Todo muy triste

“En la HBO, “Alatriste” sería distinto. Pero esto es España”, escribió Pérez Reverte hace unos días en su cuenta de Twitter. Se refería al estreno en Telecinco de una mediocre serie basada en sus novelas de espadachines. El escritor, reportero y académico tiene toda la razón: esto es España. En el país de la HBO no se hubiese emitido jamás una serie tan mala, sus libros posiblemente no serían best sellers y puede que incluso él no fuese académico. Pero como estamos en España, ¡disfruta Arturo, coño, que no se diga!

La eterna comparación entre las series españolas y las norteamericanas. “Las diferencias se deben únicamente a los presupuestos”, dicen algunos. “Talento nos sobra, faltan medios”, dicen otros. Olvidan que existen cadenas generalistas en otros países, como la BBC, France 2 o ITV, que producen y emiten series de gran calidad para el gran público.

Yo tengo una teoría. Hacer series de calidad no solo es caro. También es difícil. No todos los guionistas pueden escribir los diálogos de “Los Soprano”, no todos los actores son capaces de estar al nivel de Matthew McConaughey en “True Detective”, no todas las productoras quieren arriesgar su dinero, no todas las cadenas quieren emitir programas de calidad. En España en estos momentos es más sencillo, y por supuesto más rentable, programar debates políticos, concursos cutres y series infectas (realizadas a precio de saldo). Porque lo importante no es, créame, hacer buena televisión. Lo importante es ganar dinero.

¿No me cree? Vea si tiene estómago diez minutos de “Alatriste” (Telecinco). O cinco de “Gym Tony” (Cuatro), una comedia de esas costumbristas, campechanas y supuestamente divertidas. O unos segundos de la cuarta temporada, que arrancó la noche del miércoles, de “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, el dating show con el que Cuatro pretende “marcar tendencia”.

“En la HBO, “Alatriste” sería distinto. Pero esto es España”, insiste Pérez Reverte. O sea, lo mismo que le pasa a mi abuela: que si tuviese testículos sería mi abuelo.

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P.D.

 

 

Lee o revienta

Escribo el post de hoy con una profunda desgana: no me apetece escribir, me apetece leer. El cuerpo me pide coger un libro, no un lápiz o un teclado. No quiero contar nada, prefiero que me cuenten algo. Seguramente porque tengo poco que contar, y mucho que escuchar, que ver, que leer.

Vivo en un país donde el 35% de los ciudadanos no lee “nunca o casi nunca”. En el último cuatrimestre las ventas de libros bajaron un 7,4%. Vivir sin leer es vivir a medias, es malvivir. Sin leer se vive peor, pero sobre todo se piensa peor. Y justo ahora lo que más necesita nuestra sociedad son ciudadanos que piensen.

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Los radicales leen muy poco. O quizá mucho, pero siempre el mismo libro. Leer siempre el mismo libro es tan peligroso como comer siempre la misma comida, hablar con la misma persona o mirar el mismo ombligo. Leer siempre el mismo libro es peor que no leer nada: es la antesala de la ignorancia absoluta, del radicalismo más atroz, del analfabetismo canibal.

Me preocupa enormemente leer, en la portada de El País, que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ha creado un club de lectura en su red social que “catapulta al estrellato” los libros que recomienda (cada quince días). Solo tres horas después de aconsejar “El fin del poder”, de Moisés Naím, el libro estaba agotado en Amazon.

No me importa que Zuckerberg recomiende libros, faltaría más. Yo recomiendo libros. Me gusta que me recomienden libros. Pero me inquieta que Facebook sustituya a mi librero, a los libreros. Y sobre todo me alarma el mutualismo simbiótico que se pueda crear entre Facebook y Amazon, esa interacción económico-social entre super empresas digitales. Yo digo lo que es cool y tú se lo vendes. “Quizá las tendencias del nuevo marketing editorial pasen por compartir una crítica elogiosa como ésta en el perfil de Facebook de Mark Zuckerberg”, sentencia el reportaje de El País. Curiosamente, en la última página del mismo diario hablan de un estudio, realizado por investigadores de Cambridge y Stanford con 90.000 usuarios de Facebook, en el que aseguran que “una máquina te conoce mejor que nadie”. El ordenador.

