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Nicolás Presidente

El Pequeño Nicolás estuvo el sábado por la noche, una vez más, en Telecinco, la cadena de los Chunguitos, Eduardo Inda, Kiko Rivera, Ana Rosa Quintana y compañía. Y habló no ya como estafador de poca monta, farsante de medio pelo o rey del selfie, sino como individuo mediático que despierta el fervor del populacho, encandila a quienes respiran el aire que él exhala e incluso se plantea un futuro en el mundo de la política: “Mucha gente me votaría”, dice el barbilampiño triunfador.

Telecinco le hace un seguimiento intensivo durante todo un día. “24 horas en la vida de un don nadie”, podían haber llamado al reportaje. Pero prefirieron “Vivimos con Nicolás el estrés diario al que está sometido”. Y el resumen es que todo el mundo se quiere hacer una foto con él. En la calle, en el bar, en el fútbol… “Balance del día muy positivo, pero agotador: la gente te apoya mucho”, dice el chavalote con naturalidad.

En televisión se hacen lo que consideran la pregunta del millón: ¿Alguien tan sumamente famoso como Nicolás puede tener vida privada? “Cuando hablamos de Bolinaga, el etarra este que se ha muerto, no sabemos quiénes son sus padres”, responde el Pequeño Nicolás,  “¿Por qué la gente va a saber quiénes son mis padres?”.

La vida privada. ¿De las plantas? No, de los famosetes. “He decidido seguir con mi vida social, privada”, asegura el chaval que no tenía nada que ver con el Partido Popular. Pero que comparte su vida privada con el Partido Popular: hace dos fines de semana estuvo de montería en Cáceres con diferentes cargos del PP extremeño (alcaldes, consejeros de la Junta…) y otros conocidos empresarios. Las fotografías, puro Berlanga, muestran a un Nicolás impecablemente vestido de cazador pijo, teléfono en mano y escopeta al hombro.

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Fran fue recibido por el alcalde de la localidad de Alcántara, donde fue atendido como una estrella. Le pidieron que promocionara el puente romano de la localidad ante la UNESCO, lugar en el que se hizo algunas fotografías. Ya en el campo, al que llegó en un coche con las lunas tintadas, fue obsequiado con el mejor puesto. En Antena 3 cuentan detalles, no llegó a disparar, e intentan conectar en directo con vecinos del pueblo para obtener más información.

El tiempo pasa, y el pequeño Nicolás sigue despertando pasiones en la calle. El poder le invita a cacerías de postín. La política sigue acogiéndole en su seno. La gente, en lugar de ignorarle o despreciarle, como el estafador y farsante que es, le ríe las gracias, le busca para hacerse una foto, le concede espacio en programas de prime time. ¿Nicolás presidente? Nos lo estamos mereciendo.

 

Un motivo para No ver la televisión

While No One Was Looking.

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El sello discográfico Bloodshot Records, uno de los orgullos de Chicago, cumple 20 años. Dos décadas dedicas al rock and roll y a todos sus hijos bastardos, sin concesiones, sin ataduras, con pasión. “Lo que compartimos es una ética del punk/hazlo-tu-mismo, y coincidimos en que la música solo es interesante e innovadora cuando estás dispuesto a tomar riesgos siguiendo tus instintos. El hecho de que no nos preocupemos por las restricciones estilísticas no se lo pone fácil al publico a la hora de definirnos o de etiquetar lo que hacemos. A veces ni nosotros mismos lo sabemos, pero esto es lo que hace que este manicomio sea tan divertido de dirigir. ¿Cómo lo llamamos nosotros? Lo llamamos MÚSICA, amigo”.

Bloodshot Records es country, pero también punk, pop, soul, blues, bluegrass, garaje, surf, rockabilly… Y para celebrar su veinte cumpleaños ha editado este doble CD (triple LP), una colección “que trasciende géneros y estilos”. Y es que han convencido a un puñado de artistas-amigos de la discográfica (Desde The Minus 5 a Chuck Prophet pasando por The Handsome Family o Chuck Ragan) para que graben versiones de clásicos del catalogo de Bloodshot (Alejandro Escovedo, Lydia Loveless, Ryan Adams, Robbie Fulks, Neco Kase…). 38 canciones enormes. Un despliegue brutal de medios, de estilos, de sonidos, de buena MÚSICA.

