Sexo chungo

Mientras el populacho alcanzaba el nirvana viendo la final del Campeonato del Mundo de fútbol, las élites culturales del país continuaban su proceso de formación intelectual con uno de esos programas de televisión solo aptos para paladares finos. Una delicatessen de Cuatro para estetas audiovisuales, para telespectadores con una sólida formación académica: ¿Estamos viviendo una nueva era caracterizada por la hipersexualización? ¿Existen intereses ocultos detrás del negocio del sexo? Y es que Iker Jiménez dedicó su último programa a, no se lo pierda, “La conspiración del sexo”.

Ya Siniestro Total, la banda de rock and roll más grande de este país, se atrevió a tratar con rigor y seriedad el tema del sexo chungo. Y lo hizo allá por el comienzo de los 80, mucho antes de que Jiménez y su parejita se convirtieran en líderes de la televisión majadera y trolera…

Tengo un problema entre las piernas
que a todas las tías las pone muy tiernas
y es que es enorme y monstruoso
tengo que ir a hablar con Jiménez del Oso

El director y presentador de Cuarto Milenio hubiese matado por poder dar a su reportaje “La conspiración del sexo” un enfoque sobre la hipersexualización tan profesional y periodístico como hacen Siniestro en “Sexo Chungo”, su clásico moderno. Canción en la que ya se advertía, como hizo ayer Iker, del embrutecimiento de nuestra sociedad a través del sexo. Y en la que los gallegos nombran, en un alarde de erudición, al gran Jiménez del Oso, pionero en asuntos relacionados con la parapsicología y la patraña.

Viendo el programa de Iker no pude por menos que recordar, con enorme nostalgia, el tema central de aquella entrevista que disfruté, durante una noche de insomnio, en un viaje por Estados Unidos: “Yo mantuve relaciones sexuales con un extraterrestre. Y estoy aquí para contarlo”. ¿Imagina a Iker y parienta entrevistando a una humana que se hubiese beneficiado a un marciano? La cumbre del actual modelo audiovisual, del entretenimiento de calidad, de la televisión como servicio público. Lo hubiese tenido difícil Iker, porque semejante fenómeno mediático se lo hubiesen disputado las mejores cadenas, los programas más grandes. Desde “Mujeres, alienígenas y viceversa” a “Sálvame OVNI”. “¿Los extraterrestres tienen alma? ¿Y cómo la tienen de grande? ¿Pillan ladillas pese a no tener pelambre?”, se hubiese preguntado Mariló Montero desde la tele pública.

Minucias. Ayer comenzó la segunda temporada de “Master of Sex” (Canal +).  Una nueva dosis de las investigaciones en torno a la sexualidad del ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson, toda una revolución en la norteamérica de los años 60. Estos expertos yankees exploraron de manera perspicaz el sexo observando durante más de 40 años a cientos de hombres y mujeres, todos terrestres, en sus momentos más íntimos. El mayor experimento sexual de la historia, tórridas guarrerías avaladas por el prestigioso canal de pago Showtime. Sexo cool.

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Un motivo para NO ver la televisión

Texas Cowboys
Autores: Trondheim y Bonhomme.
Editorial: Norma.

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Lewis Trondheim, responsable de La Mazmorra, y Matthieu Bonhomme, dibujante de El marqués de Anaon, firman un western de corte clásico, sin concesiones, con todos los ingredientes que necesita una gran historia del viejo Oeste: vaqueros, indios, tahures, pistoleros, persecuciones a caballo, linchamientos y hasta serpientes de cascabel. Nada le falta a este Texas Cowboys dividido en capítulos, como una publicación por entregas, que va y viene en el tiempo hasta cerrar la historia con maestría.

Harvey Drinkwater es un periodista de medio pelo de un periódico de Boston. Su jefe le envía a Hell´s Half Acre, en Fort Worth, el trasero de Texas, en busca “de material sensacionalista. Nuestros lectores adoran las matanzas entre campesinos”. Drinkwater coge el tren, llega al infierno, y se encuentra con lo que le prometió su director: “los peores paletos del oeste reunidos en un espacio del tamaño del culo de una mosca”. Se cambia de nombre, entabla amistad con el desdentado Ivy, olvida su profesión y poco a poco se transforma en un vaquero: aprende a montar, a beber matarratas, a disparar… incluso pasa a formar parte de una banda de forajidos.

