Televisión en abierto de pago

Por circunstancias de la vida estoy pasando unos días en el madrileño Hospital Clínico. De acompañante. Disfrutando de la amabilidad y profesionalidad del personal sanitario. Inyectándome unas dosis de realidad. Y confirmando la situación de la Sanidad madrileña, que no parece la misma que la que vende una Esperanza Aguirre empeñada en negar los recortes. Un ejemplo: de las 290 encargadas de la limpieza que había hace solo un par de años se ha pasado a las 230 actuales. Cuando alguien se jubila, no se contrata a nadie para cubrir la plaza.
Pero en el post de hoy, un esbozo urgente, quería hablarle de otra cosa. De la televisión en abierto de pago. De pago en la sanidad pública. Televisión a 1 euro los 56 minutos y 40 segundos. O en oferta, a 4,30 euros las 24 horas. Acepta tarjetas de Telefónica. Unos precios que no todo el mundo puede pagar, una programación que no siempre deberíamos ver. Pero que hay que negociar con los compañeros de habitación.
Los cuatro euros que cuesta ver “Sálvame” (Telecinco), de cuatro a ocho de la tarde, son la peor inversión que puede hacer el enfermo aburrido. Cuatro horas de auténtica telebasura. De entretenimiento de ínfima calidad. De embrutecimiento en estado puro. De la misma manera que en los hospitales no se puede fumar, o que las máquinas de los pasillos no venden cerveza, las televisiones deberían estar capadas: ni telebasura ni telediarios, valga la redundancia. Porque la salud mental de los ciudadanos también es importante.

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Hombres cutres

Arturo Pérez Reverte, el periodista que es académico, como Cebrián o Ansón, afirma un tanto altanero que “quien es analfabeto hoy es porque quiere”. El autor de best sellers de espadachines asegura que “entonces (siglo XVIII) uno esperaba que la gente cambiara y ahora vemos que la gente es deliberadamente analfabeta”. Y sentencia arremetiendo contra la televisión, contra la mala televisión: “quien ve Sálvame en vez de Salvados es porque quiere, nadie le obliga, ahora es voluntario”. Pérez Reverte se encuentra, por si usted no lo sabía, en plena campaña de promoción de “Hombres buenos”, su nuevo libro.

El también escritor Jorge Javier Vázquez, presentador de Telecinco en los ratos que le deja libre la literatura, escuchó las palabras de Reverte y dijo que era “antiguo, como escuchar a un hombre en sepia, como escuchar al abuelo cebolleta”. Posteriormente desarrolló su respuesta: “Me parece antiguo lo de dictaminar lo que está bien y lo que está mal. Además, su teoría es una idiotez porque condena a todos los que ven Sálvame. Me juego mi parte del cuerpo más preciada a que más de una persona que ve Salvados ve Sálvame, y viceversa”.

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El nivel intelectual del enfrentamiento es demasiado elevado para mí. Cambiemos de asunto…

El presidente de EEUU Barack Obama aceptó la invitación que le hicieron en el programa “Jimmy Kimmel Live” para leer algunos tuits críticos sobre su persona. Tuits como “El cabello de Obama parece más gris estos días. No puedo imaginarme por qué, pues parece no preocuparse por nada de lo que ocurre a su alrededor” o “¿Cómo logras iluminar los ojos de Obama? Pon una linterna en sus orejas” (este último hizo mucha gracia al presidente).

¿Imagina a Rajoy haciendo algo parecido? De lo único sorprendente que ha sido capaz nuestro presidente, a nivel comunicación, es de enviar el SMS “Luis sé fuerte” cuando ya sabía que Bárcenas tenía dinero oculto en Suiza. Pero atención, porque en entrevista concedida a Onda Cero el pasado lunes Rajoy ha retomado el tema SMS: “No voy a condicionar mi vida a acontecimientos que me hayan podido ocurrir. Confío en la gente, sigo mandando SMS porque no me quiero quedar aislado del mundo”.

Venezuela, tierra hostil

Lo están consiguiendo. Poco a poco, al comienzo de manera sutil y más tarde a brochazos, lo están consiguiendo. Me refiero a que en España se hable más de Venezuela que de, por poner un ejemplo, que la sanidad pública española cuente con 10.000 millones de euros menos desde que comenzó la crisis, o que el presupuesto para sostener hospitales haya caído en ese tiempo un 14%. En Madrid un 19%.

En el debate de La Sexta del sábado noche tres hienas, una joven del PP y dos talluditas de la peor prensa que pueda usted imaginar, acorralaron y trataron de despedazar a un miembro de Podemos. Utilizaron Venezuela como machete. Y desde su podredumbre infinita acusaron al nuevo partido de bolivariano y de financiarse ilegalmente. Miembros de PSOE y UPyD asistieron indiferentes al linchamiento.

Pablo Casado, ex asistente de Aznar y aguirrista hasta la médula, es el cachorro del PP elegido para modernizar y dinamitar las tertulias. Es decir, para evitar que se hable de que en España gobierna un partido que remodeló su sede madrileña con dinero negro, el mismo con el que financió campañas electorales. Para evitar que se hable de la Gürtel, de las miserias de Aguirre, de los tesoreros del PP, de los payasos de Ana Mato, del ático de González, de la sonrisa de Granados, de… El trabajo de Casado consiste en salir en la tele y evitar que se hable de los 5.000 médicos y enfermeros que ha perdido el Sistema Nacional de Sanidad español entre 2010 y 2013. Para realizar ese cometido Casado levanta la voz, interrumpe, grita e insiste en que Venezuela financia a Podemos, pero sin llegar a decir que Venezuela financia a Podemos. Casado insulta al lector inteligente, y desenmascara a una cadena que presume de progresista. Nadie debería invitar a hablar en una televisión a un tipo que ha dicho frases como esta: “Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”.

