El enterrador

El Partido Popular ha propuesto como nuevo director general de RTVE a José Antonio Sánchez, el hombre que puso en la calle al 80% de la plantilla de Telemadrid. José Antonio Sánchez fue el último director general de RTVE durante el Gobierno de José María Aznar, en el periodo comprendido entre 2002 y 2004. Por tanto, fue el jefe del legendario Alfredo Urdaci, aquel del “Ce-Ce-O-O” y la manipulación masiva: Prestige, guerra de Irak, 11-M… José Antonio Sánchez es uno de los periodistas que aparecen vinculados a los pagos en B del Partido Popular, según aparece en los famosos “papeles de Bárcenas”. José Antonio Sánchez es… ¿franquista?: “No me considero anti nada, y muchísimo menos, antifranquista”. José Antonio Sánchez es el tiro de gracia a la televisión pública española.

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He titulado este post “El enterrador”, pero muy bien podía haberle llamado “El verdugo”. O incluso “El sicario”. El nombramiento de José Antonio Sánchez, hombre de Luis María Ansón y de Zaplana, una apuesta de Cospedal, como nuevo director general de RTVE, es toda una provocación. Y una sentencia a muerte para la televisión pública. Nadie en su sano juicio confiaría una televisión debilitada y frágil como TVE a un hombre con el currículo de José Antonio Sánchez, salvo que le estuviese aplicando la extremaunción. O que estuviese muy desesperado…

Se trata de una elección de partido. A años luz de cualquier forma de consenso. La elección de un partido sin criterio, desesperado, puesto que deja en evidencia al PP y levanta ampollas en el resto del panorama político. No importa. El Gobierno de Mariano Rajoy está contra las cuerdas, acorralado por la crisis, el paro, la corrupción, la dimisión de Gallardón, la torpeza de Ana Mato a la hora de gestionar la crisis del ébola… Si Rajoy y los suyos quieren mantener sus puestos, aunque no sea con mayoría absoluta, tienen que echar el resto en la máquina de propaganda. RTVE tiene que estar a su servicio al 100%, sin tibiezas, sin disimulos, sin vergüenza. ¿Objetivo? Salvar las elecciones autonómicas y municipales de mayo, y las generales, que tendrán lugar meses después.

Arranca el Servicio de Propaganda Urgente del PP. Y lo hace a lo grande, sin caretas, sin complejos… No descarten el regreso de Urdaci, sería la guinda de la tarta.

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Un motivo para NO ver la televisión

Paul Collins.

Cd: Feel the noise.

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Regresa un viejo amigo, uno de los reyes del power pop, una leyenda en España por sus legendarios conciertos en los años 80. El hombre que, junto a Peter Case y Jack Lee, formó The Nerves. El líder de The Beat, la banda que grabó un primer disco monumental, mítico, con canciones que rozaban la perfección pop como “Rock and roll girl”, “Diferent kind of girl” o “Don´t wait up for me”.

Paul Collins ya no es un chaval, pero sigue sintiéndose el rey del power pop. En su nuevo trabajo demuestra que es un tipo fiel a sus principios, a su sonido, a las guitarras y a las canciones de menos de tres minutos. Grabado en Detroit, este “Feel the noise” suena fresco y sincero. Es la música de un hombre que no entiende el negocio de otra manera. Credibilidad, buenas canciones y una versión de “Reach out I’ll be there”, el clásico oscuro de los Four Tops. No podía ser de otra manera viniendo de Detroit, la ciudad de la Motown

Dedicación absoluta

El buen mozo que aparece en la fotografía parece haber salido a hombros de Las Ventas tras matar una corrida de Miura. O haber protagonizado el más exitoso de los culebrones colombianos. Pero no. No se llama “El niño de los debates”, ni Antonio Miguel Daniel Alejandro. Pero casi. Su nombre es Antonio Miguel Carmona, y es muy posible que su expresión viril y su pelo engrasado le suenen de algo. El mancebo de la imagen es un político que quiere ser alcalde de Madrid. Alcalde socialista, para ser más exactos. Y su semblante varonil quizá le suene porque ya ha pasado por este blog: Carmona es tertuliano. Un tertuliano aspirante a alcalde (sin primarias).

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¿Post repetido? No. La noticia es que el tertuliano Carmona quiere ser alcalde justo cuando Pedro Sánchez, el nuevo líder espiritual socialista, pretende exigir a sus parlamentarios dedicación absoluta. Es decir, quiere prohibir que reciban remuneraciones complementarias, como dar clases en la universidad, escribir artículos en la prensa o… ¡asistir a tertulias televisivas! Pobre Carmona, golpeado ahí donde más le duele.

Porque a estas alturas, Carmona es un personaje televisivo. Como Belén Esteban, Jordi Hurtado o José Luis Moreno. El aspirante a alcalde ha construido su carrera de plató en plató, de tertulia en tertulia, de pequeña bronca en monumental gresca. Y todo para que ahora venga un novato, también de porte altivo y varonil, eso sí, y pretenda capar el altavoz del aspirante. Y cerrar una fuente de ingresos. ¡Dónde se ha visto mayor intromisión!

Lógicamente, las intenciones de Sánchez han creado malestar en el PSOE: “Genera una presunción de criminalidad sobre nuestro trabajo cuando él mismo se ha hinchado a tertulias y a dar clases en la universidad”, han dicho con toda razón voces anónimas del partido. Así las cosas, Carmona, el hombre que ha reconocido haber “metido gente en los medios de comunicación” y que su discurso en plató está “teledirigido”, se hizo el sordo y se sentó ayer lunes en la tertulia de La Sexta. Ahí estuvo, subtitulado como “profesor de economía”, consolidando su candidatura a la aldaldía junto a Marhuenda y compañía.