Soy de la vieja escuela, me temo. Seguiré charlando con el librero y comprando en la librería.

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 P.D.

Así es la prensa gubernamental en España: en portada defiende la sagrada libertad de expresión, en el interior insiste en que sí, pero no. Es decir, que no vale todo, que yo soy Charlie lo de La Tuerka no tiene gracia, que viva la libertad de expresión en Francia.

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Un motivo para NO ver la televisión

Ha muerto Robert Stone. Uno de los grandes. Lamentablemente no demasiado conocido en nuestro país. Fue corresponsal de guerra, impulsó los movimientos contraculturales de los sesenta, y sirvió de puente entre la Generación Beat y el Nuevo Periodismo. En España, la tristemente desaparecida editorial Libros del Silencio publicó hace no demasiado tiempo “Hijos de la Luz”, Recordando los sesenta” y el imprescindible “Dog Soldiers”.

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Pincha para comenzar a leer Dog Soldiers.

Pincha para leer una entrevista a Robert Stone.

Monos, gorilas y neandertales

El lunes arrancó la nueva edición de “Gran Hermano VIP”, uno de los programas estrella de esa fábrica de entretenimiento elegante y de calidad que es Telecinco. El hombre que ven en la primera fotografía que ilustra este post no es uno de los concursantes, pero muy bien podría serlo. Se trata de la recreación de un neandertal de nuestros días, individuo que con su voluminoso cerebro, su lenguaje primitivo y sus ademanes algo toscos destacaría por su carisma, su educación y su clase entre el selecto grupo de homo sapiens seleccionados por la cadena de Paolo Vasile para conquistar a la audiencia televisiva.

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El programa comienza con un tal Coman entrando, desnudo, en la casa donde se desarrolla el programa. Es uno de los concursantes. Los Chunguitos, también concursantes, se preguntan desde una sala cercana: “¿Ese quién es, un mono? ¿un gorila?”. Coman es negro. Este es el nivel del programa.

Poco después una chica de volúmenes neumáticos, vestida como para trabajar en una barra americana, melena rubia, trozos de tela de leopardo y mucha chicha, abre una botella de cava. Los chunguitos, que ven la escena, se refieren a ella como a su “sobrina”. Un altavoz invita a la mujer leopardo a cambiar de habitación: en la sala contigua esperan Belén Esteban, Olvido Hormigos, un periodista del corazón… Concursantes todos de un programa que presenta Jordi González, el comunicador que dijo en Twitter aquello de “Telebasura, tu puta madre, guapa”.

“Gran Hermano VIP” es una zorrera irracional, un gallinero racista, un nido de piojos y víboras, un despropósito intelectual, un retroceso para la humanidad. El griterío, ensordecedor, permite escuchar palabras sueltas, perdidas, la banda sonora del programa: Polla, jacuzzi, maricón, fama… El neandertal de la imagen se sentiría profundamente incómodo entre tanto descerebrado.

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P.D.

Doce enfermos de hepatitis C mueren al día en España. El Gobierno reacciona con firmeza y prontitud…

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Un motivo para NO ver la televisión

O´Boys.

Autores: Phillippe Thirault, Stéphan Colman y Steve Cuzor.

Editorial: Norma.

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Norma Editorial recopila, en su solo y magníficamente editado tomo, los tres volúmenes publicados en su día de esta historia de niños y trenes, de ríos y bluemans, de pérdida y redención, de demonios y almas vendidas. Finn, el jóven protagonista de la aventura, ve cómo su hermano Snake es engullido por las aguas del Misisipi. Justo lo que necesita para abandonar a su padre, un miserable y violento borrachuzo, y lanzarse a la carretera. O al camino. O a la vía férrea.

