Nosotras paramos!

58

El show de Albert

Un motivo para NO ver la televisión

El show de Albert Monteys.

Autor: Albert Monteys.

Editorial: ¡Carmba! / Astiberri.

elshowdealbertmonteys

En primer lugar me gustaría enviar un fuerte y solidario abrazo a la familia y amigos de Albert Monteys: ellos son los verdaderos protagonistas, los auténticos héroes, de un cómic autobiográfico en ocasiones desolador, siempre tronchante. Albert es un ser… digamos que especial. Vanidoso, inseguro, obsesivo, orondo… Y por supuesto encantador: pese a ser un catalogo de manías y miserias tiene una familia que le soporta y hasta parece quererle. Albert dibuja historietas, supuestamente de humor. Esta es su obra. El show diario de Albert Monteys contado por el propio Albert Monteys.

Antes que nada, decir que la edición es espectacular. Tapa dura, portada luminosa, y 158 páginas en las que nuestro hombre se desnuda ante el lector. Un espectáculo no demasiado prometedor, pensará más de un amante de la historieta. Pero la grandeza de Albert no está en su físico, tal y como él mismo se esfuerza en aclarar, sino en un sentido de humor cabroncete, realista, despiadado, brillante. Profundamente autocrítico, nuestro dibujante se fustiga de manera cruel, en ocasiones delante de su propia familia, para deleite de un lector que más de una vez se ve reflejado en él, en sus desdichas y mezquindades.

Reconozco que abrí “El show de Albert Monteys”, recopilación de historietas publicadas con anterioridad en “Orgullo y satisfacción”, con pocas esperanzas. Y he de confesar que no pude dejar de leer, entre carcajadas, hasta la viñeta final. Divertido a rabiar.

showmonteys_1

DUNwH4hXcAAicTn

5G

Volvemos a casa a las nueve y medía de la noche. Diluvia en una carretera comarcal sin arcenes. De pronto, aparecen tres vacas en medio de la carretera. Las sorteamos de milagro y llamamos a la Guardia Civil. “Si quiere hablar con el cuartel pulse 1”. Comunica. Pasan cinco minutos y sigue comunicando. Llamamos al 112 (Emergencias). Se corta: no hay cobertura en la zona donde vivo.

Captura de pantalla 2018-03-01 a la(s) 14.19.38

(Misma carretera, días antes)

Esa misma mañana el rey Felipe había inaugurado un congreso en Cataluña que, dijeron, era sinónimo de progreso. Explicaron a su majestad que el futuro es el 5G. Su majestad escuchó muy atento, habló de investigación, de inversiones, de modernidad. Sí, el rey habló de modernidad. Y se marchó a su casa. Y la gente se quedó allí, hablando de su hoy y de su mañana.

Captura de pantalla 2018-03-01 a la(s) 14.09.08

¿5G?

Las dos Españas no son las protagonistas de una vieja historia de postguerra en blanco y negro. Las dos Españas son una realidad actual. Dos mundos antagónicos, con distintas formas de vida, con servicios diferentes, con un futuro desigual. Y ambos dentro de, dicen, un gran país.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La ley de Carter

Autor: Ted Lewis.

Editorial: Sajalín.

ley_carter

Ted Carter, el sicario más cabrón de Londres, recorre la ciudad en busca de un soplón. Acaba la década de los sesenta, es Navidad, Carter se acuesta con la mujer del jefe… Y sin embargo está de muy malas pulgas. El lumpen londinense le da asco y sed. Sobre todo sed. Nuestro hombre bebe constantemente, en cada lugar y en cada circunstancia, antes de un tiroteo y después de un funeral, en la cama y en el bar, por el día y por la noche, solo y acompañado. Pero la bebida no le resta ni un ápice de carisma: Carter es inteligente e irónico, y puede ser brutal y despiadado. Es más, en ocasiones parece que incluso pudiera haber sido sensible en algún momento de su vida.

“En la barra está la clientela habitual de después de las once de la mañana: la oleada de bebedores bien vestidos y oliendo a aftershaves, y si no fuera por los ojos llorosos jamás adivinaríais que tienen que servirse un jerez antes de salir de la cama, ni que casi todos ellos se han pasado una hora temblando en el retrete (o inclinados sobre él) antes de devolver algo de humanidad a sus cuerpos”.