 

 

Dinero

Tenía que pasar. Era cuestión de tiempo. Y de dinero, por supuesto. En la televisión española actual todo es cuestión de pasta, no lo olvide usted ni por un momento. Dinero, dinero y dinero. Y si no es suficiente con ese dinero… pues será cuestión de poner más. Si la inversión es correcta, el éxito está garantizado: audiencia, publicidad… Es decir, dinero. Que llama a más dinero.

El programa de Telecinco “Un tiempo nuevo” no levantaba cabeza, superado cada noche de sábado por sus rivales de La Sexta. Hasta que tiraron de talonario, ficharon al pequeño Nicolás y machacaron a la tele de izquierdas de Atresmedia. Una vez encontrada la fórmula del éxito, viruta y más viruta, la cosa consiste en repetir el método: en la silla aún caliente del diminuto agente secreto se sentó, solo una semana después, la auxiliar que superó el ébola. Donde dijo Nicolás, diga Teresa. La receta mágica de la televisión moderna: el talonario.

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“No soy la misma. He vuelto a nacer, y no es fácil. Con todo el daño, con todo el sufrimiento… No es fácil esta segunda vida. Era más feliz antes”, dijo una nerviosa Teresa Romero. La presentadora se mostró no sólo como una gran periodista, sino también como una excelente entrevistadora: “Te tocas mucho la cara ¿Es un tic nervioso?”. Televisión ruin, basada en la comercialización de la desgracia, de la polémica, de los detalles personales (“al entrar en mi casa veo que faltan el 90% de las cosas”; “Yo no he tenido hijos y Excalibur era mi hijo”) de una mujer que ha estado muy enferma por ayudar a los demás, que ha sobrevivido, y que finalmente se ve devorada por ese ogro despiadado que es la televisión. A Telecinco la inversión le ha sido rentable: “Un tiempo nuevo” baja casi un millón de espectadores con respecto al pequeño Nicolás, la estrella mediática del momento, pero doblega de nuevo a “La Sexta noche”. Misión cumplida: Telecinco se mantiene líder de audiencia por tercer mes consecutivo.

¿Y Teresa? Que le vaya bonito. La despiden en plató, una heroína en entredicho, y dan entrada a la delegada del gobierno Cristina Cifuentes, una política tan cool como para tener tatuajes. La tele no está para hacer amigos. Recuerde: Está para hacer dinero.

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Así informa Telemadrid, la cadena pública financiada por todos los madrileños, de las primarias en Izquierda Unida. Gran periodismo.

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¿El tiempo que nos ha tocado vivir?

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Un motivo para NO ver la televisión

El baile de los penitentes.

Autor: Francisco Bescós.

Editorial: Almuzara.

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“La verdad es la verdad, Calahorra es Calahorra, el lugar donde nunca pasa nada malo, ni una gota de sangre desde la ocupación romana”. No se crea esta frase, que se puede leer en la recta final de “El baile de los penitentes”. Calahorra es la meca del crimen, de la droga, de los asesinos en serie y de las apuestas. Con permiso del Londres de Conan Doyle, el L.A. de Raymond Chandler o el Atlantic City de Peter Blauner, por supuesto. Calahorra es, a lo largo de las 410 páginas de esta novela difícil de olvidar, un lugar caliente donde se trapichea y se bebe, se juega y se mata, se sale en procesión y se intenta sobrevivir. Calahorra es, por unas horas, el centro del universo negro.

Una teniente de la Guardia Civil llamada Lucía Utrera, la Grande, intenta detener al asesino de una niña gitana. Una pareja de yonquis tiene una última oportunidad para rehacer su vida. Semana Santa. Un capo de la droga confía en su sobrino como heredero. Un hombre debe mucho dinero, demasiado dinero. La Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de la Santa Vera Cruz. Un tipo que se golpea el pecho como un autómata en el acto de contricción. Y Los Borregos, un juego con retranca y mucha pasta sobre el tapete. Como sucede en toda buena novela policíaca, nada es lo que parece. Varias historias brutales, con sus correspondientes protagonistas, se cruzan en una trama compleja que fluye de manera natural, sin duda por estar escrita de maravilla: pese a la sucesión de historias, a los múltiples personajes, a los constantes giros, a los infinitos recodos, el lector jamás se pierde. Todo resulta complejo en un principio, y todo se va aclarando página a página hasta llegar a un final perfecto, lógico, magnífico. Absolutamente recomendable.

