúpulos. Aclaradas las especiales circunstancias del post de hoy, y advirtiendo al lector con el colmillo retorcido de la existencia de sofisticados sistemas de grabación, nos metemos en faena…

Jorge Javier Vázquez estrenó anoche el tercer programa que presenta de forma simultánea en Telecinco: “Hay una cosa que te quiero decir”. El paro galopante no afecta a súper Vázquez, un comunicador super dotado. Si esto sigue así, en unas semanas es posible que el histriónico personaje aumente su protagonismo dentro de la cadena y comience a escribir guiones, construir decorados, manejar las cámaras y hasta preparar el catering de “La noria”. En unos meses quizá presente todos los programas de la cadena. Tal vez en unos años sea el único miembro de la plantilla de Telecinco, junto a un Paolo Vasile pletórico que, al dirigir un negocio audiovisual líder con dos únicas nóminas a las que hacer frente, culminará su sueño como empresario: ¡casi todo será beneficio! La televisión total y absoluta. La gloria.

El proyecto tiene sentido: ¿para qué utilizar actores diferentes si representas siempre la misma obra? “Hay una cosa que te quiero decir” es el clásico formato de transmisión de mensajes lacrimógenos y de reencuentros emotivos que ya hemos padecido decenas de veces. ¿Recuerdan el “Hay una carta para tí” o “Sorpresa, sorpresa”, ambos presentados por Isabel Gemio? Pues eso mismo, pero con Vázquez de intermediario. Y con sorpresas y sobres con invitación incluidos. En este caso se trata de una versión de “C’è posta per te”, un éxito en Italia tras doce años de emisión. Los responsables de la versión española hablan de entre 8 y 10 historias por programa, y de un total de hasta cuatro horas de duración. Para aliviar tamaño pestiño cuentan con la colaboración de  invitados de categoría, como por ejemplo una Laura Pausini (Eloy por fin le pide a su novia, fan de la cantante italiana, que vivan juntos) que, para colmo de males, finalmente canta…

Con esta nueva bazofia, un Vázquez que sigue recorriendo con firmeza el camino de la telebasura asegura “profundizar en el terreno de las emociones”. ¿Emociones? ¿Es decir, reacciones psicofisiológicas? En mi caso hubiese jurado que fue más bien un estrepitoso retortijón, seguramente producido por la estomagante dosis de rupturas, encuentros, reconciliaciones y pasiones de saldo. Lágrimas a cascoporro. Ausencia de pudor. Todo presentado de esa manera tan hortera y casposa que solo Telecinco borda. No me extraña que incluso super Vázquez se derrotase: “acabamos llorando todos”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Warren Haynes Band

Cd: Live at the Moody Theater.

Soberbio guitarrista y cantante de blues, Warren Haynes, músico de Carolina del Norte con dos estupendos discos en solitario, lanza ahora un directo con un concierto íntegro registrado en Austin (dos cd más dvd) en el legendario sello Stax. Una auténtica bomba: Haynes lleva tocando soul, blues y R&B desde que tenía 12 años, y ha formado parte de bandas como los Nighthawks, los Allman Brothers del 89, los Grateful Dead del 2009 o los contundentes Gov´t Mule, un proyecto este último más personal. Un guitarrista total. Un disco perfecto.

http://www.youtube.com/watch?v=XfYZi0ApDOI