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Ser animal

Un motivo para NO ver la televisión

Ser Animal.

Autor: Charles Foster.

Editorial: Capitán Swing.

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Charles Foster es un escritor, abogado y naturalista británico que quería hacer un libro diferente sobre la fauna salvaje. Un libro entretenido que no cometiera los dos pecados habituales en la literatura de naturaleza: el antropocentrismo (“describir el mundo natural como lo perciben los humanos”) y el antropomorfismo (“asumir que los animales son como humanos”). Para conseguirlo vive en un agujero y come lombrices, como haría un tejón. O husmea en los cubos de la basura del barrio buscando algo de comer, como hacen los zorros. El resultado no es tan extravagante como sugiere el planteamiento, y sí mucho más divertido. Foster es una bestia explorando el mundo animal.

“Me tumbé bocabajo porque es lo que los zorros hacen normalmente. Había una pared a medio metro de mí. La humedad había escalado los primeros treinta centímetros… Había gusanos en mi balsa; gusanos gordos y borrachos con anillos gruesos como las alianzas de los que enfatizan la felicidad. Un zorros los habría absorbido como si fueran fideos: cada uno aporta dos calorías y media –un zorro adulto requiere seiscientas calorías al día- . Aunque la mayoría de los zorros come algunas lombrices de tierra, parece ser que algunos son especialistas, a juzgar por las manchas y las quetas de gusanos en sus excrementos. Es una manera segura y perezosa de ganarse la vida. Como ser notario”.

Foster sabe de qué habla: ha profundizado en las especies en que, digamos, se transforma. Tejones, nutrias, lobos, zorros… Y aprovecha toda esa información para contar de manera amena y didáctica una enorme cantidad de detalles interesantes, insospechados y en ocasiones tronchantes de la naturaleza. La perspectiva es sorprendente, la mirada animal por encima de la humana. Pero no lo es menos la facilidad del autor para dar con el tono adecuado en cada momento, en cada frase. Humano o tejón, Foster sabe contar las cosas. Y domina el tono irónico, el humor inteligente, algo que agradecerá el lector menos naturalista.

“Los ciervos están diseñados para ser cazados por los lobos. Es bastante fácil ser un lobo. Así lo hice yo:

Para empezar, nací en una sociedad que balaba maldiciente: “Adquirir: bien; renunciar: Maaaal”. Luego fui a una escuela lo bastante desvergonzada como para tener una asignatura obligatoria de economía liberal llamada Riqueza Comunitaria, y dond, las tardes de los martes, apuntábamos por la mira de rifles Lee-Enfield de la Segunda Guerra Mundial a comunistas que nos atacaban y conseguíamos insignias magníficas por acertarles entre los ojos…

Así equipados, salimos a grandes zancadas al mundo. En mi caso, más bien me escabullí, lobo ya por constitución, pero no por convicción”.

“Ser animal” es un libro asilvestrado y delicioso, que sorprenderá y enganchará no solo a aquellos lectores interesados en la fauna y sus secretos. El autor dosifica información y agudeza de manera muy astuta, sabe contar las cosas y es capaz de hacerlo de manera original. Toda una lección de conducta y comportamiento animal. Y una demostración contundente de que aún se pueden hacer cosas nuevas en el mundo del reportaje, del análisis y de la etología. Tan interesante como montaraz.

En los senderos

Un motivo para NO ver la televisión

En los senderos

Autor: Robert Moor.

Editorial: Capitán Swing.

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Cansados de la tensa vida urbana, de los agobios y el asfalto, de la dependencia del coche y las nuevas tecnologías, mucha gente está mirando al campo. Algunos pretenden cambiar el piso o el adosado por la cabaña, el estrés por la sencillez. Otros solo quieren pisar tierra. Este libro está dedicado a estos últimos. Aquellos que son felices con solo sentir la hierba bajo las botas. Que se conforman con respirar libertad, ver nubes y escuchar pájaros.

“La información reside en los caminos, pero está codificada en un lenguaje que debe aprenderse concienzudamente”.

Robert Moor, prestigioso periodista norteamericano, ha escrito un libro que nos ayuda a entender esa lengua, un ensayo emotivo sobre los caminos que nos llevan. Caminos que cruzan el planeta, trazados por humanos y por animales, bajo la forma de sencillos senderos o de enrevesadas autopistas. Caminos que han crecido con la civilización, que sorprenden por su utilidad y su belleza, que forman parte indiscutible de la humanidad. La vida es un sendero, y de eso precisamente habla Moor en esta obra fundamental para caminantes, naturalistas y amantes de la vida en movimiento.

