Sobre los huesos de los muertos

Un motivo para NO ver la televisión

Sobre los huesos de los muertos

Autora: Olga Tokarczuk.

Editorial: Siruela.

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Si usted es de esos lectores de novela negra que busca nuevas sensaciones, que no se conforma con los detectives norteamericanos y las rubias platino, que disfrutó con la irrupción del tsunami criminal nórdico… ha encontrado su libro del verano. “Sobre los huesos de los muertos” es una novela negra animalista escrita por una polaca. ¿Novela negra animalista? Efectivamente: “Los animales tienen muy desarrollado el sentido de la justicia”, asegura una Olga Tokarczuk que defiende teorías ecologistas radicales. “Nosotros tenemos una forma de concebir el mundo y los animales tienen una forma de sentirlo, ¿sabes?”.

Tokarczuk es una novelista y ensayista nacida en Polonia que, tras recibir numerosos premios literarios, escribe este thriller extraño repleto de recovecos y sombras. La protagonista es Janina Duszejko, una ingeniera de caminos retirada que vive en un pequeño pueblo perdido del suroeste de Polonia. Tierra olvidada de bosques vírgenes, fauna salvaje, tipos duros y cazadores. A estos últimos Janina, astróloga contumaz y lectora de William Blake, los considera asesinos sicópatas.

“Qué tristeza, qué gran tristeza siento por los animales muertos, una tristeza que parece no terminar nunca. Mueren uno tras otro, de modo que estoy en duelo permanente. Me hinqué de rodillas en la nieve manchada de sangre y acaricié su pelo áspero, frío, tieso.

- Usted lamenta más la muerte de un animal que la de un ser humano.

- No es cierto. Me duele igual la muerte de unos y de otros. Pero nadie dispara a la gente indefensa”.

Comienzan a aparecer cadáveres humanos. Vecinos de Janina que mueren entre huellas de corzo, cubiertos por escarabajos, siempre en circunstancias relacionadas con la fauna local. La protagonista de nuestra historia vive estos sucesos de cerca, ocasión que aprovecha para enseñar al lector la región donde vive y la sociedad local. Los personajes, sus costumbres, sus miserias y grandezas, sus misterios insondables. Y critica en cada página la violencia irracional de la caza, de la muerte violenta de animales, del desprecio por la naturaleza.

“Ya no existe la naturaleza –dijo, y entonces vi quién era en realidad aquel guardabosques: un funcionario- Ya es demasiado tarde. Los mecanismos naturales han sido alterados y ahora hay que tener todo esto controlado para que no se produzca una catastrofe”.

“Sobre los huesos de los muertos” es una novela negra soprendente, escrita con pasión y compromiso, que apuesta por la conservación, analiza las contradicciones del ser humano, critica la violencia gratuita y juega con un lector que, anonadado por los hechos, se ve sacudido por el sorprendente final. Ideal para estos días de sofoco y campo. O playa.

Olímpicamente machistas

“La hemeroteca de este diario reúne las revelaciones periodísticas más importantes del último cuarto de siglo en España”, escribió una vez el penúltimo director de El Mundo. Igual se refería al 11-M, vaya usted a saber. Pero yo creo que hablaba de los titulares calientes que utilizan para ganar pinchazos. Periodismo de primera categoría que alcanza la cumbre, en cuanto a creatividad y rigor, en “La lista de buenorras internacionales en los Juegos Olímpicos de Río”. Olímpicamente machistas.

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¿Cómo describiría usted, si trabajase en la televisión pública, a una de las deportistas españolas más grandes de todos los tiempos? Pues claro, coño: “Le encanta el rosa, pintarse las uñas antes de cada carrera y le hubiera gustado ser modelo”.

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TVE, a punto de caramelo

Un informe sobre RTVE solicitado por la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) asegura que la radio televisión pública española “no ha sabido adaptarse ni al cambio de hábitos de los usuarios ni al entorno audiovisual en transformación”, y que su estructura está “desajustada”. Pide “un plan de futuro” ante la delicada situación patrimonial.

Espero que el informe haya sido barato. Era absolutamente innecesario. Basta con echar un ojo a la programación de RTVE, o a sus cuentas, para comprender que algo está fallando, que la radiotelevisión pública no funciona, que a quienes deben encargarse de su gestión solo les interesa como instrumento de propaganda.

