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Con el culo en pompa

Mucho “tronco”, mucho “melón”, mucho “cagalilas”, mucho “cabrón” y mucho “capullo”. Pero muy pocas ideas. ¿El congreso del PSOE que comienza hoy? No por dios, me refiero a “Con el culo al aire”, la nueva serie de Antena 3 estrenada el pasado miércoles con enorme éxito: un 21,9% de audiencia y más de cuatro millones de espectadores, el mejor arranque de la temporada. “Es una metáfora de la sociedad actual”, dice la web de la cadena. Y para dar fuerza a sus palabras asegura que los  “personajes son reales y cuentan historias que tienen profundidad”.
Para que se haga una idea del nivel de “Con el culo al aire”, de la realidad de los personajes y la profundidad de las historias que cuenta, reproduzco uno de los momentos de mayor intensidad emocional de ese primer capítulo. La acción tiene lugar en un camping de caravanas. La madre habla al hijo sobre su novia, la hija del churrero: “¿Tú quieres casarte con ella y tener hijos, o solo quieres meterla?”. Y enciende un cigarro. “Tú lo que quieres es verme las tetas, no?”, le dice la hija de la fumadora a un chico mientras se fuman un porro. La madre, que escucha  desde la puerta de la caravana, ahora con una birra en la mano, les interrumpe: “te doy la mano de mi hija si hacemos un trío… ¡y ha sacado mis tetas!”.


“Con el culo al aire” está condenada al éxito: es la clásica sitcom española situada en ese espeluznante cruce de caminos donde se dan cita “Los hombres de Paco”, “Aquí no hay quien viva”, “Los Serrano”, “La que se avecina”, “Aída” y tantas y tantas otras muestras de nuestro talento televisivo.
La serie se desarrolla en un camping para perdedores, está repleta de personajes grises construidos con una monotonía exasperante, y rezuma costumbrismo ibérico. Mucho vocerío, mucho alcohol, porro y pastilleo, mucha España cañí, y mucho contraste de sentimientos, en una sucesión de situaciones supuestamente dramáticas aliñadas con chistes supuestamente graciosos. ¿Tiene sentido bromear con la crisis, con la miseria, con las adicciones, con, en resumen, las desgracias ajenas? Sin talento resulta innecesario, y hasta grosero.

Un motivo para NO ver la televisión


Ha muerto Carlos Pérez Merinero, guionista, director de cine y, sobre todo, notable escritor de novela negra. Los grandes diarios han ignorado la noticia, y los pequeños también. A fin de cuentas solo había escrito una docena de novelas policiacas… Rafael Reig es de los pocos que le recuerdan:
“No es autor para lectores pusilánimes. Sus libros salpican sangre y semen. Sus personajes son antihéroes de verdad, no para uso de la gazmoñería contemporánea, son machistas, salidos, crueles, brutales, egoístas,  un poco neuróticos y casi siempre muy desdichados. Se suele hablar de él como el Jim Thompson de la Transición, pero creo que no es exacto: Pérez Merinero tenía más sentido del humor, mucho más, que el autor de The Killer Inside Me o Pop. 1280”.
Yo añadiría que era un maestro del humor negro, de la brutalidad y la miseria, de la sordidez emocional. Y buscaría en las librerías de viejo la edición que Júcar publicó de “La mano armada”: “No era un hijo de puta; era nieto de puta. El muy cabrón tenía pedigrí”.