Cuéntame un cuento

- La ley es la ley.

- Pues la ley es una mierda.

(Los tres cerditos, en versión Antena 3)

Por fin una apuesta ingeniosa, original, sorprendente. Una vuelta de tuerca, en forma de thriller, a cinco cuentos clásicos. Blancanieves, La bella y la bestia o Caperucita Roja en versiones para adultos, con ciertas dosis de intriga, misterio y violencia. Anoche arrancó esta nueva serie en Antena 3 con una adaptación de Los tres cerditos al género negro, en la que los gorrinos son sustituidos por atracadores, y el lobo por un hombre que busca venganza. Y es que durante el atraco a una joyería resulta asesinada la mujer con la que este último, un ciudadano normal, está a punto de casarse. “Daños colaterales”, dice el puerco mayor. Ante la inoperancia policial, decide tomarse la justicia por su mano, enseñar los colmillos y dar caza a los tres atracadores, los tres cerditos.

“La ley es una mierda”, dice el lobo en una reflexión de candente actualidad. Y cerdito grande, cerdito mediano y cerdito pequeño se refugian en sus casas, de diferentes acabados y calidades. Tantas como la solvencia de los actores: Víctor Clavijo, Antonio Gil, Iñaki Font y un Arturo Vals que igual se disfraza de nadadora sincronizada en “Splash”, de Rihanna en “Tu cara me suena”, de Dora la exploradora en “Ahora caigo” o de cerdito mediano, y algo corto, en esta ficción de acento policiaco. Thriller psicológico, le dicen. Con sus defectos, pero con numerosos aciertos.

Vivimos en un país de cerdos: solo hace falta mirar las calles de Madrid, el suelo de los bares, las listas de imputados. Quizá por eso, y porque la bellota se encuentra en su mejor momento, se puede considerar un acierto que Antena 3 arranque una serie como “Cuéntame un cuento” con “Los tres cerditos”. Un primer capitulo dedicado a tres puercos ladrones a merced de un depredador justiciero. Y algo rencoroso. Y en ocasiones violento.

El lobo que, ante tanta injusticia, a todos nos gustaría ser de vez en cuando.

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Este gamba es Alfonso Grau, vicealcalde de Valencia imputado en el Caso Nóos.

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Portadas…

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Un motivo para NO ver la televisión

K.L.Reich.

Autor: Joaquim Amat-Piniella.

Editorial: Libros del Asteroide.

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Se ha escrito y se ha publicado mucho sobre los campos de concentración nazis, sobre la solución final, sobre el exterminio. Desde Hannah Arendt a Primo Levi pasando por Jorge Semprum, Enzo Traverso o Imre Kertész. Pues bien, de todos los libros sobre este tema firmados por autores españoles, éste sin duda es el mejor. Por la claridad y brillantez de la escritura, por la humanidad de sus personajes, por lo apropiado y directo del lenguaje, por el equilibrio emocional conseguido en la narración de las historias que forman el libro. Por, en definitiva, el enorme valor testimonial de una narración detallada de la vida, si a eso se le puede llamar vida, en un campo de concentración.

“K.L.Reich” cuenta la lucha por la supervivencia en Mauthausen de dos soldados republicanos, Emili y Francesc. Y de todo el  mundo que gira a su alrededor: desde miserables carceleros a solidarios compañeros. Todo impregnado por la corrupción, la violencia, el hambre, el rumor, los hornos, el egoísmo… “El egoísmo era la única arma eficaz contra la acción del tiempo, puesto que los egoístas tenían el privilegio de conservar en sus manos sus respectivas hojas del calendario. Los egoístas y también aquellos a los que la suerte protegía caprichosamente con su coraza”.

