Diferencias premium

Si usted es un ciudadano que vive en un barrio cutre, de esos abandonados a su suerte por el Ayuntamiento, con el asfalto levantado, la basura rebosando los contenedores, las aceras sembradas de mierda de perro, pobres durmiendo en los portales, putas en las esquinas y camellos vendiendo droga en la puerta de los colegios, no tiene por qué preocuparse. El Gobierno de España se ha propuesto cambiar el modelo de gestión de los  distritos de nuestras ciudades. De algunos distritos. Si todo sale como está previsto, y el Partido Popular consigue que en determinados barrios organizaciones privadas compartan la gestión de los mismos con la Administración, esas zonas se convertirán en exclusivas, y usted podrá visitarlas. Sin pasaporte ni nada. Para dejarse las perras, claro.

Es decir, que usted podrá abandonar por unas horas su Vallecas o su Rabal y, cogiendo el metro o el autobús, acercarse a, por ponerle un ejemplo, Juan Bravo o a Pedralbes, los barrios elegidos para la gloria, y disfrutar durante unas horas de sus calles limpias, sus papeleras impolutas, sus agentes de seguridad privados, sus escaparates resplandecientes, etc. En ese agradable ambiente podrá tomarse un capuchino en una terraza inmaculada, si es que puede pagar los cinco euros que intentarán cobrarle, o visitar las tiendas más cool que pueda imaginar. Si ahorra, igual un día no muy lejano incluso puede comprarse un bolso o unos zapatos en tan chulos comercios. Pero recuerde que antes de que anochezca deberá abandonar ese paraíso y, como una Cenicienta urbana, tomar el metro y regresar a su miserable barrio: recuerde que al caer el sol las posibilidades de que le atraquen al entrar en su portal se multiplican por cien.

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Todos los españoles somos iguales, es evidente, pero los que vivan en barrios premium, más. Porque tendrán más seguridad, más limpieza, más y mejores servicios. Lo que les convierte en ciudadanos premium. La gestión privada de determinados barrios, para mejorar su aspecto y su funcionamiento, es la guinda a la lectura que hace el Gobierno de Mariano Rajoy de una Constitución que niega las diferencias entre ciudadanos por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Ceder la gestión de los barrios a entidades privadas es la democracia en estado puro, la libertad llevada al extremo, la igualdad como forma de entender la convivencia. Premium.

P.D.

¿Funcionará BiciMAD, el servicio público de bicicletas de Madrid? Ana Botella lo inauguró a bombo y platillo, con paseito para la prensa incluido, pero “un problema informático” ha chafado el primer día de servicio. Quizá solo funcione en los barrios premium

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Un motivo para NO ver la televisión

Chema Conesa

Exposición fotográfica “Retratos de papel”.

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Como reportero, he tenido la suerte de viajar en muchas ocasiones con Chema Conesa, un fotógrafo de otro tiempo. De cuando el periodismo era texto y fotografía, días en los que se contaba lo que se veía, y se veía lo que tenías delante de los ojos. Con Chema he ido desde Laponia hasta la Patagonia, desde Coruña hasta Sudáfrica. Juntos hemos cruzando las dunas de Doñana y recorrido 11.000 kilómetros de pistas africanas, desde el Cabo de Buena Esperanza hasta los Grandes Lagos. Con Chema crecí como periodista y como persona, y vi agonizar los buenos tiempos, aquellos en los que escribías desde el lugar donde pasaban las cosas. Hemos viajado mucho pero, el tiempo que estábamos en casa, Chema lo aprovechaba para hacer retratos, para poner luz y color a entrevistas publicadas en El País y El Mundo. Con estos “Retratos de papel” Chema ha montado una exposición absolutamente imprescindible, más de cien imágenes, que se puede visitar hasta el próximo 27 de julio en la madrileña sala Alcalá 31 (Calle Alcalá 31). Que se debe visitar. Porque en las paredes de ese emblemático edificio están algunos de los mejores retratos de la fotografía española.

En copias formidables, en formatos diferentes pero siempre impresionantes, Chema ofrece su visión de la sociedad española de los últimos 40 años. Deportistas y escritores, científicos y empresarios, políticos y ciudadanos de la calle. Los protagonistas de unos años decisivos, los nuestros, capturados con un estilo personal e inconfundible que, con enorme profundidad y fuerza, escarba en el interior de los personajes. Y es que Chema tiene un don: ilumina la humanidad de la gente, retiene esa luz y la convierte en metáfora gráfica. Observe detenidamente la fotografía de Miguel Delibes, portada del magnífico catálogo, y verá cómo tras la niebla se esconden todos los protagonistas de la obra del escritor vallisoletano. Desde Daniel el Mochuelo a esa codorniz que apeona con la ligereza de una bola de billar. Cada foto es un resumen, de triunfadores y de seres averiados, de momentos de gloria y de decrepitud física, de vidas que se acumulan en la piel y quedan para siempre en un negativo. Imprescindible, insisto. Delibes.-Valladolid-1993 C-J-Cela.-Palma-de-Mallorca-1987 Ketama.-Madrid-1997