Finn es un nuevo Huckleberry que hace amistad con un negro que sueña con dominar el blues y ser libre. ¿La sombra de Robert Johnson? Les persiguen fantasmas, en lo que se convierte en una larga y penosa huida, un áspero periodo de aprendizaje en unos Estados Unidos sumidos en la depresión, la miseria y el racismo.

O´Boys” cuenta, con un guión sólido y excelentes dibujos, las historias que antes contaron no solo Mark Twain, sino todos aquellos que han escrito de vagabundos, de trenes y de libertad en medio de la depresión. Desde Jack London hasta Jack Kerouac pasando por John Steinbeck o Ben Reitman, autor del libro comentado no hace mucho en este blog “Boxcar Bertha” (Pepitas de Calabaza). Y todo a ritmo del mejor blues. Un verdadero placer.

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París, la Meca

Para políticos de todo signo, pelaje y moral, el domingo París se convirtió en La Meca. Si no estabas en la ciudad del Sena, defendiendo la sagrada libertad de expresión, no eras nadie, no existías, carecías de futuro. Una foto en París, rodeado de la élite política te ponía en el candelero, te reforzaba como demócrata, engrandecía tu currículo. Había que estar en París el domingo. Y ahí estaban ellos, rostro compungido, discurso ensayado, luciendo cartel de Charlie Hebdo. Los informativos televisivos de mediodía arrancaron asegurando que los políticos permanecerían en segundo plano, y cederían el protagonismo a los familiares de las víctimas, que encabezarían la marcha. Falso. “La cabecera de  la manifestación ha estado liderada y encabezada por los principales mandatarios mundiales”, sentenció el Telediario estrella de TVE en su recta final. “Líderes internacionales en la cabecera”, aseguraba El País en portada.

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“Aquí venimos a ratificar los valores europeos”, dijo el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, impulsor de la llamada “Ley Mordaza”. “Estoy convencido de que vamos a ganar, porque somos más y somos más fuertes”, sentenció Pedro Sánchez, el gran estadista que lidera el PSOE.

“¿En nombre de qué vienen a desfilar a París en homenaje a una revista que siempre ha defendido la concepción más elevada de la libertad de expresión?”, se preguntaban en Reporteros Sin Fronteras. Seguramente tenían en la cabeza casos como el de Arabia Saudí, país que ha condenado los atentados de París en el que la blasfemia está castigada con la pena de muerte, y tienen  previsto dar 50 latigazos semanales durante las proximas 20 semanas a un bloguero satírico. El viceministro saudí de Exteriores estuvo en la manifestación.

La política es, como hemos tenido ocasión de comprobar en España, corrupción. Pero sobre todo es hipocresía. Por eso se pueden leer en Twiter reflexiones como ésta: “Si Rajoy presume de luchar contra la corrupción después de cobrar sobres en B, por qué no va a manifestarse hoy por la libertad de expresión” (gerardo tecé). Por eso se vieron en París pancartas como ésta…

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Un motivo para NO ver la televisión

Whitey Morgan & The 78´s

Cd: Born, Raised & Live Front Flint.

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Nacido en Michigan, criado en honky tonks y moteles baratos, Whitey Morgan es un guitarrista, cantante y compositor cubierto de tatuajes y buenas canciones. Publicó su primer disco en 2008, dos años más tarde lanzó un segundo trabajo registrado en los estudios de Levon Helm, y ahora lanza un directo que prácticamente coincide con un acústico (Grandpa´s Guitar). En este último, dedicado a la memoria de su padre, destaca una versión etílica del Dead Flowers de los Stones. Del que hoy nos ocupa, un directo titulado “Born, Raised & Live Front Flint”, es reseñable la energía desbordante, el sonido salvaje.

“Born, Raised & Live Front Flint” es una recopilación con lo mejor de Whitey Morgan en vivo. Trece canciones excelentes, incluidas sendas versiones de Johnny Cash, Springsteen y Johnny Paycheck, interpretadas por una banda de garito perfectamente engrasada. Y por un cantante de voz poderosa, en la línea de los outsiders clásicos. Es decir, diversión asegurada a ritmo de country, algo de southern rock y guitarras de pedal. Un excelente directo.