Madrileños, el futuro tiene buena pinta.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Los últimos.

Autor: Juan Carlos Márquez.

Editorial: Salto de página.

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El fin del hombre en la Tierra. El comienzo de la civilización en Marte. De todo esto habla este libro tremendo, que he leído de una sentada y que me recuerda momentos memorables de la literatura (y la televisión) apocalíptica. “Los últimos “ tiene algo del Cormac McCarthy de “La carretera”, del Sánchez Piñol de “La piel fría”, y de los zombis de Walking Dead.  “Los últimos” es una historia global a través de pequeñas historias personales, las de unos supervivientes que luchan por olvidar y sueñan con reproducirse, con evitar la extinción. Todo contado a un ritmo frenético, con capítulos breves e impactantes como ráfagas de ametralladora, que sorprenden y emocionan, que advierten de lo que nos espera: “Si el hombre se extinguiera en cuanto a raza y alguien o algo quisiera conocer su naturaleza, toda la información imprescindible podría encontrarla en la memoria de esos artilugios electrónicos: contactos, mensajes en los contestadores, WhatsApp, links, correos electrónicos, estados de Facebook y Twitter, aficiones reales y virtuales, transacciones económicas…El espíritu humano cabría en un miserable Nokia de trigésima generación”.

En “Los últimos” solo queda en pie la estatua de Mickey cogido de la mano de Walt Disney. Un símbolo de civilización que se encuentra “en un descampado de tierra muerta”. No hay niños comiendo algodón de azucar alrededor de ese monumento capitalista, solo monstruos caníbales sedientos de sangre. Los supervivientes. Quizá sea este “el último estertor de furia que precede al duelo”. Muy interesante.

 

Pierde la vida y muere

Nos hemos caído. La empresa de dominio del blog ha reseteado la configuración, lo que ha provocado el tropezón de El Descodificador. Hemos tardado unas horas en levantarnos, pero ya estamos en pie. Lo siento mucho, no volverá a suceder.

A lo largo del día recuperaremos la normalidad. Volvemos al periodismo de calidad…

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La pirámide de corrupción

El País del pasado miércoles contaba en su contraportada, a todo trapo, la “insólita presentación de la última novela de Javier Sierra dentro del monumento del faraón Keops”. Como firmaba la pieza Jacinto Antón, periodista al que admiro y disfruto, y con el que me unen aficiones tan insólitas como los relatos de devoradores de hombres, la recolección de egagrópilas o las hazañas bélicas menores, la leí de cabo a rabo. Era publicidad. Imagino que Planeta, editora de “La pirámide inmortal”, invitó al grupo de periodistas a viajar a El Cairo para que escribieran este texto, que posteriormente vendieron a los lectores que habíamos pagado 1,30 euros como si fuera información. Era publicidad, insisto.

Una lástima, porque la verdadera noticia de contraportada, o incluso de portada, estaba escondida en las entrañas de ese mismo diario. Concretamente en la página 28, menos de media columna, apenas veinte líneas perdidas en medio del tsunami del análisis de las cuentas del Estado para 2015. La noticia decía así: “La partida de transferencias que más crecerá porcentualmente en 2015 será la destinada a los partidos políticos”. No me diga que no le parece un notición: mientras la sociedad se desangra, víctima de la crisis y la corrupción, los partidos políticos recibirán más dinero “como consecuencia de la celebración de las elecciones generales y autonómicas”.

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Mientras se recorta en la Educación pública, conocemos que consejeros de Caja Madrid gastaron 15,5 millones de euros con tarjetas de crédito otorgadas al margen de los gastos de representación y de los estatutos de la entidad financiera. Al tiempo que se recorta en la Sanidad pública, nos enteramos de que el ex ministro Gallardón deja la política para entrar en el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid: 8.500 euros brutos, más secretaria y chófer, por asistir a una reunión semanal. Justo cuando la pobreza se perpetúa en España, con 2,5 millones de ciudadanos en riesgo de exclusión social y con Cáritas registrando el mayor aumento de personas atendidas desde 2008, sabemos que en 2015 los partidos políticos recibirán del Estado 156,44 millones de euros, un 84,7% más que en 2014.

Pues mientras pasa todo esto, una pirámide de corrupción, mi periódico acepta una invitación de Planeta y me vende como información, y a toda pastilla, la pirámide inmortal, una historia que es publicidad. Lo que viene siendo la crisis de la prensa.

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Un motivo para NO ver la televisión

Luke Winslow-King

Cd: Everlasting Arms.

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Luke Winslow-King es uno de esos tipos a los que jamás escucharás en los 40 Principales. Ni en la mayoría de radios españolas, un erial en lo que a rock and roll se refiere. Cantante, guitarrista y compositor, natural de Michigan pero vecino de Nueva Orleans, Winslow-King ha grabado un cuarto disco que suena a sur profundo, a guitarras con swing, a voces que se arrastran por el barro y metales que invitan a salir de juerga. La mezcla de géneros, realizada de manera natural, es infinita: del rock al folk, del gospel al blues primitivo, del jazz al soul o el ragtime. ¿Batiburrillo? Para nada. Una fiesta sureña que puede acabar sonando como los Stones o como Charley Patton. Maravillosamente imprevisible.

Acompaña a Winslow-King una mujer, Esther Rose, que rasca la tabla de lavar y apoya a nuestro hombre en las voces. Un duo original y creíble que ha grabado un disco de largo recorrido.