Bonitos dibujos, un ritmo endiablado, un respeto enorme por el género y unas historias que se cruzan con milimétrica precisión alrededor de nuestro protagonista hacen que este cómic resulte imprescindible para los amantes del western.

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Margen protector

“Quizá nos gustaría compartir nuestro secreto, ese secreto llamado guerra, pero quien vive en paz no tiene ningún interés en escucharlo”. Anna Politkóvskaya.

Cuando escribo este post, el ejército israelí ha matado a más de 170 palestinos, cuarenta de ellos niños, en la Franja de Gaza. Los bombardeos a la población civil, dentro de una operación llamada Margen Protector, dejan ya mil heridos, dos tercios de los cuales son civiles. Israel acaba de advertir, con panfletos y llamadas telefónicas, a los habitantes de la zona norte de la Franja para que abandonen sus casas: “La operación del Ejército será corta. Quien no preste atención a estas instrucciones pone en peligro su vida y la de su familia”. La prensa extranjera habla de matanzas, de víctimas inocentes, de crímenes de guerra… No tengo la sensación de que en España se le esté dando la misma importancia.

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Durante los últimos días, en nuestros periódicos y televisiones este desolador conflicto no siempre ha estado en portada, no siempre ha abierto los telediarios. Ni siquiera cuando hemos sabido que niños, mujeres y ancianos son las principales víctimas de la represión israelí. Los últimos días era más fácil encontrarse en primera plana con las elecciones en el PSOE, el desafío de gallos entre Rajoy y Mas o las declaraciones del popular Floriano, en las que arremetía contra Podemos, que con la imágenes del terror en Palestina. El Vicesecretario de organización del Partido Popular cargó contra el “populismo bolivariano de telepredicador” de un Pablo Iglesias que quiere “subvertir la democracia”. A esa vomitona se le consideró noticia.

No quiero ver fantasmas. Ni pensar en un Margen Protector de los medios para con Israel y sus tentáculos económicos. Pero me da la sensación de que algo está pasando. Algo que nos supera, que nos perdemos. Que está cambiando el orden de las cosas, que pretende alterar nuestros principios morales, que desfigura la razón para convertir los fundamentos de la conducta humana en una caricatura. Que pretende hacernos creer que la ética de las responsabilidades puede estar antes que la ética de los principios. Que lo que sucede en Gaza es normal.

El periodismo existe para documentar abusos y atrocidades. Para dar testimonio y construir conciencia. Para denunciar al monstruo, combatir el cinismo y acabar con el Margen Protector.

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Un motivo para NO ver la televisión

Los Ramones.

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Ha muerto Tommy Ramone, el último de los Ramones. Fue el batería de la banda neoyorkina, uno de de los cuatro Ramones originales, una leyenda. Nunca olvidaré el concierto que dieron en Madrid, en la plaza de toros de Vista Alegre, el 26 de septiembre de 1980. La locura. Por primera vez, punk-rock en el foro. Uno de esos días inolvidables en los que se pudo ver, si no el futuro del rock and roll, sí una forma de entender la música y la diversión absolutamente conmovedora. ¡Existía la vida después del sopor producido por Pink Floyd y Genesis! ¡Los discos no tenían porqué ser triples y con canciones eternas, como el agotador “Yessong”!

Los Ramones fueron mucho más grandes de lo que la gente piensa. Grabaron un primer disco demoledor, pero supieron adaptar su desnuda sencillez a proyectos más complejos, como el excelente “End of the Century” producido por Phil Spector. Eran directos, simples, cañeros, divertidos, peludos, tiernos y duros, melódicos y rabiosos, auténticos. Eran el mejor rock and roll de finales de los setenta.

Deprisa, deprisa

En apenas tres horas, 180 minutos, Podemos ha conseguido con una campaña de crowfunding el dinero necesario para costear una demanda contra Esperanza Aguirre y el periodista de El Mundo Eduardo Inda, por difamaciones y acusaciones falsas. ¿Estará la justicia a la altura de semejante velocidad de reacción? Difícil lo veo. Y es una pena, porque este debería ser el ritmo para solucionar este tipo de problemas… digamos que de incontinencia verbal. Deprisa, deprisa. Unos segundos de calentura tertuliana o demagógico-política en los que se insulta y se miente. Tres cuartos de hora para redactar la demanda, tres horas para recaudar la pasta y tres días para tener una sentencia. ¿Ha faltado usted a la verdad, al respeto o a ambas cosas? Pues le vamos a crujir ya mismo, y de tal manera que a partir de ahora se lo pensará dos veces antes de difamar o acusar falsamente. El siguiente…

