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Don Faustino

En el programa “Espejo público” de Antena 3 están convirtiendo en una estrella a don Faustino, un anciano solitario y cascarrabias que busca una familia que le adopte. No quiere vivir solo, busca algo de cariño. Dicho así, podría parecer una buena obra de la cadena de Lara, un ejemplo de solidaridad y servicio público. Nada más lejos de la realidad. Se están aprovechando de don Faustino, utilizando sus surrealistas ideas, sus miserias y su lenguaje montaraz para dar un toque humorístico al programa, y desengrasar entre crimen y crimen. Se burlan de los desvaríos del octogenario, le provocan para que diga barbaridades, le dicen que no sabe sonreír, que así nadie le va a querer. Si don Faustino fuese familia mía, diría que son unos auténticos hijos de perra.

Pero no lo es. En cualquier caso, estoy seguro de que a los presentadores de “Espejo público” no les gustaría que una cadena de televisión tratase a su padre, por muy borde y malencarado que fuese, con el cachondeo y el desprecio con que ellos tratan a don Faustino. Ya sé que es un vejete muy borde, irascible y maniático, pero nadie se merece que le humillen de esa manera, ante millones de espectadores. Sobre todo porque don Faustino, de 80 años, no parece estar en sus cabales: “Soy el inventor del amor y la felicidad, autentico y real”, dice, para regocijo de la jauría de cronistas de sucesos que dirige el cotarro.

http://www.youtube.com/watch?v=9vaeq9iAi_o

“Con este ser a mi lado, no dejamos de recibir llamadas”, asegura uno de los presentadores señalando al anciano, el ser. Y es que por fin, tras varios días con conexiones en directo, don Faustino fue invitado al plató de Antena 3. Un buen lugar para tirarle de la lengua: “Yo solucionaría el problema del paro, y de los maricas y los travestis”, dice don Faustino. “¡No siga usted por ese camino!”, le interrumpe toda digna Susanna Griso. Primero invita al deteriorado anciano a su programa, y cuando dice la barbaridad para la que le han traído, se hace la digna. Periodismo del bueno, enorme humanidad.

“Usted, lo más que ha durado con una familia de acogida es una noche”, asegura el presentador, que da paso a una grabación que muestra al último matrimonio que acogió a Faustino. Llevan semanas con esta pantomima, paseando al pobre anciano por casas necesitadas, contando intimidades y tristezas: que si no le gusta que fumen, que si la cama es muy baja, que tiene que buscarse otra casa…

Veo maltrato psicológico en el caso de don Faustino, un anciano desamparado que es utilizado por una cadena de televisión. Abusan de su debilidad intelectual, se ríen de sus desvaríos, ironizan sobre sus obsesiones, se aprovechan de su indefensión… Son una banda de hienas arrancando las tripas a un hombre acabado. Es la televisión que reina en las mañanas.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Tres noches

Autor: Austin Wright.

Editorial: Salamandra.

Dicen que es “la mejor novela perdida de la narrativa americana”. Y yo, aún aturdido por la lectura obsesiva de este inquietante thriller psicológico, me lo creo: “Tres noches” es uno de esos libros capaz de noquearte varias veces, sin dejar que recuperes el aliento, con una sucesión de golpes diferentes, sorprendentes, terribles.

Editado hace treinta años, “Tres noches” comienza cuando Susan recibe un manuscrito de su ex marido, Edward, al que no ve desde hace quince años. El libro se titula “Animales nocturnos”, y cuenta la terrible historia de una familia que sufre un asalto en una carretera. El padre, Tony, atenazado por el miedo, no es capaz de defender a su mujer y a su hija. Todo se complica y se tiñe de sangre. Susan se obsesiona con la lectura de un texto que, además de inquietarla profundamente, la obliga a analizar su pasado y su presente, a cuestionarse sus relaciones, a replantearse su vida.

Austin Wright, profesor de literatura, juega con los dos libros que forman “Tres noches”. Y cruza de forma magistral las tramas, el crimen espantoso y los recuerdos de Susan, en una novela absolutamente sublime.

http://www.youtube.com/watch?v=nkvuVcu4xxg

La Pantoja canta

“Soy una simple cantante que os ha servido de puta madre”, grazna la Pantoja en la entrevista que lo está petando en Antena 3. La Pantoja ha visto la luz en la corrupción lampante que asola el país. No está sola en esto, y se viene arriba hasta el punto de compararse con la realeza: “soy como la infanta, pero sin sociedad a medias. ¿Por qué a ella no le pasa nada?… Si todos los españoles fuéramos iguales, por qué al señor Urdangarín se le han quitado tantas cosas… ¿Por qué no se le ha detenido, por qué no se trata a todos los españoles por igual?”.