Nacido en Manresa, Joaquim Amat-Piniella consigue en esta obra un equilibrio muy difícil, cuando se escribe sobre los campos nazis, entre lo emocional y lo narrativo. Sus descripciones del infierno resultan precisas, estremecedoras, pero jamás caen en el dramatismo fácil. El autor es una víctima, pero también un atento observador de la brutal realidad que le ha tocado vivir: “Era necesario comprender, compadecer, ayudar. Por sentido del deber o por sentimiento sincero, lo mismo daba, era necesario hacerlo. Luchar como fuese, sacrificándolo todo, evitar ser absorbido por el “espíritu del campo”. Cualquier otra cosa sería colaborar con el nazismo”.

Frascesc y Emili. Pero también el rabioso Popeye, un tiránico vigilante. Y Hans Gupper, el Negro, comandante del campo y temido SS. Y el Valencia, y Vicenc, y el Kapo del crematorio, y el sanitario Peter, y King-Kong, y decenas de personajes, algunos entrañables y otros repugnantes, heróicos y miserables, que conforman un mundo en descomposición. Emocionate, estremecedora, muy recomendable.

 

Comercializar el ébola

¿Puede un enfermo de ébola comercializar su enfermedad? se preguntan en los programas de televisión que comercializan cada día con la enfermedad, el dolor y hasta la muerte. Lo hacen minutos antes de que Teresa Romero, la auxiliar que ha sobrevivido al ébola, ofrezca una rueda de prensa. Les preocupa que la mujer, ya fuera del hospital, pueda vender exclusivas. “Primero que de una rueda de prensa y luego que recorra todos los platós que quiera”, exige una Susanna Griso que quiere organizar la vida de la auxiliar.

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Periodistas que corren tras los famosetes, y que pagan a pelagatos por exclusivas insignificantes, por cotilleos miserables, se llevan las manos a la cabeza ante la posibilidad de que Romero cobre por una entrevista. Normal: el nivel moral e intelectual de nuestra televisión es tan alto que algo así resultaría impensable, intolerable, insólito. Que Isabel Pantoja solicite 300.000 euros por una entrevista televisiva es normal, pero que un sanitario se pueda ganar unos cientos es indecente, ¿verdad?

Vivimos en la sociedad del espectáculo. Y la televisión fabrica los monstruos que en ella se exhiben: es un medio de comunicación que vive de la casquería, del altercado y la provocación, de rentabilizar las miserias ajenas. Si una cadena de televisión privada quiere contar con la presencia de Teresa Romero en exclusiva no lo hace por servicio público: con la presencia de la auxiliar buscará aumentar la audiencia, es decir, la publicidad, es decir, la pasta… ¿Tiene que ser Teresa la única que quede fuera del business? Eso pretenden.

Que Teresa Romero cobrase por hablar en Telecinco o Antena 3 podría resultar triste, pero nunca un escándalo. Sería lo normal, la consecuencia de vivir en el país de Jesulín y Julián Muñoz, del pequeño Nicolás y la Pechotes, de Esperanza Aguirre y Jaume Matas, de Marhuenda e Inda, de Mediaset y Atresmedia. La consecuencia de vivir en un país en descomposición, con un periodismo indecente y unas televisiones repugnantes.

Me gustaría que Teresa Romero no entrase en el juego de los medios. Pero si lo hace, que sea para su propio beneficio.

P.D.

La televisión de Castilla La Mancha ya es, tras dura batalla con Telemadrid, la autonómica menos vista de España. Mientras todas crecen, la tele de Cospedal pierde en un mes el 20% de audiencia.

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Un motivo para NO ver la televisión

Michael Leonard Witham

Cd: A Scandal in the Violets.

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Estoy absolutamente enganchado a este disco, a la voz de este músico de Arkansas, a medio camino entres las de Ian Hunter y Steve Forbert. Y estoy enganchado a su forma de escribir canciones, entre la melancolía profunda y el éxtasis vaquero. “A Scandal in the Violets”, primer disco de Michael Leonard Witham, es un debut magnífico en su sencillez: suena a John Prine, a folk moderno, a pasión por la música sencilla y directa. Diez canciones fabulosas en una de las grabaciones más hermosas y adictivas del año.