Crow Podemos

Dicen que una justicia lenta no es justicia. Por tanto, una justicia rápida debe ser la super justicia. La justicia perfecta, la madre de todas las justicias. En situaciones complejas, como pudiera ser el caso de los ERE andaluces o de la Gürtel, con decenas de implicados y tramas, es lógico y normal que la cosa se prolongue. Pero en un caso de difamaciones o falsedades en medios de comunicación, con el meollo de la cuestión recogido en vídeo y audio, los tribunales deberían ser una churrería. De la hemeroteca al juzgado un mensajero tarda veinte minutos.

La mala sangre que se les hace a muchos consumidores de información tertuliana, si es que puede considerarse información una tertulia, se acabaría de golpe. Los opinadores se lo pensarían dos veces antes de hablar. Las cadenas se lo pensarían tres antes de contratar a bocazas con antecedentes. Los partidos repudiarían a sus miembros conflictivos.

Podemos consigue en 3 horas el dinero para la demanda que interpondrá contra Aguirre e Inda, dos personajes que basan buena parte de su fuerza en la impunidad y en la pasta, que les cubre las espaldas. Aguirre dijo en un vídeo colgado en su blog que “Podemos está con el chavismo, el castrismo y ETA, lo demás es palabrería”. Inda asegura que Podemos tiene “su propia Filesita, en alusión directa al escándalo de financiación del PSOE en los 90. ¿Pruebas? Ninguna. Con una justicia rápida ambos medirían más sus palabras, el periodismo sería más riguroso y la política menos impresentable.

Cinco años de telebasura

Dice Jorge Javier Vázquez que “con Sálvame se han enseñado las tripas de la televisión”. Y tiene más razón que un santo. Es más, no solo han mostrado el buche y los intestinos gruesos y delgados, repletos de gases y heces, sino también el páncreas, el bazo, los higadillos y hasta la vesícula biliar. Las asaduras al completo. “Sálvame” ha abierto en canal la televisión, y nos ha enseñado toda la casquería que es capaz de contener, esos órganos tumefactos y pestilentes que no servirían ni para dar de comer a los buitres. “Sálvame es el mayor show de entretenimiento de este país, el que más horas de televisión hace en España; también en Europa; tal vez en el mundo -eso no me ha dado tiempo a comprobarlo-”, afirma Óscar Cornejo, uno de los creadores del formato. Y es que esta fábrica de mierda debe tomar los mismos yogures que Coronado: funciona como un reloj.

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“Sálvame” cumple cinco años en pantalla. Me ha parecido oportuno dedicarle el post de hoy porque posiblemente estemos celebrando el aniversario del peor programa en la historia de la televisión en España. Cutre, sórdido, violento, chabacano, macarra, ruin, hortera, tremendamente mezquino… Con presentadores verbeneros y colaboradores de saldo: Lydia Lozano, Kiko Hernández, Belén Esteban, Kiko Matamoros… A lo largo de estos cinco años “Sálvame” se ha convertido en la meca de la telebasura nacional. “Si queréis me insemino en directo, porque ya sólo queda que caguemos delante de las cámaras”, dijo Mila Ximénez en una frase que puede resumir el espíritu del programa.

“Sálvame, no se de qué manera, va a ser recordado. Estamos durante cuatro horas y veinte minutos durante cinco años; no hay vacaciones, ni los días de fiesta nacional. Algo tendrá”, asegura Jorge Javier Vázqueza. Yo se lo que tiene. Y la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) también: “Sálvame se caracteriza por los continuos enfrentamientos, a veces incluso físicos, entre los colaboradores del programa y con los invitados, por el empleo continuado de lenguaje soez, insultos graves y descalificaciones; por las referencias continuas y explícitas a diferentes prácticas sexuales, con mostración en pantalla de diferentes objetos empleados al efecto, o por la recreación en la emisión de imágenes violentas y/o procaces”.

Cinco velas sobre un enorme excremento de elefante. Esta podía ser la tarta de cumpleaños de “Sálvame”, el programa de Telecinco que intenta que los telespectadores sean peores personas.