Otegi

“El día del asesinato de Miguel Ángel Blanco estaba en la playa, como un día normal”, dijo Arnaldo Otegi en “Salvados”. No tiene que ser fácil ser Otegi. Como no debe ser fácil entrevistar a Otegi. Como sin duda no es fácil escuchar a Otegi. Pero la democracia tiene estas cosas. Jordi Évole entrevista a Otegi en La Sexta, y es periodismo. Información, nada que ver con esa “apología del terrorismo” que advierte la caverna. Un trabajo bien hecho, puesto que muestra al actual Otegi: un hombre consumido por las contradicciones, que se resiste a abandonar el pasado, que quiere dibujar un futuro optimista, que no acierta a arrepentirse, a pedir perdón, a reconocer el daño causado.

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El terrorismo para Otegi es “algo que ha ocurrido”. Una frase de una necedad insoportable que me recuerda, salvando las distancias, al “esa persona que usted dice” de Rajoy. Tipos que se dedican a la política, pero que no son capaces de coger al toro por los cuernos, y exigen a los demás lo que no son capaces de ofrecer. Tipos que intentan justificar lo injustificable.

Arnaldo Otegi ha contribuido al final de ETA, y seguramente ha cumplido una condena injusta de más de seis años de cárcel. Pero Otegi colaboró con ETA, y aún hoy justifica a la banda terrorista. Un callejón sin salida.

Da la sensación de que Otegi ha perdido una gran ocasión para reconocer el dolor causado. Una excelente ocasión para, sin necesidad de humillarse, humanizarse y pedir perdón. Debió hacerlo con contundencia, con autoridad, sin dejar una sola duda de su arrepentimiento. Sin humillarse, insisto, pero sin dejar margen para la duda. Y después pedir el acercamiento de presos, y la independencia de Euskadi, y todo lo demás.

¿Una oportunidad perdida? Seguramente. Pero todos sabemos que esto no iba a ser fácil. Entrevistar a Otegi, digo. Y todo lo demás.

 

A este blog le quedan diez días…

…en Vanity Fair. Han sido cuatro años muy buenos, en los que he disfrutado de una libertad absoluta: jamás he recibido instrucciones sobre aquello sobre lo que debía escribir o sobre lo que no. Pero como viene sucediendo desde que nació El Descodificador, allá por octubre de 2004 en la web del diario El Mundo, es necesario cambiar de aires. Vanity Fair suprime los blogs de su web. El Descodificador está, una vez más, en el mercado.

Una vez colgado el anuncio en el tablón de búsqueda de empleo, continuamos. Este fin de semana habremos podido ver en televisión sendas entrevistas con José Manuel Soria y Arnaldo Otegi. “No sé cuál de los dos me da más asco”, dirán algunos de nuestros lectores. Yo sí lo sé, pero no se lo voy a decir. Aunque bien es cierto que la entrevista al ex ministro me resultó especialmente repugnante, y no solo por el hecho de que un miembro del Gobierno prefiera dar explicaciones en una cadena de televisión que en el Congreso de los Diputados.

Soria eligió 13TV, la cadena de los obispos. Sí, esa televisión en la que la Conferencia Episcopal invierte diez millones de euros al año, cuatro más de los que dedica a Cáritas. Y eligió 13TV porque no tenía ninguna intención de dar una entrevista: solo pretendía blanquear dentro de lo posible su repugnante imagen. Un momento triste tanto para Soria, mentiroso compulsivo y cínico irrecuperable, como para todos los periodistas que se prestaron al juego. “Cometí un error de gestión de comunicación cuando salí a dar las explicaciones”, dijo sin ruborizarse el político que “no recordaba que era secretario de una empresa inglesa, ni de una en Jersey”. Un olvido absolutamente normal, ¿quién no ha sido secretario de una sociedad en Jersey?, y por tanto perdonable. “Cometió un error de gestión de comunicación”, repetían los periodistas, dóciles como corderitos, en uno de esos momentos que hunden la reputación de la profesión.

Si piensa marcar con una X la casilla de la Iglesia en su próxima declaración de la renta no olvide que está financiando a políticos embusteros y a periodistas mamporrerros. Y a delincuentes como Mario Conde, habitual en las tertulias de 13TV cuando se encuentra fuera de la cárcel. Y a presuntos extorsionadores, como Miguel Bernard, presidente de Manos Limpias detenido por la UDEF el pasado viernes, colaborador habitual de la cadena de los obispos.

De la entrevista a Otegi, si le parece bien, hablamos mañana.

Un motivo para NO ver la televisión

Volt.

Autor: Alan Heathcock.

Editorial: Dirty Works.

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Con solo cuatro títulos, todos muy recomendables, la editorial Dirty Works se consolida como una referencia en cuanto a literatura norteamericana forajida. Buenas historias de tipos sin suerte, sin crédito, sin futuro. Esos maravillos perdedores a los que cantaba Elliott Murphy, para que usted me entienda. Libros bien editados, bien traducidos y, sobre todo, magníficamente elegidos. “Volt”, el último de ellos, es una brillante colección de relatos de Alan Heathcock, escritor nacido en Chicago que vive en Idaho y husmea en los rincones oscuros del alma. Historias de ficción que hablan de inadaptados, de violentos, de desesperados, de borrachines y de trabajadores, de todos aquellos que no saben lo que es ganar.

“A lo que voy es que, ¿alguna vez habéis estado al lado de alguien a quien no podéis perdonar? De nada sirve decir ´te perdono`. Decir cosas es inútil. Es así. -Se pasó el vaso por la mejilla-. Lo que pasa es que por más que quiera no puedo huir de mí mismo”.