Televisión Popular Española

Dicen que el Gobierno de Mariano Rajoy no está contento con el funcionamiento de TVE, y que el presidente en persona estaría diseñando, junto a Soraya Sáenz de Santamaría, profundos cambios en la dirección del ente y en los informativos de cara a las próximas elecciones. Sí, el Partido Popular reina en TVE, y tiene a un presidente y a un jefe de informativos a sueldo, pero por lo que parece no es suficiente. Los telediarios son vergonzosos, o auténtica publicidad de los populares o encubrimiento de sus fechorías, pero los chicos de Rajoy no se sienten satisfechos. Quieren que la televisión pública sea un elemento fundamental en su campaña para las municipales de la próxima primavera. “Con esta RTVE no podemos ir a las elecciones”, ha llegado a decir un miembro del Gobierno que resume el sentir del resto de líderes populares.

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En el Partido Popular no tienen límites. Es lo que tiene la impunidad, que te convierte en insaciable: siempre quieres más. Más control sobre los informativos públicos, más manipulación, más propaganda. Es decir, menos información equilibrada y veraz. Nada de servicio público. Quieren que la televisión pública esté total y completamente a su disposición. Desconfían incluso de Echenique y Somoano, dos de sus más sumisos siervos. Quieren convertir TVE en Telemadrid, la meca de la desinformación y la propaganda. “Todos los gobiernos utilizan las televisiones públicas, nosotros también debemos hacerlo si queremos recuperar el voto perdido”, asegura un miembro de la cúpula del PP, según informa El País.

Así que se trata de recuperar el voto perdido. Para hacerlo, bien podrían plantearse cambiar de estrategia política y gobernar desde la honradez y la cordura, o bien cumplir sus promesas electorales, o incluso devolver el dinero robado con los famosos sobres de Bárcenas o con las obras de la sede de su partido pagadas en B. Pero prefieren otros sistemas. Prefieren quedarse con lo robado, mantener sus privilegios actuales, consolidar los futuros, gobernar para los más ricos… y ganar las elecciones recuperando el voto perdido con una RTVE a su servicio. ¿Puro Goebbels? No, pura democracia moderna.

P.D.

“Los asuntos de familia se tratan en familia”. Alberto Ruiz Gallardón sobre la fuga de su hijo tras protagonizar un incidente de tráfico.

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Renovación y libros de texto

En el Telediario (TVE) del día de la coronación de Felipe VI, un monográfico monárquico, entrevistan a los niños de un colegio. ¿De qué colegio? Lo ignoro, pero debe ser muy bueno porque todos los pequeños hablan maravillas del nuevo rey mientras toquetean sus flamantes tabletas, todas iguales, protegidas por fundas todo terreno. ¿Un colegio donde cada alumno tiene su tableta? Sí, así de moderna es esta España nuestra. Y es que ya se notan los efectos de esa monarquía “íntegra, honesta y transparente” que vende el diario El País en su portada.

Al día siguiente voy a recoger las notas de mi hija en su colegio de Talavera de la Reina. Buenas notas. El profesor dice que ya podemos encargar los dos cuadernillos de ejercicios del próximo curso. De los libros no debemos preocuparnos: seguirán siendo los del llamado “Programa de Gratuidad de Libros” de Castilla-La Mancha. Se mantienen en los centros públicos y concertados, son prestados cada curso a los alumnos, y en teoría se renuevan cada cuatro años. Lamentablemente llevan ya siete años sin ser renovados, y el profesor nos confirma que para el próximo curso tampoco lo serán. Es decir, que el año que viene los libros de mi hija habrán pasado por ocho mochilas, por dieciseis manos, por infinidad de horas de estudio y malos tratos. Imagine su estado. Faltan sobrecubiertas y páginas, las esquinas están dobladas y roñosas, los textos subrayados, los personajes históricos lucen mocos, bigotes y manchas de plátano…

Tabletas resplandecientes contra libros de texto con ocho cursos en sus lomos. Esta es la España “unida y diversa, basada en la igualdad, en que cabemos todos” de que habla el nuevo rey. La España de esa “Leonor: niña y princesa” que, como cuenta el cada vez más esperpéntico diario monárquico El País, “está siendo educada como una niña normal, sin tutores ni un plan especial”. Parece que la estoy viendo ahora mismo, ojeando con sus deditos reales las mugrientas páginas de su libro de mates de octava generación.

No se pierdan el promo-reportaje de El País, por favor. A la niña-princesa le encanta parar, mirar y pensar antes de tomar una decisión. Igual que él. Felipe no habla mal de nadie. Leonor tampoco”. “Leonor está siendo educada por sus padres en la adquisición de ese sexto sentido regio que consiste en calar a los interesados o a los que pretendan aventar la vida de su hogar”. “Leonor es una “mediadora por naturaleza”, dispuesta a poner paz y concordia en las grescas escolares”.