“La ley de Carter” es una novela negra impecable que, sin embargo, no alcanza el calibre de “Carter”, el estreno de la serie con las hazañas del matón. Publicada cuatro años después, “La ley de Carter” está construida sobre una trama quizá enrevesada en exceso, y sin necesidad, protagonizada por decenas de personajes, muchos de ellos insignificantes. Insignificantes, podría ser, si no fuera Ted Lewis quien les sitúa en escena, quien les hace hablar, quien les desnuda y maltrata. Y es que la peor novela negra del mundo reescrita por Lewis, talento en estado puro, se podría leer con enorme placer.

“El ascensor huele igual que el tanga de una estríper, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta la cantidad de fulanas que ha transportado desde que mis jefes, los hermanos Fletcher, lo instalaron hace dieciocho meses”.

Lewis sigue ofreciendo un curso de literatura policiaca europea, pero con regusto claramente norteamericano, en cada nueva traducción de las correrías de Ted Carter. Diálogos impecables, personajes perfectos, situaciones complejas que se resuelven de manera brillante… Un maestro.

Responsabilidad personal

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha dicho que no asistirá a la recepción oficial de Felipe VI por el Mobile World Congress (MWC). Y me parece fatal. Pero no por el hecho de que se niegue a compartir espacio vital con el hijo de Juan Carlos I, sino por la razón que esgrime: “la responsabilidad institucional (del rey) ante las miles de personas que sufrieron cargas policiales durante el referéndum del 1 de octubre”.

VI-Generalitat-Puigdemont-Barcelona-Congress_EDIIMA20171003_1024_5

Debió de anunciar que no asistirá a los actos a los que vaya Felipe VI porque es republicana, en caso de que lo sea. O porque no cree en un sistema hereditario tan prehistórico y rancio, o porque le repugna lo de la sangre azul, o porque es ver a Felipe y acordarse de Urdangarín, o por cualquiera de los cientos de razones que puede argumentar un demócrata para no tener nada que ver con una monarquía. ¿La “responsabilidad institucional” de Felipe ante las personas que fueron apaleadas el 1 de octubre? Me temo que es mínima. En este caso tendría que dejar de reunirse con el ministro de Interior y la cúpula del Gobierno presidido por Mariano punto Rajoy. Lo que tampoco sería descabellado…

Decíamos que la “responsabilidad institucional” de Felipe ante las personas que fueron apaleadas el 1 de octubre es mínima. Es sin embargo máxima la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. Cuestión de responsabilidad personal. “La corrección política es enemiga de la libertad”, asegura en El País Mario Vargas Llosa. Y no seré yo quien lleve la contraria a tan ilustre liberal. Por tanto le digo que no asistiría a ninguna recepción oficial de Felipe VI porque soy republicano, porque al padre de este señor le escogió un dictador, porque la monarquía me parece un atraso en pleno siglo XXI, porque soy profundamente demócrata, etc.

Un motivo para NO ver la televisión

Joan Baez

Cd: Whistle Down The Wind.

91EqML8Fn7L._SX355_

Había perdido la pista a Joan Baez cuando, hace solo unos días, escuché una maravillosa versión suya de “The night they drove old Dixie down” en la banda sonora de la película “Tres anuncios en las afueras”. ¿Qué será de la cantautora neoyorkina? Me pregunté. ¿Cuántos años tendrá? ¿Se habrá retirado discretamente? Pocas horas después estaba escuchando Whistle Down The Wind, el que es su nuevo disco.

Joan Baez tiene 77 años, y se encuentra en plena forma. Así lo parece tras escuchar este nuevo trabajo, un disco de una madurez impresionante y una enorme solidez musical. La Baez de 2017 no es la Baez de 1975, una hippy de guitarra acústica y micrófono a la sombra de Dylan. Whistle Down The Wind reune diez canciones cuidadosamente elegidas, firmadas por gente como Tom Waits, Josh Ritter, Mary Chapin Carpenter, Eliza Gilkyson o Joe Henry. Composiciones serias, en ocasiones complejas, que han sido grabadas y producidas por este último. Joe Henry consigue una vez más un equilibrio mágico, hacer que lo difícil parezca sencillo, con un sonido elaborado pero directo, suave y contundente, humilde y elegante.

“Whistle Down The Wind” pide ser escuchado una y otra vez. Con cada nuevo pase se descubren matices instrumentales, tonos insospechados en la voz de Baez, genialidades ocultas en unas canciones redondas. Bienvenida sea la eterna Joan Baez con discos tan comprometidos y modernos como éste.