Gente golpeada y magullada que choca con las paredes de la vida, se levanta para volver a caer, escucha cada día el sonido de la cuenta atrás y solo acierta a tapar sus cicatrices con tatuajes. “Tenía el pecho arrasado de cicatrices. Sobre las palpitaciones de su propio corazón tenía un corazón tatuado de tinta azul, no un corazón de dibujos animados, sino un órgano retorcido y muscular, con las arterias abultadas como serpientes estrangulando una piedra”.

“Volt” arranca con Winslow Nettles acabando con la vida de su hijo. Un accidente en la granja. Un chico muerto y un hombre destruido. Winslow abandona su casa y se lanza a una huida desesperada: escapa de sí mismo. Es insultado, es golpeado, es menospreciado. Es la sombra de un hombre.

“Volt” termina con Helen Farraley, sheriff rural, recorriendo la comarca con su coche en busca de soluciones a problemas ajenos. Una ternera muerta, unas inundaciones, un chaval a la fuga. ¿Y quién se preocupa de ella? Nadie.

Este es un libro con historias de gente sola o mal acompañada. Escrito con la dureza que requieren los pequeños dramas cotidianos, sin aspavientos, con detalles solo de los paisajes y las heridas. Nueve relatos inolvidables de un escritor al que debemos seguir el rastro. Es uno de los nuestros.

Rata come rata

Se veía venir. Cuando el barco se hunde, las ratas abandonan el navío. Las que saben nadar. Las que no saben se van a la bodega a pegarse el último banquete, o a montar una gran orgía final… o le sueltan un bocado a esas otras ratas a las que tienen ganas.

El Partido Popular es, desde hace tiempo, un barco a la deriva con el casco agujereado. A partir de esta peliaguda situación le dejo a usted que imagine quiénes son los roedores, en qué consiste el banquete y qué orificios resultarán sellados con carne en la última bacanal. ¿Las ratas que comen rata? Muy sencillo. “No está diciendo toda la verdad”, dicen unos vicesecretarios del PP que se niegan a seguir defendiendo a José Manuel Soria, el último ministro enjardinado en su propio laberinto de mentiras.

Ratas de élite mordisqueando los testículos de una rata líder. El acabose. Barra libre en las alcantarillas de la derecha española. Y si no me cree, un segundo detalle de esta explosión de canibalismo roedor: el ministro de Hacienda Cristobal Montoro ha multado con 70.403 euros a José María Aznar por irregularidades fiscales, y le obliga a pagar otros 199.052 en una liquidación complementaria. ¿Complementaria? ¡Coño, como el sinvergüenza de Monedero!

“Si todos los españoles hiciéramos eso, a ver cómo pagábamos los servicios públicos educación y sanidad”, dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría. Y tenía toda la razón del mundo, ¿verdad? Tanta que el mismo José María Aznar estaba de acuerdo, allá por 1997, con la sinvergonzonería de los defraudadores: “El fraude fiscal es incompatible con una sociedad moderna y solidaria. Lo que uno deja de pagar, lo acaban pagando otros”.

Ratas comiendo ratas. Un banquete antropófago que no ha hecho más que empezar.

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P.D.

“Nunca pactaremos con populistas”, dijo en una ocasión la socialista Susana Díaz. ¿Se refería a un acto de onanismo político sin precedentes? Seguro…

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El renacido

Ayer asistí a un acontecimiento francamente sorprendente. La gata de tres colores que pare a sus cachorros en la ventana de mi cocina estuvo fuera toda la noche, dejando solas a sus dos crías de apenas unos días. Por la mañana, una de ellas estaba muerta. No respiraba, no se movía. Cuando volvió la gata, la cría superviviente trepó rapidamente por el cuerpo de la madre buscando comida. La otra permaneció inmóvil en un rincón.

La gata se puso a lamer frenéticamente a la cría muerta. La cabeza, la tripa, el culo… La escena era terrible: parecía no comprender que había perdido al pequeño, que sus esfuerzos eran inútiles. Una hora más tarde, la gata seguía con sus desesperados ejercicios de reanimación. Y el gatito seguía muerto.

De pronto, el pequeño pareció abrir la boca. Y su tripa aparentemente se movía. Diez minutos después estaba mamando junto a su hermano. Vivo. El renacido.

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Le cuento esta historia gatuna porque es una historia de supervivencia. Vivimos es un país de supervivientes. Estamos asistiendo, en vivo y en directo, a la segunda caída de Mario Conde. Pero seguro que solo es un tropezón. Otro. Estoy convencido de que el pionero del pelotazo ibérico resurgirá con fuerza, una vez más. Y tras servir de nuevo como ejemplo del buen funcionamiento de la justicia en este país, el que la hace la paga, aunque sea banquero, volverá a sus fincas, a sus gominas, a esas tertulias televisivas en las que defiende su inocencia y da doctrina sobre economía, honradez y otras zarandajas. En 13TV, y en las dos cadenas que lideran el duopolio televisivo, le esperan con los brazos abiertos.

Conde es el renacido caído. ¿Querrán que esta vez pague el pato de la toda corrupción que sacude este país? Los principales diarios y los grandes informativos de televisión no han abierto con el ministro Soria y sus mentiras. Ni con una imagen a toda página de Rita Barberá en el banquillo de la Audiencia de Palma. No. Abren con Conde, fotografiado en el interior de un coche, detenido por la Guardia Civil. “Como si fuera la primera veeeez”, que canta Quique González.

Conde se creyó Dios. Por encima de la ley, invisible a los ojos de la justicia. Como la mayoría de corruptos. Como el albondiguilla o el bigotes. Pero solo son manguis. Choricetes económicos con ínfulas políticas. O políticos descuideros con intereses económicos. Con más vidas, eso sí, que un gato. El dinero les está esperando…