España. Un país tan moderno, avanzado y creíble como su Corona. Esa “Monarquía renovada para un tiempo nuevo” que prometió Felipe VI en su discurso tras ser proclamado rey de España. Y para que el populacho vea que no van de boquilla, que no son palabras huecas, los nuevos reyes se van de primer viaje oficial a… ¡El Vaticano! Renovación, tiempos nuevos… y libros viejos.

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P.D.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Celda número 8.

Autores: Roslund & Hellström.

Editorial: RBA.

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Anders Roslund (1961), periodista, y Börge Hellström (1957), ex presidiario, trabajan en equipo. Escriben novelas policiacas. El primero aporta su años como reportero de investigación, el segundo experiencia en la rehabilitación de jóvenes convictos y drogadictos. Les unen un puñado de escritores de referencia y Ewert Grens, un comisario jefe de la policía de Estocolmo. Rolund y Hellström crearon a Grens, grandullón y atormentado, que cojea y es adicto a las canciones pop, que duerme en un sofá de su despacho y solo sonríe cuando baila. “Celda número 8” es el nuevo caso del comisario Grens.

Todo comienza en un crucero, cuando el cantante del grupo que ameniza la navegación patea la cabeza de un cliente borracho que molesta a las mujeres. Cuando el barco llega a puerto, la policía detiene al agresor. Y cuando le identifica comprueba que tiene documentación falsa, que es norteamericano y… que está muerto. Muerto de un ataque al corazón cuando esperaba ser ejecutado en una prisión de Estados Unidos. La historia, que va y viene en el tiempo, nos cuenta con detalle este fabuloso enredo. El asesino de una mujer escapa del corredor de la muerte, algo absolutamente inaudito, y es detenido seis años después en Suecia. ¿Volverá a Estados Unidos para ser ejecutado? Le esperan con los brazos abiertos y las inyecciones letales preparadas. Una novela negra inteligente, moderna y muy bien escrita.

El nuevo rey

Ver al nuevo rey de España, el hijo del campechano y hermano de la imputada, el preparado, recorrer las calles de Madrid en el Rolls de Franco, vestido de militar, entre gritos de “Viva España”, rodeado de cuerpos de caballería, gastadores y soldados de infantería, le devuelve a uno la ilusión de ser español. Esa ilusión que solo unas horas antes nos habían quitado Iniesta, Del Bosque y compañía. Esa ilusión que nos quieren robar los catalanes independentistas, los vascos abertxales y los bolivarianos de Podemos. Esa ilusión que nos tratan de hurtar los agoreros que se empeñan en recordarnos que vivimos en un país con seis millones de parados, un Gobierno corrupto, hambre en las escuelas y un 22% de los españoles sumergidos en la pobreza.

Ver a los reyes de España, los nuevos y los viejos, con las campanas de la Almudena repicando de fondo, en el balcón principal de la Plaza de Oriente, es justo lo que España necesita. La imagen, saludando al pueblo llano moviendo sus bracitos, como los gatitos chinos, transmitía esa estabilidad que nos quieren rapiñar los antisitemas, los parados de larga duración, los jubilados que no llegan a fin de mes y los enfermos que deben esperar un año para ser operados.

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¡Cómo ondeaban al viento las banderitas que había repartido Ana Botella entre los madrileños! La unidad reinaba en las calles de Madrid. Ni una protesta, ni un símbolo republicano: la policía tenía orden de retirarlos, como recomiendan las reglas democráticas más elementales. Todo eran aplausos y besamanos. Y vivas a los nuevos reyes. ¡Cómo saludaban a sus súbditos! ¡Y cómo les aclamaba a ellos el populacho! Emoción a raudales. La fiesta de la democracia, sin duda.

El pueblo de Madrid agradeció en las calles al nuevo rey, Felipe VI, que ofreciera a los españoles un primer discurso en el que resumió a la perfección el carácter de la institución: un coñazo total. Repleto de frases hechas y obviedades. Que si las nuevas tecnologías, que si el siglo de la ecología, que si la unidad de España, que si la modernidad, que si la renovación de la monarquía, que si la ejemplaridad, que si pitos y flautas. El discurso escrito por un secretario que Felipe VI leyó con la misma emoción con que el camarero le canta a usted el menú del día. El discurso de un rey, personaje medieval, que rechina en pleno siglo XXI. “Un discurso demasiado detallista”, dijo un comentarista de TVE que mataría por hacerle la bisagra a Letizia.

Un discurso sin alma para un líder sin chicha, para una institución antediluviana, para un país que apesta a rancio, a corrupto, a franquismo no superado, a socialista monárquico, a diferencias cada vez mayores entre el poder político y económico y los ciudadanos. Un discurso mediocre para un país gris, dócil y sumiso que no se si me da más pena o más asco.

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 P.D.

La policía detiene a una mujer por llevar la bandera tricolor.

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