“Ciertos caminos son tan elegantes que parece que simplemente hubieran estado durmientes bajo la superficie de la tierra. Lejos de ser una creación nuestra, parece como si se revelaran a través de nosotros. Cuando los humanos, los bisontes, los ciervos y otros animales de los bosques van en busca del paso menos escarpado de una cadena montañosa, todos ellos tienden a optar por la misma ruta. Entonces, ¿quién inventó el camino? ¿Los humanos? ¿Los bisontes? ¿Los ciervos? Parece que la respuesta es que nadie puede atribuirse todo el mérito, puesto que todo camino esencial –en cuanto vía de menor resistencia, o de “mínimo esfuerzo”- viene predeterminado por la forma de la topografía y las necesidades de quienes lo recorren. Del mismo modo que en ocasiones los biólogos afirman que “la función precede a la estructura”, en cierto sentido puede decirse que el camino precede a su constructor, que simplemente está ahí aguardando a que aparezca alguien y lo desbroce”.

“En los senderos” se subtitula acertadamente “Reflexiones de un caminante”. Y es que Moor no habla de oídas: ha seguido caminos de pastores, de cazadores, de escaladores… y por supuesto el legendario Sendero de los Apalaches, el sueño de todo caminante (junto a algunos trekkings en Himalaya). “La vida interior de un senderista cuando lleva tanto camino recorrido es una mezcla menguante de sed de aventuras, hambre creciente, moderada impaciencia y una tranquila capacidad de concentrarse en un solo tema”, escribe un autor capaz de mezclar con criterio y acierto descripciones de paisajes con análisis históricos y sensaciones personales. El resultado es un libro maravilloso que se lee como se recorre un sendero llano de montaña. Con los ojos bien abiertos, los pulmones llenos de aire puro y la sonrisa en los labios. Imprescindible.

Viene el lobo

Todo lo que lea en el post de hoy va sobre lobos. ¿Cual es la razón? Muy sencilla. Presentarles al final del texto el libro “La guerra del lobo” (Capitan Swing). No se me ha ocurrido un modo más discreto, perdóneme, de invitarle a leer este recorrido por la vida del gran depredador ibérico que rodearlo de música y de dibujos. También lobunos, por supuesto. La reseña es gentileza, no podía ser de otra manera, de uno de los más fieles lectores del blog. Pasen y vean, escuchen y lean.

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JD McPherson acaba de lanzar un disco con un lobo en la portada. ¿El interior? No, no es lo de menos. Es un maravilloso homenaje al rock and roll auténtico, sin edulcorantes, sin truco ni cartón. Ese rock and roll que, como dice Luis, líder de los talaveranos Lobos Negros, “quita la tontería”. Los Lobos Negros castellano manchegos no tienen, que yo sepa, nuevo disco. El de JD McPherson, un músico de Oklahoma, entre Memphis y Texas, no muy lejos de Nueva Orleans, es simplemente delicioso.

El lobo es un animal mítico. Ha servido de inspiración para cuentos, canciones, películas y, por supuesto, dibujantes. Me gustan muchos de ellos, pero voy a destacar dos. El primero, Paul Jackson, une dos de mis pasiones: los animales vivos y los muertos. Es decir, los animales y sus huesos.

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Y siguiendo con los lobos y sus calaveras, llega Wolf Skull Jack, una dibujante británica de enorme imaginación que no solo crea auténticas obras de arte, sino que las convierte en unas camisetas maravillosas.

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Un motivo para No ver la televisión

La guerra del lobo.

Autor: Javier Pérez de Albéniz.

Editorial: Capitán Swing.

No faltará quien se sorprenda ante un libro de Javier Pérez de Albéniz sobre un tema como el de “La guerra del lobo”, tan alejado de la televisión, la cultura o el periodismo. Y es que la faceta menos pública del autor es la que le permite tratarlo desde una perspectiva privilegiada: la del entusiasta amante de la vida salvaje que, a la vez, se enfrenta a la problemática de una explotación ganadera familiar a merced de los ataques del mayor depredador de la península.

Es difícil tratar un tema en el que se mezclan tantas pasiones e intereses económicos, personales y políticos: ganaderos, asociaciones de cazadores,  organizaciones ecologistas y científicas, administraciones locales, autonómicas, estatales y europeas no pueden (y muchas veces no quieren) dar solución al conflicto. A pesar de ello, la investigación sobre el terreno de Albéniz a lo largo de un año le permite, por una parte, acercarnos al lobo y, por otra, aportarnos mucha información acerca de las posturas de unos y otros, sacando a la luz muchos detalles sin los que no es posible comprender realmente la situación. Un libro que acaba cautivando incluso al mayor profano en cuestiones relativas al lobo, como ocurre con esas columnas de Jotdown sobre temas que jamás pensaste que acabarías leyendo.

Juan Antonio Balado.

Pinchar para leer el primer capítulo

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P.D.