La entrevista no estará incluida, se lo aseguro, en las próximas ediciones del libro “Las grandes entrevistas de la historia” (Aguilar), el clásico de Christopher Silvester. Sin embargo quizá forme parte de los manuales de supervivencia de televisiones chuscas de bajo costo. Realizada por teléfono en el pasado mes de febrero, con la Pantoja caliente llamando como aludida tras finalizar un programa, la entrevista terminó guardada en un cajón. Recuperada estos días, resulta que la charla entre el equipo de “Espejo público” y la tonadillera es un prodigio de rentabilidad económica: con presupuesto cero, está valorada en un millón de euros.

¿Un millón de euros? En eso cifran la rentabilidad de la conversación, un alarde de victimismo y chulería. Sí, quizás sea una choriza, viene a decir la madre de Paquirrín, pero ¿quién no lo es en este país tan maravilloso que tanto me quiere?

En España hemos pasado en muy poco tiempo de los debates de Balbín en “La clave” a los de Jordi González en “La noria”. Una decrepitud que se ha notado incluso en el género entrevista, donde hemos ido de un Jesús Quintero, en ocasiones brillante y en otras patético, a una llamada telefónica emitida meses después con una imagen fija de fondo. Televisión estática y antiestética.

P.D.

Pastora Soler ha dicho, nada más llegar del festival de Eurovisión, que quiere grabar “Quédate conmigo” en inglés. Por si el tema de Gibraltar no hubiese tensado suficientemente las relaciones entre España e Inglaterra, ahí tenemos a Pastora amenazando con lo que podría suponer el comienzo de un conflicto bélico. Existe la posibilidad, bien es cierto, de que los británicos, horrorizados por el esperpéntico estruendo, abandonen la roca a la carrera. En ese caso habríamos descubierto una eficaz arma de destrucción masiva, que tendría un sinfín de aplicaciones. Por ejemplo, traducir la canción al francés y darles donde más les duele a aquellos que se burlan de España con sus guiñoles

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=3ZQG2GkdklQ

Un motivo para NO ver la televisión

American Aquarium

CD: Live in Raleight.

En esta joven banda de Carolina de Norte hay algo de Marah, algo de The Band, algo de Springsteen, algo de Credence, algo de Drive By Truckers… Con estas credenciales es evidente que no puede sonar mal en directo. “Live in Raleight” recoge a la perfección la fuerza del grupo liderado por B.J. Barham. Llevan juntos solo desde 2005, pero ya han grabado media docena de discos formidables. Éste es perfecto para introducirse en el sonido muy americano (country rock, americana, rock sureño).

Champú para caballos

Mucha gente se lava el pelo con champú para caballos. No se debe a la crisis, pese a que es galopante. Ni importa que un frasco de Alterna Ten de 200 ml cueste 48 euros frente a los 12 que vale una garrafa de litro del Anti-fly de Zaldi. Es que está de moda. Sí, lavarse el pelo con champú para caballos. Un blog como éste, incluido en la web de la revista Vanity Fair, no podía dejar pasar la ocasión de analizar un tema que, a medio camino entre la cosmética zarrapastrosa y la veterinaria de élite, refleja a la perfección el glamur que pretendemos transmitir.

Y es que tras años cuidando mechones y cuero cabelludo con productos caros y exclusivos, atiborrados de vitaminas, antioxidantes, extractos botánicos, esencias aromatizantes y revitalizadores milagrosos, resulta que el secreto mejor guardado para mimar nuestro pelaje estaba en la cuadra, junto al Zotal, el pulguicida y los antiparasitarios.

En “Espejo Público” (Antena 3) cuentan esta bonita historia con la ayuda de una chica adicta a este jabón para corceles. La moza, de andar trotón y sonrisa percherona, luce una larga melena que, bien mirada, parece una crin: “llevo tiempo lavándome con champú para caballos y tengo el pelo más bonito, brillante, voluminoso y fuerte que antes”, relincha con alegría.

Especialistas en higiene humana explican que estamos ante otro “producto milagro”, y que lo más probable es que se trate de una estafa. En “Espejo Público” recogen esas opiniones científicas, y también otras favorables, no sé si de un dermatólogo o de un herrador de mulas: el champú de caballo contiene un producto, la biotina, que combate la alopecia y puede ayudarnos a lucir un pelo mucho más sano que, además, crecerá más rápido.

Un reportaje interesante en el que echo en falta una opinión que se me antoja fundamental: la de José Bono, un hombre con problemas capilares propietario de la sociedad Hípica Almenara. Bono eligió quirófano cuando pudo haber elegido inmersión. Es decir, que en lugar de someterse a un  agresivo trasplante pudo haberse sumergido, una moderna versión castellano manchega de Cleopatra, en un barreño de champú para jamelgos. Dos pájaros hubieran palmado con el mismo disparo, biotina a cascoporro y adiós a la caspa, con lo que un nuevo y seductor Bono hubiera resurgido como peludo Ave Fénix.