Con RTVE llevan décadas tomando el pelo a los ciudadanos. Han diseñado un ecosistema audiovisual que favorece a las cadenas privadas, el famoso duopolio formado por Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) y Mediaset (Telecinco y Cuatro), despreciando la televisión pública. Los resultados de semejante trapicheo son demoledores: las privadas se forran (166 millones de beneficio Mediaset, 99 millones Atresmedia) mientras TVE se hunde (37 millones de pérdidas netas).

El concepto que muchos políticos tienen del servicio público es difícil de entender. Mire la parrilla televisiva y sabrá de qué le hablo. Televisión comercial: telebasura y propaganda política. Televisión pública: propaganda. ¿TVE? Se encuentra en la última fase del proceso de demolición al que ha sido sometida en los últimos tiempos. Solo es cuestión de días que alguien proponga privatizarla: “Está demostrado que es una ruina, que pierde dinero y audiencia, que a los ciudadanos no les interesa y les cuesta dinero. La gestión privada mejoraría los contenidos y las cuentas”, dira el político a sueldo del empresario.

En este sentido, resulta enternecedor el editorial del diario El País titulado “RTVE necesita un plan”. Prisa, una de las empresas que mayores beneficios ha obtenido de los trafullos audiovisuales de sucesivos gobiernos, y que peor los ha gestionado, se atreve a hablar de la incapacidad del Gobierno “para definir un modelo televisivo”.

Si quieren hundir la sanidad y la educación públicas, ante la indiferencia de buena parte de los ciudadanos, la verdad es que no encuentro razón para que no hagan lo mismo con la televisión.

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Una vida a contratiempo

Un motivo para No ver la televisión

Glenn Gould

Autora: Sandrine Revel.

Editorial: Astiberri.

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Una recomendación: para disfrutar de manera total de este cómic mágico es recomendable leerlo mientras se escucha alguna grabación de Gould, si es posible las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach, en su versión de 1965. De momento, pinche el vídeo final…

Hablar de Glenn Herbert Gould es hablar de música, de pianos y de fragilidades. De sonidos hipnóticos. Canadiense de Toronto, Glenn fue un niño prodigio que ofreció su primer concierto con trece años. Vivió por y para la música, de manera tan profunda e intensa que descuidó, o no supo gestionar, otros aspectos de su existencia. Torturado por la presión de los conciertos, dejó de tocar en público cuando estaba en la cima de su carrera y se centró en las grabaciones: “Odio a los espectadores. No como individuos, sino como masa. Creo que forman parte de las fuerzas del mal. Sentía que el público era un obstáculo en la vía de lo que me proponía conseguir”.

Excéntrico en todos sus gestos, buscó durante toda su existencia el perfecto piano imperfecto. Y lo perdió en un accidente durante un traslado. Así fue su vida, un cúmulo de éxitos profesionales y fracasos personales. Un profundo hastío por la interpretación y la gente, un intenso amor por los animales, la radio, la escritura y, por supuesto, la música. Cantaba durante las grabaciones, y marcaba el ritmo con el pie. Investigó las técnicas digitales, se sentaba a tocar en una silla mugrienta con las patas recortadas, vistió de manera extravagante y fue técnicamente genial, único, irrepetible.

“Las personas de las que me rodeo no son artistas. Los artistas me recuerdan a los monos apelotonados en el peñón de Gibraltar. Son personas que se preocupan tanto por su imagen que excluyen automáticamente una gran parte del mundo. Las personas que encuentro más interesantes son las que son capaces de emitir juicios sinópticos: los diplomáticos, los comunicadores, los periodistas cuando no están pervertidos por los clichés del periodismo. Pero los artistas son como los monos de Gibraltar”.

La ilustradora francesa Sandrine Revel recorre la vida de Gould de manera desordenada y aparentemente anárquica, recreándose en los detalles con viñetas mudas que tienen sonido, husmeando en las entrañas del genio con detalles aparentemente irrelevantes. El resultado es de una originalidad sorprendente, de un ritmo musical, de una belleza sinfónica. Una obra a la altura del clásico.

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