 

El bien pagao

El micrófono, que permanecía abierto, recogió la frase indiscreta del político-gestor-propagandista. “Puf… Menos mal que estoy bien pagao”, reconoció por lo bajini José Antonio Sánchez, presidente de RTVE, al presidente de la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación y sus Sociedades en el Senado. Tenía más razón que un santo: 197.125 euros anuales es mucho dinero. Sobre todo si usted pone la tele que presiden Sánchez, TVE, y ve programas como el de Javier Cárdenas, la serie de José Luis Moreno “Reinas” o un informativo.

Seguramente ese fue el momento de mayor sinceridad de Sánchez en las cuatro horas que duró la sesión. Una de las preguntas que le hicieron fue acerca de las medidas que tomaba para garantizar la independencia de RTVE. “Mire usted… Ninguna”, dijo muy ufano. Y tras una breve pausa teatral puso la guinda: “Porque no es necesario: la independencia en RTVE está garantizada”.

Nos mienten, nos estafan, nos roban y, además, se ríen de nosotros. Los trabajadores de RTVE han denunciado manipulación, censura, la creación de una redacción paralela, contrataciones a dedo e incluso purgas. “¿Purgas en RTVE?”, dijo Sánchez en un alarde interpretativo que hubiese puesto el vello de punta al mismísimo Al Pacino. “Yo sólo lo había oído de la época de Stalin y esas cosas. Pero que existan purgas y que se consienta y esta cámara no haga nada es aterrador”.

¿Quieren que los esbirros de los políticos digan la verdad? ¿La verdad de la buena? Cierren los micros, dénles de beber unos gin tonics y, si se resisten, pongan a su disposición un volquete de putas. Su hábitat no son las instituciones. El Congreso y el Senado se les quedan pequeños. Con 200.000 euros en el bolsillo le sonríen a la vida, se relajan, se descojonan de usted y entonan bellas melodías…

Bien pagao,

Si tu eres el bien pagao,

Porque tus besos compré

Y a mí te supiste dar

Por un puñao de parné

Bien pagao, bien pagao

Bien pagao fuiste presidente.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Montañas tras las montañas

Autor: Tracy Didder.

Editorial: Capitán Swing.

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“El Gobierno español no se plantea enviar ayuda para la segunda mayor hambruna desde la II Guerra Mundial”, dice el titular de prensa. En estos tiempos salvajes e insolidarios, marcados por las amenazas de Trump, por las guerras olvidadas y por las desigualdades asesinas, son necesarios libros como éste. “Montañas tras las montañas” cuenta la vida de un hombre bueno, que dedicó su vida a la salud de los menos favorecidos. Un médico que eligió la sanidad más pública, más necesaria, más humana: aquella que le llevó de Harvard a los barrios y pueblos más pobres de Haití, Perú, Cuba o Rusia. Lugares donde las enfermedades más sencillas, aquellas que ya no son problema en el primer mundo, arrasan a comunidades enteras. Se llamaba Paul Farmer, era médico y antropólogo (la antropología le interesaba más como herramienta para la “intervención” que como disciplina), y salvó miles de vidas poniendo en peligro la suya. El escritor neoyorkino Tracy Didde firma en este libro un perfil de Farmer amplio, detallado, intenso, emocionante…

“Justo cuando creías que ya le habías cogido el truco a su visión del mundo, te sorprendía. Tenía problemas con grupos que a primera vista podrían haber parecido aliados, que a menudo eran, de hecho, aliados; por ejemplo, a esos a los que llamaba “LB” (los liberales blancos, algunos de cuyos portavoces eran negros y adinerados). ´Me encantan los LB, de verdad que sí. Están de nuestro lado –Me había dicho varios días antes, al definir el término-. Pero los LB creen que todos los problemas del mundo pueden arreglarse sin que ello les suponga ningún coste. Nosotros no pensamos así. El sacrificio, el remordimiento e incluso la piedad tienen muchas ventajas. Es lo que nos distingue de las cucarachas”.

Didder fue amigo de Farmer, y viajó con él a los lugares donde luchó contra enfermedades que, como la tuberculosis, solo seguían siendo mortales en paises pobres abandonados a su suerte. El corazón de la miseria. Ese era el hábitat de un Farmer que recibió esta carta de una mujer con la que quiso casarse: “Durante mucho tiempo he pensado que podría vivir y trabajar en Haití, labrarme una vida contigo, pero ahora soy consciente de que no puedo. Y eso, sencillamente, no es compatible con tu vida, con la vida que una vez me dijiste que te gustaría llevar, hace ya diez años… Las cualidades que amo en tí (las que me atrajeron de tí) son también las que me molestan: en concreto tu compromiso inquebrantable con los pobres, tu agenda infinita y tu compasión hacia los demás”.

Un libro imprescindible para no tirar la toalla y coger el Kalashnikov, para seguir confiando en el ser humano, para pensar, como dice Bernie Sanders, que “perder la esperanza no es una opción”.