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Mientras Casado conducía la lapidación venezolana del miembro de Podemos, en la parte inferior de la pantalla de La Sexta un rótulo adelantaba el siguiente contenido de la cadena: “En unos minutos hablaremos del programa “En tierra hostil” dedicado a Venezuela”. Habló la reportera del espacio: “Nuestro reportaje iba a estar enfocado en la industria del secuestro, pero la realidad de las peleas por conseguir alimentos había que contarla”.

Alguien puede pensar que los espectadores españoles prefieren informarse sobre la industria del secuestro en Caracas que, por ejemplo, sobre los 5.000 médicos y enfermeros que ha perdido el Sistema Nacional de Sanidad español entre 2010 y 2013. Lógico. Vivir en un estado podrido, descompuesto por la corrupción, gobernado por políticos mafiosos, es lo que tiene: que te invita a alejarte de la realidad, a poner distancia, a prestar más atención a lo que pasa a 7.000 kilómetros que a lo que sucede en el salón de tu casa. Mentira. Los ciudadanos, que ya han sentenciado a unos grandes diarios rendidos a intereses económicos, también desconfían del duopolio televisivo, de progresistas de salón y conservadores de manual, de esos leopardos a los que no se les puede quitar las manchas.

Repito lo de siempre, lo único: Apague la tele. Navegue. Lea. Piense.

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El rol del periodismo

En el XVI Congreso de Periodismo Digital de Huesca pude asistir a la interesante ponencia “El rol del periodismo en la lucha contra la desigualdad”, moderada por Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de comunicación de Oxfam Intermón. Participaron dos de los mejores periodistas españoles, Enric González y Soledad Gallego-Díaz, y el salvadoreño Carlos Dada Sánchez, fundador y miembro de la Junta Directiva de El Faro, el primer diario digital de América Latina.

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Comenzaron hablando del diferente trato que han recibido en los medios conceptos como “pobreza” o “desigualdad”, primos hermanos. Y terminaron haciéndolo sobre la influencia y la responsabilidad de los periodistas en la crisis económica, moral y de libertades que vive nuestra sociedad. Coincidieron en afirmar que los periodistas tienen que contar lo que pasa. “No pueden formar un piquete para parar un desahucio”, aseguró Enric. “No están llamados a luchar contra la desigualdad, su trabajo es contar la realidad”, insistió Gallego-Díaz. Es la sociedad quien debe reaccionar ante la información que le proporcione una prensa libre.

Dada Sánchez habló de las difíciles condiciones de trabajo en Centro América, del “periodismo secretarial” que recoge las declaraciones de funcionarios, y de su apuesta por el periodismo “de largo aliento”. Textos muy trabajados, y extensos, que ayuden al lector a entender la verdad de los fenómenos sociales. Gallego-Díaz exigió responsabilidad a los que provocaron la crisis, tipos ni muy listos ni muy tontos pero sin escrúpulos (“¿Dónde están?”), y pidió algo fundamental: Leyes que impidan la concentración de medios de comunicación, uno de los grandes enemigos del periodismo y de la democracia. Los tres destacaron las dificultades que tienen actualmente los periodistas para hacerse oír, para desmontar las mentiras del poder, para defender la libertad de expresión. Gallego-Díaz dijo una de esas frases para apuntar en la primera página de la Moleskine: “No siempre puedes hacer lo que quieres hacer, pero siempre puedes decir no a aquello que no quieres hacer”. La adaptación de un epitafio.

Reconozco que me resultó estremecedor escuchar a estos tres grandes periodistas hablar sobre el futuro del periodismo, y su papel en la lucha contra la desigualdad. Dada Sánchez utiliza en su país un coche blindado. El mejor diario español, El País, no supo aprovechar el inmenso potencial de Enric González y le dejó marchar a la competencia. Leer a la absolutamente imprescindible Gallego-Díaz en ese mismo diario cada vez es más difícil. ¿Camuflan sus textos entre toneladas de mediocridad?

No siempre es fácil decir no a aquello que no quieres hacer. En el periodismo de nuestros días esas decisiones en demasiadas ocasiones resultan heroicas. Si quieres seguir comiendo y pagando la hipoteca. Los periodistas deben luchar cada jornada contra los poderes políticos y económicos, forma parte de la profesión, pero ahora el enemigo está dentro. Quizá más que nunca. En la cena de la noche anterior alguien contó una anécdota: “¿Y quién coño te manda a ti contrastar la información?”, le soltó el jefe de un medio de comunicación a un redactor que tardaba más de la cuenta en cerrar una noticia.

Para tratar de entender la actual situación del periodismo, y su rol en la sociedad, no viene mal repasar los diez puntos que Arsenio Escolar, director del diario 20 Minutos, propuso para recuperar la ética de la profesión en la conferencia inaugural del Congreso: informar con transparencia a los lectores sobre los propietarios de cada medio, negarse a recibir publicidad institucional opaca, no financiarse con ayudas o subvenciones veladas… “No más periodismo opaco, cómplice, complaciente, engreído”, sentenció.