Un motivo para NO ver la televisión

Sonny Landreth.

Cd: Elemental Journey.

Nuevo disco de uno de los secretos mejor guardados del mundo de la guitarra. Sonny Landreth, natural de Canton, Mississippi, es un compositor, cantante y guitarrista brillante que domina los sonidos del sur profundo. Blues, sí, pero también zydeco, cajun, country e incluso jazz. Este álbum, el número once  de una carrera impecable, es uno de sus trabajos más variados y sólidos. Instrumental, cuenta con la colaboración de leyendas de las seis cuerdas como Joe Satriani o Eric Johnson. Absolutamente imprescindibles para los amantes de la guitarra slide.

Protagonistas

Luis del Olmo dice que ha sido desplumado. Y ha convertido el trágico suceso en noticia de portada, contando su  melodramática historia ante un foro de atónitos estudiantes de periodismo: “Soy probablemente el profesional que más dinero ha ganado en la radio. Pero hace mes y medio, el administrador de mis bienes, que era un hombre de mi amistad, que tenía hasta las llaves de mi casa, me ha hecho una estafa de muchos millones de euros. El 75% de lo que tenía ahorrado y que tenía previsto algún día para mis nietos”. Imaginen los lagrimones de los chavales: por si no tenían bastante con la crisis del periodismo, con los contratos basura y los despidos salvajes, ahora llega Del Olmo y les coloca una de Dickens con todos los ingredientes del buen melodrama. El triunfador desgraciado, el amigo traidor, unos nietos en la indigencia…

“Ese hijo de la gran perra se ha llevado el 75% de mis ahorros”, insiste el veterano locutor refiriéndose a su ex administrador, editor de la revista Don Balón. Del Olmo segura que le han limpiado alrededor de siete millones de euros. ¡Siete millones de euros! Los nietos tienen que estar arrancándose los pelos a manojos. Afortunadamente, en una entrevista concedida a “Espejo Público” (Antena 3) nuestro estafado amigo lanzó un mensaje para tranquilizar a sus seguidores: “Bueno, tampoco estoy en la ruina, todavía me quedan cuatro duros para irme a Ponferrada a tomar un botillo”.

Tengo que confesar que me preocupa más perder el bono metro, y solo me quedan dos viajes, que el hecho de que a Del Olmo le hayan limpiado siete millones de euros. ¿Qué puede llevar a toda una estrella, viejuna pero estrella, de la radio, a desnudar sus miserias ante la humanidad? Un ego del tamaño de la cordillera del Karakórum.

Algo parecido sucede con Mercedes Milá, una mujer adicta al protagonismo incluso en las circunstancias más trágicas. Ayer se podía leer en la portada de la  web de Telecinco, junto a la foto del beso de Risto a Corbacho o las imágenes de Chiqui tocándole el culo a Jorge Javier, una frase melodramática: “mi padre ha muerto y quiero compartir su fin con vosotros”. Perdón… ¿con nosotros? ¿conmigo?

Mercedes Milá puede compartir su dolor con quien quiera y a través del medio de comunicación que quiera, faltaría más. Pero también a mí, faltaría más,  puede parecerme obsceno leer sobre un hecho tan íntimo en un entorno tan frívolo, tan superficial, tan comercial.

La humildad y la discreción son virtudes cada día más admirables. Incompatibles, me temo, con unos profesionales que reclaman, como muy bien supo ver el estafado Luis del Olmo, no dejar de ser jamás protagonistas.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El leopardo del Atlas

Autor: Pancho Purroy.

Editorial: Edilesa.

Francisco José Purroy Iraizoz es un zoólogo navarro que ha viajado mucho, ha conocido a grandes biólogos e investigadores, ha visto cientos de bichos fascinantes, ha estudiado el comportamiento de muchos de ellos y ha escrito un libro sobre sus correrías por el mundo. Podríamos afirmar que Purroy es, para que usted me entienda, un George Schaller español.

Lo mejor que puedo decir de “El leopardo del Atlas” es que descansa en mi estantería dedicada a las obras de los grandes naturalistas-escritores de campo. Es decir, junto a Peter Matthiessen, Gerald Durrell o el ya nombrado Schaller. Es un libro de aventuras protagonizadas por el autor, y también por animales tan fascinantes como Salsero, un oso pardo legendario, o el reencontrado leopardo del Atlas marroquí. Investigaciones importantes, sobre las amenazas a los lobos o a los grandes plantígrados ibéricos. Pero  también batallas con la administración, notables juergas y decenas de anécdotas singulares, sinceras y emocionantes de un entusiasta e incansable hombre de campo. Un placer primitivo y salvaje.